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Raul
Ybarra
> Bitácora
Ybarra

Mural
de Diego Rivera sobre un taller de orfebrería prehispánico.
Palacio
Nacional, Distrito Federal, México.
Hace poco, tuve la oportunidad de estar en el sitio Arqueológico La Joya de Cerén, que se encuentra cerca de la ciudad de San Salvador, en El Salvador.
Previo a mi visita, había leído los antecedentes de este lugar, sin embargo ningún texto fue lo suficientemente descriptivo para prepararme al impacto que dicha zona arqueológica tiene.
La Joya de Cerén fue una aldea indígena en Mesoamérica que se desarrolló aproximadamente en el año 650 d.C. y quedó congelada en el tiempo debido a la explosión del volcán de
Caldera localizado a escasos 600 metros de dicha comunidad. Las cenizas mezcladas con vapor caliente obligó a la gente de la aldea a huir dejando detrás de si algunas de sus pertenencias. En tan solo unos cuantos días el poblado desapareció bajo una capa de cenizas, y así de esta manera permaneció por espacio de 1,400 años, hasta que en 1976 fue re-descubierta
(
...
leer aquí
).
Este gran hallazgo ha permitido crear una ventana histórica y poder vislumbrar vagamente como vivieron nuestros antepasados antes de la llegada de los españoles a América. Detalles arquitectónicos, de agricultura, alimentación y muchos tantos mas, que con el paso del tiempo se volvieron efímeros, han podido conservarse con asombroso detalle, llegando incluso a encontrarse la huella de un pié cerca de una de las edificaciones.
Mi visita por el museo de sitio y excavaciones, hizo que mi mente se llenara de mil y una imágenes sobre qué sucedería si tal evento geológico hubiera pasado cerca de una comunidad de orfebres prehispánicos. Es probable que en la actualidad contaríamos con mas información técnica del proceso de fundición de joyería que nuestros ancestros desarrollaron y que aún en nuestros días algunos investigadores han tenido que recurrir a la tecnología moderna para poder reproducir ligeramente algunos de los fantásticos diseños que se encuentran expuestos en los diversos museos.
Desafortunadamente, no existen muchos reportes científicos de hallazgos de talleres antiguos de orfebrería (Paris, 2008; Gonzales, 2010), pues la mayoría son de centros de fundición de metales.
La pregunta que se me viene a la mente es si un arqueólogo que no esta familiarizado con dicha tecnología podría identificar un taller de joyería indígena ?
Es probable que la primera dificultad que enfrente dicho investigador sea el reconocimiento de las herramientas y/o materiales que se emplearon, ya que para la elaboración de joyería en la técnica de la cera perdida, no se requiere de una infraestructura especializada (recipientes de barro, metates, piedras, cazuelas, braseros, cañutos, carbón, barro, arena, etc) pues estos se pueden confundir fácilmente con los de una cocina indígena. Así mismo, en el proceso de fundición, no se producen rastros muy identificables ya que pueden pasar desapercibidos o ser mal clasificados para el observador no entrenado en esta actividad.
Este método de fundición se desarrolló en Colombia, encontrándose ahí el primer registro al rededor del año 100 d.C. A partir de entonces, dicho conocimiento se difundió por la región de Calima y en las partes altas de la zona Muisca entre los siglos tercero y décimo. En Panamá, se encontraron objetos elaborados en esta técnica en contextos fechados antes del año 500 d.C. y en el Occidente de México, apareció la primera pieza fundida en la zona de Tomatlán, Jalisco, con fecha anterior al 650 d.C. (Hosler, 2002)
Actualmente no se conoce mucha información sobre este método antiguo de joyería, sin embargo existen algunos testimonios realizados por Europeos a su llegada al "Nuevo Mundo", que nos pueden dar una idea, como por ejemplo: El historiador Gonzalo Fernández de Oviedo escribió en 1520 (aprox.), como los indígenas de la península de Yucatan fundian el oro: "Estos Indios lo fundían (el oro) en una cazuela, donde quiera que lo hallaban, y para fundirlo les servían de fuelles unos cañutos de caña, con los que encendían el fuego; y así lo vimos hacer en nuestra presencia."
Cieza de León en 1553 menciona: "Cuando ellos trabajaban, hacían un pequeño horno de barro en donde le colocaban carbón, y luego ventilaban el fuego con pequeños tubos de carrizo, en lugar de usar fuelles. Además de sus utensilios de plata, hacían cadenas, estampaban ornamentos y otras cosas de oro. Aún niños, que al verlos uno podría pensar que difícilmente tendrían la edad suficiente para hablar, sabían hacer esas cosas".
Fray Bernardino de Sahagún en 1555 (aprox.) escribió en lengua Náhuatl a través de artesanos indígenas, el documento con más detalle sobre este tema, en su libro "Historia General de las Cosas de la Nueva España", conocido también como el Códice Florentino. (Sahagún, 1959)
Además de estos testimonios, existen otros como los de Jerónimo de Benzoni en 1565; Sr Walter Raleigh en 1596; Garcilaso de la Vega en 1609, ... . Lo más llamativo, es que todos coinciden en la gran simplicidad de las herramientas y materiales que usaron nuestros antepasados para elaborar sus diseños.
Para darnos una somera idea de lo que pudo haber sido un taller de orfebrería antiguo, podemos ver la pintura que en el siglo pasado, el gran muralista mexicano Diego Rivera realizo en Palacio Nacional de la ciudad de México. Esta obra nos ofrece la perspectiva de un artista para las distintas etapas de manufactura de joyería.
En este artículo, voy agrupar la información proveniente de diversos experimentos de campo que he realizado, con el objeto de visualizar los elementos distintivos que puedan ser usados en las excavaciones arqueológicas para identificar positivamente un taller de joyería.
Los elementos remanentes que quedan después de una actividad orfebre se pueden clasificar en: a) Productos metálicos; b) Productos no metálicos y c) Productos mixtos.
a) Productos metálicos:
- Fragmentos de metal (tejos, metal solidificado, canales de fundición, esferas, etc)
- Herramientas de metal o fragmentos de estas (cinceles, agujas, espátulas, etc)
- Diseños de joyería incompletos o no terminados.
b) Productos no metálicos:
- Recipientes de barro o fragmentos de estos (cazuelas, braseros, etc)
- Crisoles o fragmentos de estos.
- Toberas o fragmentos de estas.
- Moldes o fragmentos de estos.
- Fragmentos de carbón.
- Núcleos de barro para diseños.
- Arcilla vitrificada proveniente de moldes, crisoles, braceros y toberas.
c) Productos mixtos:
- Metal adherido a fragmentos de crisoles.
- Metal adherido a fragmentos de moldes.
- Metal adherido a fragmentos de carbón.
Fragmentos
Metalicos:
Se recomienda clasificar los fragmentos en las siguientes categorías, y mantener definida la localidad donde se obtuvo cada piezas, por el motivo que a continuación se describe.
Categoría 1) Fragmentos con bordes redondeados.
Estas piezas son productos de derrames de metal o filtraciones a través del molde, los cuales cayeron al interior del horno durante la fundición. Debido a la alta temperatura de los carbones se logro la re-fundición del metal dando origen a bordes suaves y redondeados.
Cuando las filtraciones involucran un cierto volumen de metal, en un principio, este tiende a formar figuras de diverso tamaño y de aspecto orgánico, sin embargo, con el tiempo, el consumo de los carbones y el movimiento de estos hacen que se dividan en fracciones más pequeñas hasta lograr la obtención de esferas casi perfectas de 0.2 a 2 mm de diámetro.
Categoría 2) Fragmentos con bordes irregulares y filosos.
Este tipo de fragmentos se producen como producto de la filtración del metal a través de fisuras que puede tener el molde durante el vaciado del metal liquido a su interior. Las paredes de estas piezas pueden ser planas o globulares, pero se caracterizan por los bordes filosos, que corresponde a un enfriamiento rápido del metal. Las fracturas en los moldes son frecuentes y estas se forman durante su proceso de secado. De esta manera, en el proceso de fundición, el metal tiende a llenar estos espacios estrechos (de ahí que muchos poseen una superficie plana), por lo que el artesano simplemente quita este exceso de metal y lo vuelve a reutilizar.
Categoría 3) Fragmentos con paredes planas. Estas piezas son características de fundiciones que resultaron en piezas incompletas y/o de estructuras (instrumentos, joyería, etc) ya terminadas que con el tiempo o uso, se rompieron o fragmentaron.
Categoría 4) Fragmentos grandes con paredes globulares o filosas.
Estos son los tejos o lingotes de metal de mayor tamaño y provienen de la fundición del material en el crisol (no del derrame o filtración de este hacia el horno).
IMPORTANTE:
Llevar un registro de la locación de los fragmentos de manera individual y por categoría, puesto que las
categorías 1, 2 y 4, van a dar información del área donde se llevaron a cabo los procesos de fundición, o el lugar que los orfebres guardaban el metal para ser reutilizado. Se debe de tomar en consideración que el metal costaba mucho esfuerzo poderlo extraer del mineral, por lo que no se iba a dar el lujo de desperdiciar los sobrantes.
Si la obtención de estos fragmentos ha sido en la superficie del terreno, se debe estudiar la orografía del lugar para determinar la pendiente y ver cuál es la dirección donde pudieron venir a través del proceso de acarreo pluvial y erosión natural. Una herramienta que
se puede utilizar es el detector de metales (con sensibilidad suficiente para detectar objetos pequeños a cierta distancia) el cual les podría ahorrar mucho trabajo y esfuerzo bajo el sol.
Por otro lado, si la mayoría de los fragmentos se han encontrado en excavaciones, entonces es muy probable que ustedes hayan dado con un taller de fundición, para lo cual, les recomiendo filtrar la tierra con tamices cuyos orificios sean menores a 0.1 mm pues van a encontrar seguramente pequeñas esferas de metal provenientes de los derrames hacia el horno durante la fundición.
Un estudio metalográfico de las piezas va a dar información valiosa y no sería de sorprenderse que muchos de ellos posean la misma composición, pues seguramente vendrán de la misma fundición.
Hacer un estudio del peso de los fragmentos y compararlos por categoría, seguramente se va a encontrar una cierta correlación entre estos. Esto tiene una explicación, debido a que cuando son filtraciones de metal a través del molde, existe un límite de metal que puede "escurrirse" de esta manera antes de que se solidifique y el mismo sirva de "tapón" evitando mayor filtración. Por otro lado, si la filtración es significativa, existe también un límite en el peso en ell metal que puede sostenerse antes de que caiga por gravedad al piso u horno.
El metal existente en el interior del horno, con el tiempo y número de fundiciones, va a tender a reducir de tamaño y volverse mas esférico. Se debe de tomar en consideración que un horno de fundición recibe mantenimiento superficial antes de cada fundición, como por ejemplo la colocación de nuevos carbones y la eliminación del exceso de ceniza, no se realiza una limpieza total, por lo que los fragmentos de metal tienden a irse acumulando y en el fondo con el tiempo. Sin embargo, todo orfebre sabe por experiencia que el metal derramado o filtrado no se ha perdido, y que está en la base del horno para ser recuperado cuando lo considere conveniente.
Los productos no metálicos (fragmentos de moldes, crisoles, recipientes,
etc):
Este
es el grupo que proporciona la mayor cantidad de residuos, debido a que estos eran realmente un desecho. En cambio, los productos en donde existe metal, tienden ser los más escasos, debido a que este era un material muy valorado en la época prehispánica, y por tanto era reutilizado en trabajos posteriores.
De los materiales anteriormente descritos, los fragmentos de moldes que poseen impresiones de diseños en su superficie son los que sin duda proporcionan de manera directa el indicio de la actividad orfebre. Por otro lado, las esferas de metal, que provienen de la filtración del metal fundido durante su vertido hacia moldes fracturados, o del derrame de este hacia el brasero, son indicios muy sutiles que generalmente no son reportados, debido a que para poder ser localizadas estas minúsculas esferas (de 0.5 a 3 mm de diámetro) se tiene que tamizar la tierra que se encuentra debajo del sitio en donde se sospecha se pudo haber llevado a cabo la fundición de joyería.

Vista parcial de un taller experimental de
fundición prehispánico.

Herramientas para el diseño y terminado de una joya.

Diseño de joyería
en molde de barro.

Diseño de joyería
incompleto (cascabel).

Tejos
de metal que quedan en el crisol después de la fundición.

Crisol con metal enfriado en su superficie.

Fragmentos de metal endurecido en la curvatura de los crisoles.

Metal englobado en fragmentos de carbón.

Fragmentos de metal de piezas de joyería incompletas.

Fragmentos de metal provenientes del interior del brasero después que se ha enfriado.

Esferas pequeñas de metal producto de filtraciones o escurridos del metal fuera del molde.

Moldes de barros horneados y no fundidos debido a que el soporte de su núcleo se fracturó.

Molde de barro
que explotó durante el proceso del bajado de la cera.

Molde de barro
no horneado debido a sus fracturas en su superficie.

Fragmentos de crisoles y de moldes de barro con impresiones de diseños en su superficie.

Tobera fracturada de cañuto para ventilar los carbones con aire.
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Cómo citar este artículo:
YBARRA, Raul. 2011.
"Identificación de un taller de orfebrería prehispánico". Bitacora Ybarra, Biblioteca de
Joyeria. http://www.raulybarra.com/instructor/bitacora
(sitio web accesado el ... escribir fecha del dia que consulto este artículo).
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