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Lapidarios de vida eterna

por Raul Ybarra

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Códice Florentino.

Utilización de una laja de pidra muy lisa para el aplanado de la cera.

Códice Florentino.

 

 

En la descripción del Códice Florentino, en el capítulo "De la manera de labrar de los plateros", realizada por Fray Bernardino de Sahagún en 1555, aprox. se menciona como los orfebres requerían de una placa o laja de piedra en donde se debía de adelgazar la cera la cual se había previamente mezclado con copal blanco.

 

En la traducción realizada de esta parte del Códice, por el sacerdote Ángel María Garibay Quintana se lee: "Y cuando ya está lista (la cera) luego en una laja se adelgaza, se hace lámina con un rodillo de madera. Esa piedra laja es muy lisa, sumamente lisa, en la cual se adelgaza y lamina"; y en una segunda referencia: "Cuando se ha enfriado y está clarificada (la cera de abeja con copal blanco), luego se adelgaza en una laja con un rodillo de palo, que se hace rodar sobre ella".

Yo sabía que si deseaba modelar los diseños de cera siguiendo lo más cercano a las descripciones del Códice Florentino, debía de trabajar sobre una laja de piedra tal y como se menciona en dicho documento. Este pendiente se encontraba alojado en mi mente por algún tiempo y solo estaba esperando a que se presentara la oportunidad para que yo le dedicara el tiempo para poder obtenerla.

Fue así como por azares del destino, conocí al Sr. Díaz, en la ciudad de Oaxaca, el cual me había mencionado que tenía un amigo que trabajaba la piedra en Mitla, ciudad prehispánica a una hora de distancia. Así pues, el día de hoy tome un autobús de segunda clase para dirigirme a la población antes referida. Como ya iba tarde, tenía el temor de que tal vez no encontraría al Sr. José en su casa y tener que regresar nuevamente.

Preguntando aquí y allá, di con la casa indicada y después de estar llamando a la puerta nadie contestaba. Por las indicaciones que el Sr. Díaz me había dado, el Sr. José tenía gran experiencia en el trabajo a gran escala de lapidaria, y que sin ninguna dificultad me podría orientar como elaborar una piedra laja que me permitiera modelar mis diseños de cera sobre ella.

Después de estar esperando un tiempo, la vecina de la casa en la cual estaba yo llamando, me ofreció su ayuda y así fue como me proporcionó el teléfono del Sr. José. Después de llamarle por teléfono, me indica que en breve llegaría a su casa y así poder ver que es lo que yo estaba buscando.

Para hacer la historia corta, resultó que ni el Sr. Díaz, ni el Sr. José tenían idea de lo que era el trabajo de lapidaria y solo se especializaban en trabajos indirectos de contratos sobre este ramo.

 

 

Lapidarios de vida eterna



Realmente fue un tanto desilusionante, ya que había invertido todo el día en ir a buscar y esperar a que llegara esta persona que no sabía del tema y solo se concretaba a dar información vaga y sin utilidad. Solo mencionó que probablemente yo podría asistir a los talleres que están fuera del panteón en donde se trabaja la piedra que se emplea para la fabricación de los sepulcros, ya que esas personas poseen el conocimiento y experiencia en el trabajo y pulido de las lajas de piedras.

A pesar que no era muy tarde, el sol se había metido en el horizonte hacía bastante tiempo y el frío andaba suelto por las calles polvorientas de Mitla. Me dirigí a la carretera para esperar el autobús que me llevaría de regreso a Oaxaca, sin embargo, este no aparecía y comenzaba a sentir el temor de que tal vez tendría que pasar la noche en algún pequeño hotel de aquella población.

De repente, se estaciona a mis espaldas un taxi colectivo que salía en ese momento a la ciudad de Oaxaca, por lo que no perdí oportunidad y decidí abordarlo. El viaje de regreso fue realmente rápido y tranquilo, aunque me sentía un tanto frustrado por no haber encontrado lo que me había propuesto desde hace tiempo.

 

 

Lapidarios de vida eterna

 

 

Llegamos a la ciudad y nos introducimos entre sus innumerables callejuelas y avenidas. De repente, al girar mi cabeza a la izquierda, veo unos talleres en donde trabajan la piedra, uno, luego otro y así, varios locales mostrando en sus entradas santitos y cruces blancas, y fue así como de forma "accidental" el colectivo había tomado rumbo al panteón general de la ciudad de Oaxaca.

Inmediatamente pedí la parada al chofer y a pesar de ser noche, decidí de una vez visitar estos locales para ver si podrían ayudarme a fabricar una piedra que se pudiera usar para el modelado de la cera.

Al entrar a uno de los locales, me atendió Pedro Peña Velazco, quien amablemente me escucho lo que estaba buscando y me condujo hacia el interior de su taller. En este lugar se veía polvo por todos lados, producto del corte y pulido de centenares de piedras que serían usadas para la elaboración de la última morada de nuestro cuerpo en el panteón.

 

Pedro había aprendido el oficio de lapidaria de su padre, y este de su abuelo, el cual había trabajado en la construcción del Teatro Macedonio Alcalá por el año de 1904, y a su vez, su abuelo aprendió el oficio de un tio ya mayor, y así esta tradición se extendía por generaciones por lo menos mas allá de la mitad del siglo XIX.

 

 

Construcción del Teatro Macedonio Alcalá, 1904, Oaxaca.

Construcción del Teatro Macedonio Alcalá, 1904, Oaxaca.

 

Teatro Macedonio Alcalá, 2009, Oaxaca.

Teatro Macedonio Alcalá, 2009, Oaxaca.

 

 

Pedro me mostró diversas piedras y después de estarlas analizando, le indiqué que deseaba una de color rojizo, la cual él llamaba "Sangre de Pichón". Después de ver con detalle la piedra, le pedí a Pedro si me podría enseñar a cortar la piedra con cincel y martillo, y el sorprendido me indicó que si yo estaba animado a hacerlo, el con gusto me lo indicaría.

Fue así como me prestó una solera de acero que usé para golpear un cincel delgado y comenzar a rebajar la piedra. No cabe duda, que el trabajo y conocimiento que se requiere para este oficio con las piedras es totalmente diferente al que se necesita para el modelado de la cera y fundición de los metales.

 

 



No puedo decir que aprendí el arte de la lapidaria, pero si a saber apreciar el trabajo y habilidad que se requiere trabajar con las piedras, ya que si uno no conoce la naturaleza de cada una de ellas, y también no se sabe dar el golpe correcto a la pieza, se puede arruinar completamente el bloque de piedra en un solo movimiento, sin tener la oportunidad de reparar tal omisión o error de trabajo.

 

 



Es por ello que para el trabajo con las piedras se necesita de una habilidad totalmente diferente al de la metalurgia y pienso que en la época prehispánica, los orfebres indígenas han de haber comprado o intercambiado alguno de sus productos por la de una laja totalmente lisa, como lo menciona el Códice Florentino para poder realizar sus diseños de cera para posteriormente ser transformados en metal.

 

No pienso que el mismo orfebre haya sido quien hubiera fabricado su propia mesa de piedra, ya que esta solo era un instrumento de trabajo más de las que el requería usar, y no tendría mucho sentido haber gastado demasiado tiempo en el aprendizaje con el trabajo de martillos de piedra y cinceles de bronce, para la elaboración de una superficie lisa, la cual le podría durar prácticamente el resto de su vida. Simplemente sería más fácil mandar a hacer una laja de piedra con las especificaciones necesarias para el modelado de la cera y pagar por ella, que invertir una gran cantidad de tiempo y energía para hacerse una propia la cuál solo requeriría tal vez una o dos por el resto de su vida como orfebre.

 

 

 

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