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Sopladores Prehispànicos

por Raul Ybarra

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Sopladores Prehispánicos, Cañutos y Toberas

 

 

Sopladores Prehispànicos

 

 

En estos momentos me encuentro rumbo a Tenancingo para la presentación de unos de mis trabajos en el congreso de Arqueología Experimental que organizó la Universidad del Estado de México. Mi garganta se encuentra casi cerrada, debido a una afección respiratoria que contraje hace 5 días, después de impartir un curso de diseño. 

En el trayecto a mi presentación en el congreso, y padeciendo una irritación severa de garganta y todas las incomodidades que conlleva por no poder respirar con normalidad, se me vino a la mente un punto muy interesante, y es que en el Códice Florentino, si bien se describe con detalle la forma en cómo se modela la cera para la elaboración del diseño y su transformación en oro o en plata, no existe mención alguna de como se incrementaba la temperatura del brasero para lograr el calentamiento del molde de barro y/o del crisol para la fundición del metal. Solo existe en el Códice una sola imagen de un soplador que se encuentra flexionado, soplando aire de sus pulmones a través de un cañuto, para lograr así avivar el brasero.

En mi experiencia que he obtenido para lograr la fundición de metal usando cañutos al estilo prehispánico, he observado que la forma de soplar el aire es fundamental para obtener un buen resultado en la fundición, con esto no me refiero a los aspectos técnicos del tamaño y longitud del cañuto, el diámetro de la tobera de barro, el número de sopladores, el ritmo de ventilación, la distancia entre el extremo de la tobera y la superficie de las brazas, cantidad de carbón en la parte inferior y superior del crisol o al área de calentamiento obtenido. 

 

 

Sopladores Prehispánicos, Cañutos y Toberas



Es de suponer, que en los talleres indígenas antiguos de joyería existieron equipos o grupos de personas profesionales que se dedicaban al arte de soplar el aire de sus pulmones a los braceros y así lograr la fundición del metal. Estos individuos debieron de haber tenido una gran capacidad pulmonar y una resistencia física admirable que les permitía poder ventilar los carbones por horas de manera rítmica y coordinada. Si se toma en consideración que para fundir aproximadamente 15 g de cobre a una temperatura de 1,083`C, se requiere de la ventilación de 3 a 4 sopladores que exhalen aire de forma constante y rítmica una vez que todos los carbones se encuentran al rojo vivo, durante un período de 10 a 12 minutos.

 

El oficio de soplador se puede comparar con el de un atleta de alto rendimiento, por ejemplo un maratonista, ya que ambos deben de poseer entrenamiento, alimentación y físico particular para poder desarrollar esta activiad. No es un oficio en donde cualquiera puede tomar un cañuto y comenzar a soplar aire durante horas. Es mucho mas complejo que eso.

Dejar de darle importancia a este punto crucial de la fundición del metal, es poner en riesgo en gran medida, el éxito en la obtención final de la pieza, cuya transformación de cera en metal llevó mucho tiempo y trabajo poder lograr a la perfección de cada una de las etapas que la integran, como son: la preparación de la cera, el diseño de la joya, la colocación de los canales de fundición, la elaboración del molde de barro, el horneado y la fundición del metal. 

De esta manera, como un director coordina a cada uno de los integrantes de una orquesta para crear una melodía, en los talleres prehispánicos, tuvo que existir el papel del maestro fundidor que coordinaba a su equipo de sopladores para lograr la temperatura idónea para la fundición del metal y el calentamiento del molde de barro para lograr así la obtención de una joya completa en oro o plata.

Así pues, viendo mi incapacidad en estos momentos de poder realizar mis experimentos en fundición, pienso que en la época prehispánica, en los talleres indígenas debieron de haber contado con un equipo o grupo de personas que debieron de haber sustituido a todo aquel soplador que de manera inesperada se volviera incapaz de desempeñar su trabajo por alguna afección pulmonar, conociendo así, el número de integrantes de sopladores que se requerirían para un proyecto en particular, dependiendo de la cantidad de metal que se necesitara fundir. Así mismo, se debe tomar en consideración además, que los sopladores estuvieron expuestos a un sinnúmero de enfermedades respiratorias, debido a su aproximación a las altas temperaturas de los carbones y a la inhalación de cenizas, humos y vapores tóxicos provenientes de los fundentes y metales, como por ejemplo los restos de arsénico (ej., cobre arsenical).

Así pues, a pesar que en el Códice Florentino no dedica palabra alguna en descripción del trabajo de los sopladores, deseo dar un reconocimiento al gran trabajo, merito y labor de estas personas en la obtención de los magníficos diseños de joyería, utensilios de trabajo (ej., hachas, anzuelos) y domésticos (ej. agujas) que se elaboraron en la época precolombina.

 

 

IMPORTANTE: El contenido y fotografías de esta Bitácora están registradas y protegidos por los derechos de autor © Raúl Ybarra, por lo que no deben ser copiados o reproducidos sin autorización por escrito de Raúl Ybarra.
Tenancingo, ene10
 

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