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RIO AMAZONAS. Vida y Naturaleza - 1/8

por Raul Ybarra

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Comunidades a lo largo del rio Amazonas

Comunidades a lo largo del rio Amazonas

 

 

 

El presente artículo es la reseña de mis vivencias por el rio Amazonas, viaje que realice para adentrarme en el corazón de este gran mundo natural y conocer un poco más de cerca la vida de un chamán  (leer aquí).

 

Para dirigirse al corazón del Amazonas desde Venezuela, se tiene que viajar por un terreno espectacular llamado Sabana Grande y de ahí continuar hasta Manaos en Brasil.

 

En este puerto, existen embarcaciones que hacen el trayecto en 7 u 8 días por el rio Amazonas hasta Tabatinga, triple frontera entre Brasil, Colombia y Perú.

 

 

Barco que cruza el Amazonas

Nota: La galeria fotografica inicia al final de la página.

 

 

Originalmente, pensaba que este recorrido sería solo un viaje más que me conduciría a mi destino en donde realizaría mis estudios. Sin embargo, no fue así, las vivencias que tuve a bordo de la embarcación se han convertido en una de las experiencias más memorables que haya tenido a lo largo de mi expedición por Latinoamérica.

 

El barco que abordé para este viaje trasporta todo tipo de mercancía, la cual va vendiendo en los poblados que se encuentran a lo largo del rio. Su objetivo es el comercio y los pasajeros son un producto más que esperaran el turno de su desembarco.

 

 

Vista cental de la zona de las hamacas

Nota: La galeria fotografica inicia al final de la página.

 

 

El número de personas que viaja en el buque es de 120 aproximadamente, las cuales se disponen en la cubierta intermedia (de 12 mt de ancho, por 19 mt de largo) con sus hamacas espaciadas entre 50 a 80 cm, lo cual da un hacinamiento extremo.

 

El estío de vida abordo es completamente diferente a lo que uno está acostumbrado. Pues dormir como una actividad de descanso no se realiza de manera ininterrumpida como generalmente se acostumbra, sino que es algo que se hace en etapas, pues uno se pude despertar a la mitad de la noche cuando el barco está descargando mercancía y no volver conciliar el sueño sino 2 o 3 horas después, o hasta la mitad de la mañana siguiente. Este es un espacio de donde no se puede salir o abandonar, se debe permanecer hasta llegar a su destino.

 

La gran experiencia de este viaje consiste en admirar la vida natural que pasa ante nuestros ojos. Observar las comunidades de pescadores y fauna silvestre, así como los espectáculos naturales que se presentan en forma de tormentas, lluvia, atardeceres, noches estrelladas y amaneceres brillantes. Esta es una escenografía que la naturaleza despliega para uno poderla apreciar, disfrutar y agradecer. Así mismo, e igualmente enriquecedor es la convivencia que se da con las personas que viajan con uno.

 

La mayoría de la gente habla el portugués y/o algún dialecto local, los cuales son difíciles de comprender. Sin embargo, todos en general poseen una sonrisa en su rostro que les permite comunicarse.

 

 

Pasajeros que se incorporan al barco a lo largo del trayecto

Nota: La galeria fotografica inicia al final de la página.

 

 

La vida durante el trayecto es prácticamente igual y comienza con el ruido ensordecedor del timbre que a las 6.30 de la mañana avisa que el desayuno se encuentra listo. De esta manera, casi todos los pasajeros comienzan a despertarse paulatinamente y se dirigen al comedor en donde les espera café caliente con leche endulzada y pan. Los que aún no han tomado su ración, pronto serán advertidos con otro timbre para que se apuren so pena de perder el alimento.

 

Generalmente las familias de tres o más integrantes, no acuden al comedor, lo que hacen es que uno de ellos lleva un recipiente grande en donde se sirve la cantidad de alimento para todos y luego lo consumen en sus hamacas o en sentados en el piso bajo de ellas.

 

Posteriormente, la mañana transcurre y las personas aprovechan para admirar el paisaje o socializar. Debido a que la comunidad del Amazonas no es muy grande, muchos de ellos ya se conocen o han coincidido en travesías anteriores, por lo que usan el momento para intercambiar noticias.

 

A las 11.30 am, suena nuevamente el timbre avisando que la comida esta lista, la cual consiste en pollo guisado con verduras cocidas y guarnición de arroz, frijoles y pasta. Lo anterior se acompaña con agua dulce de sabor. Este menú prácticamente va a ser el mismo a lo largo de todo el recorrido, tanto en la comida como en la cena (la cual se sirve a las 6.00 pm), lo único que va a variar es que una vez se da con pollo y la siguiente con carne.

 

Los pasajeros frecuentes saben que acudir temprano al comedor les permite escoger las mejores piezas de carne/pollo, de lo contrario, les tocara comida ya seleccionada, por lo que muy pronto se comienza a formar la fila, mucho antes de que suene la sirena.

 

La rutina entre cada alimento y la hora de "dormir" es similar. Los niños juegan con sus juguetes en el nivel medio, las mujeres permanecen cerca de sus pequeños, y los hombres generalmente suben a la cubierta superior donde platican, juegan baraja o admiran el paisaje.

 

En una ocasión, personas que había conocido en el trayecto, me invitaron a juagar cartas brasileñas, debo decir que por más que me explicaron las reglas del juego en portugués, nunca las comprendí y basta mencionar que tampoco nunca gane una partida.

 

 

Venta de mercancía en las comunidades

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Mucha gente aprovecha estos momentos para compensar sus horas de sueño. Esto se hace principalmente antes de la puesta del sol, pues el calor es intenso y no se tiene energía para otra cosa.

 

A lo largo del Amazonas, el barco realiza un sin número de paradas en donde vende sus productos a comunidades, pues es una tienda flotante que posee: cereales, carne, pollo, papel, productos de limpieza, refrescos, agua, cerveza, etc. Así mismo, provee esta mercancía a poblados mucho más pequeños a través de frágiles lanchas que se acercan para adquirirlas.

 

El tiempo de permanencia en un puerto puede variar de 1 a 10 horas y llevarse a cabo en cualquier hora del día o de la noche, todo dependerá del volumen de ventas que se realice. Durante estas esperas, parte de los pasajeros se dedica a matar el tiempo observando el movimiento.

 

Muchas veces la llegada del barco a los poblados es un evento, pues los comerciantes se surten de productos, la gente del pueblo se entretiene y los pescadores de la rivera se acercan para vender o comprar. Cuando el tiempo de estancia lo permite, es posible bajarse del barco y caminar por el lugar.

 

Uno pensaría que sería difícil adaptarse a este tipo de viaje, máximo cuando proviene de una ciudad en donde el espacio vital es mayor a lo que aquí se encuentra. Sin embargo, con el tiempo uno se acopla, sobre todo si tu mente está dispuesta a apreciar la oportunidad que se te brinda al estar conociendo un mundo tan lejano como lo es el Amazonas.

 

En el barco no existen paredes que impidan a tu vista mirar hacia el exterior, es por ello que desde la comodidad de tu asiento/cama, puedes presenciar de manera directa la naturaleza con su infinita gama de colores y texturas, las cuales llenan los sentidos hasta dejarte extasiado.

 

 

Comunidades a lo largo del rio Amazonas

Nota: La galeria fotografica inicia al final de la página.

 

 

Entre mis vecinos se encuentra una familia, compuesta por una señora joven con su bebe de 1 año, Rían, y sus tres sobrinos, por lo que siempre está ocupada atendiéndolos. A la hora de la comida, se espera a ser la última para llevar a la cocina un recipiente grande en donde le sirvan la ración para todos ellos, luego se dirige a su lugar y todos se sientan en el piso a comer cada uno con su cuchara. En la tarde, los niños juegan con otros pequeños que han conocido en la travesía.

 

En el puerto de Manaos, uno de los niños recibió de su familia un organillo de juguete, y a veces aprovecha para tocarlo con sus deditos y así amenizar el momento.

 

La gente es amable y siempre tienen una sonrisa en su rostro. En los primeros días del viaje, al estar comiendo naranja, dos niños se me acercaron por curiosidad. Compartí esta fruta con ellos y al ver su reacción, me di cuenta que esa sería una buena forma de poder interactuar con la gente, a pesar de que no hablo su idioma. Fue así como compré una red de naranjas para obsequiar.

 

En el viaje hice buena amistad con dos peruanos, Jaime quien vive en Tabatinga con su esposa brasileña, y Juan Carlos que va a de regreso a su pueblo en Mancora, Perú. Ambos me recomendaron ampliamente diversos lugares de su país para conocer.

 

 

Navegando en canoa por el rio Amazonas

 

 

En la tarde después de la cena, la gente se dirige a sus hamacas y conversa con sus vecinos, platicas que son silenciadas por el ruido rutinario siempre presente de la gran maquina que impulsa al navío.

 

Se puede decir que el barco cumple con dos funciones sociales muy importante, por un lado surte de productos básicos a las comunidades alejadas, y por el otro, permite establecer lazos de convivencia entre personas de distintos poblados.

 

Podría concluir que lo maravilloso de este viaje es el trayecto mismo, la convivencia con gente sencilla y amable, así como la escenografía que la naturaleza presenta ante nuestros ojos. Esto es, el viaje no es parte de un trayecto para llegar a un destino. Si no es precisamente el trayecto mismo, que permite presenciar la vida y naturaleza del Amazonas.

 

 

 

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IMPORTANTE: El contenido y fotografías de esta Bitácora están registradas y protegidos por los derechos de autor © Raúl Ybarra, por lo que no deben ser copiados o reproducidos sin autorización por escrito de Raúl Ybarra.
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