Bitácora de Raul Ybarra

 

 

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Los meses prohibidos de la orfebrería.

por Raul Ybarra

 

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La leyenda cuenta que Tepozteco, al ser hijo natural de los dioses, fue abandonado después de su nacimiento, y que una pareja de viejecitos al verlo en el piso, lo recogió y adopto. De esta manera creció al resguardo de aquellos ancianos, siendo su vida difícil, por ser discriminado por los demás pobladores de la zona. 

A pesar de crecer aislado, Tepozteco adquirió la sabiduría de sus padres adoptivos, y cuando podía se dedicaba a recoger del suelo las pequeñas navajitas de obsidiana que eran tiradas por los guerreros después de elaborar sus flechas y cuchillos, guardando estas en su bolsa de morral.

 

 

Vista del cerro del Tepozteco, en Tepoztlan, Morelos. México.

Vista del cerro del Tepozteco, en plena temporada de lluvias.

Tepoztlan, Morelos. México.

 



Se cuenta que por aquella zona, habitaba un dragón que se dedicaba a comer a la gente mayor del pueblo, y esta calamidad era el terror de la mayoría de sus habitantes. Así pues, una vez que apareció aquella bestia dispuesta a reclamar lo que le pertenecía, Tepozteco, decidió enfrentarlo para salvar a sus ancianos padres.

Los viejecitos, muy angustiados por la vida de su hijo adoptivo, le advirtieron que no fuera en búsqueda del dragón por el peligro que esto representava.

 

 

 

 

Tepozteco, tranquilizó a sus padres y les dijo que no se preocuparan, que él sabía cómo vencer a la bestia, y que si por algún motivo no lo volvían a ver, miraran al cerro, y observando las nubes sabrían lo que había sucedido. Si encuentran nubes de color negro entre los peñascos, significa que he muerto, pero si estas son blancas, sientan felicidad en su corazón ya que he vencido al dragón, y por lo tanto estoy vivo.

De esta manera, Tepozteco se fue al cerro en búsqueda de aquel animal, cuando éste de repente se le apareció y en un solo movimiento de sus fauces, se lo tragó.

 

 

 

 

Por ser tan pequeño, Tepozteco no fue destrozado entre los colmillos, y estando en la panza del dragón, sacó de su morralito las navajillas de obsidiana que había estado juntando desde niño, y así, comenzó a cortar el vientre de la bestia, logrando su muerte. 

Los moradores del pueblo, junto con aquellos viejecitos que lo cuidaron, vieron junto a los cerros nubes de color blanco, y supieron que Tepozteco estaba vivo y había vencido al dragón... esta es la historia que la Maestra de secundaria Ebodia Demesa de 75 años, me platicó sobre el origen del cerro del Tepozteco.

 

 

Manto de nuves que cubre casi todo el día la región del Tepozteco.

Manto de nuves que cubre casi todo el día la región del Tepozteco.

 

 

Estamos a mitad del mes de septiembre, en plena temporada de huracanes que nos acechan tanto por el Golfo de México, como por el Pacífico, y por la cantidad de nubes presentes en la zona, al parecer aún se siguen dando las intensas batallas entre Tepozteco y el mítico dragón. 

La humedad ambiental es muy alta, mayor de 65 %, según la estación meteorológica local, y las temperaturas promedio son de 19.9°C, a una altura de 1,750 msnm. Las precipitaciones andan por los 1,384.9 mm o 94.6% de la media anual. 

Tepoztlán es un municipio situado en el norte del estado de Morelos, colindante con el Distrito Federal, México, y su nombre proviene de la lengua Náhuatl: Pepoztecatl (divinidad nahua) y tlan (junto a), lo que deriva en el significado de: "en compañía de Tepoztécatl". Algunos investigadores sugieren que la palabra Tepoztlán significa "Lugar del hacha de cobre" o "Lugar de las piedras quebradas", como referencia al hacha que se encuentra representada en el atuendo del dios Ometoxhtli-Tepoztecatl, el cual es el dios tutelar del lugar. Según Adriano Ortega Sánchez, el símbolo del Hacha de Cobre (Tepoztli) y el Cerro (Tlan), es la connotación simbólico silábico (glifo fonético), del Códice Mendocino (la palabra Tepoztlán procede de la contracción de las palabras Tepetl Poztecqui Tlán (Tepetl, Montaña; Poztecqui, escultor, escurpir; y de Tlán, Lugar). 

Se piensa que la pirámide que se encuentra en el cero del Tepozteco, se comenzó a construir aproximadamente en el año 1150 y fue dedicada a Ometochtli-Tepuztécatl, uno de los dioses del pulque (bebida espirituosa proveniente de la planta del maguey). En 1887, el arqueólogo alemán Edward Seler, autor de las interpretación del Náhuatl al francés del capítulo de metalurgia del Códice Florentino, realizó un reconocimiento de la zona.

 

 

Ex-convento de la Natividad de los frailes dominicos, dedicado a la virgen de la Natividad y fue construido por los indígenas entre los años de 1555 a 1580.

Ex-convento de la Natividad de los frailes dominicos, dedicado a la virgen

de la Natividad y fue construido por los indígenas entre los años de 1555 a 1580.

 



Hace más de cuatro semanas que llegué a esta región de México para realizar estudios sobre fundición de cobre y bronce para la elaboración de cascabeles con la técnica prehispánica de la cera perdida. Con la fortuna de mi lado, he encontrado en el pueblo una casa donde vivir y al mismo tiempo establecer mi taller de investigación en orfebrería antigua. 

Tepoztlán, es considerado un "pueblo mágico" por su belleza natural al encontrarse en las faldas de cerros escarpados, y la gran cultura, historia y tradición arraigadas en su gente.

Con este escenario tan maravilloso a mí alrededor, me siento inspirado y reúno los materiales para mi estudio, los cuales se encuentran en cualquier lugar, pueblo, mercado o campo de la región, como son: olla de barro para bracero, cañuto de cobre, sopladores, cera de abeja, copal blanco, carbón, arena, barro, piedras de rio y recipientes de barro. … tal y como lo refiriera Gonzalo Fernández de Oviedo en su libro "Historia Natural de las Indias" (1514-1532), cuando describe como el capitán Francisco de Montejo en su viaje por Yucatán observo: "… estos Indios lo fundían (el oro) en una cazuela, donde quiera que lo hallaban, y para fundirlo les servían de fuelles unos cañutos de caña, con los que encendían el fuego …".

 

 

Murales que muestran a frailes dominicos en el interior del Ex-convento de la Natividad.

Murales que muestran a frailes dominicos

en el interior del Ex-convento de la Natividad.

 



Mi primer día de trabajo, se ve bautizado con una tormenta eléctrica, cuyos rayos iluminan la noche obscura, describiendo el perfil de los cerros que rodean este pequeño pueblo. Posteriormente, se desata un aguacero que se convierte en ríos caudalosos que bajan y confluyen por todas las callejuelas de los barrios antiguos de esta zona.

Uno de los rayos dio seguramente en el transformador de la localidad, pues la corriente eléctrica se esfumó de golpe, al escucharse un gran estruendo en el cielo. Así pues, iluminado por los carbones al rojo vivo, continúo fundiendo la cera de abeja y copal hasta formar la mezcla, que usaré en los diseños de cascabeles.

 

 

El tiempo parece haberse detenido en Tepoztlán.

El tiempo parece haberse detenido en Tepoztlán.

 

 

El aroma dulce de la miel proveniente de la cera llena el ambiente, y con los destellos de los rayos en el firmamento, vislumbro la silueta de mis herramientas. En este taller primitivo, poco a poco, el humo de los carbones encendidos se entremezclan con el olor del copal, creando un ambiente de misticismo y haciendo que mi espíritu tenga una regresión, pues probablemente estoy haciendo los pasos que se han de haber llevado a cabo hace más de 2,500 años en algún taller de América primigenia. Algo así, como un llamado a los dioses indígenas, que por medio del humo y los aromas, les estuviera invocando para iniciar el ritual de transformación y alquimia, de mutación y reencarnación de la cera en metal. 

En lo espeso de la noche, solo se ven las chispas que salen de las brazas humeantes, y el destello relampagueante en los cielos que de vez en cuando por su estruendo hacen temblar todo a su paso, incluyendo mi ser. 

Con la combinación exacta de los ingredientes, dejo reposar la mezcla para que se enfríe paulatinamente hasta el alba, cuando la modelaré entre mis manos en un diseño de joyería.

La mañana despuntó en el horizonte, sin embargo, la densa capa de nubes, impide que los rayos del sol la penetren, dejando entre tinieblas al pequeño pueblo. Me dispongo a trabajar el barro, el cual aún se encuentra húmedo, desde que lo recolecté en el campo. Modelo los diseños y preparo los moldes. Esto representa para mí una nueva experiencia, ya que nunca había trabajado bajo estas condiciones de humedad, pues durante mi estancia en Oaxaca, siempre conté con las temperaturas idóneas para preparar los ingredientes que el Códice Florentino menciona en la creación de una joya.

 

 

Análisis de los experimentos de fundición.

Análisis de la fundición experimental.

 



Pero ahora es distinto, cada día amanece nublado y la lluvia se hace presente todo el tiempo, por lo que es imposible tener barro seco. Es más, mi ropa siempre esta húmeda e impregnada con los humos de la leña. Los moldes que contienen en su interior los diseños de cera, aún presentan rasgos de humedad, a pesar de haber sido preparados hace más de una semana. Al observar esto, se me viene a la mente parte del texto sobre orfebrería del Códice Florentino, el cual fue traducido por el gran lingüista, Ángel María Garibay Quintana: 

"Y cuando lo han acabado (la mezcla de polvo de carbón y barro), de igual manera hacen laminillas, las tienden al sol, y otras laminillas hacen de semejante manera que ponen al sol. En dos días se secan, se resecan, se enjutan, se endurecen. Cuando se ha secado bien, cuando se ha endurecido, luego se graba, se moldea el carbón con una navajilla de metal. ... Cuando se ha cubierto y revestido lo que se moldea, por dos días aun se seca, y luego se le pone el tubo para el oro, también hecho de cera; ese es el tubo que se le hace al oro."

 

 

El secado de los moldes lleva dos días,

según las descripiones del Códice Florentino.



El Códice Florentino menciona que en DOS DÍAS se secaba un molde de barro y mis moldes llevan más de una semana y aún presentan marcados signos de humedad. Esto podría significar que las condiciones climáticas en las que me encuentro trabajando (temperatura y humedad), son distintas a las que prevalecieron cuando se escribió este capítulo de orfebrería del Códice Florentino. ... esto es, que el proceso descrito en este documento histórico, se llevó a cabo durante la temporada seca del año (o de no humedad), probablemente entre los meses de Diciembre a Abril.

Así pues, continuo con mis estudios sabiendo que me tengo que resignar a estar en medio de esta batalla entre el dragón y Tepozteco, la cual continuará produciendo una gran cantidad de lluvia, nublados y humedad. Tomando mí cañuto comienzo a ventilar los carbones, una y otra vez, y después de un largo periodo de aeración horneo los moldes. 

 

 

Molde experimental de barro con fragmento de cascabel de bronce.

 

 

 

Posteriormente incremento el ritmo de soplidos para fundir el metal. Esto demanda concentración, ya que después de inspirar aire por las fosas nasales, se debe exhalar por la boca y conducirlo con la ayuda del cañuto al centro de los carbones, justo debajo del crisol que contiene el metal en espera de ser fundido.

 

 

Molde experimental de barro con fragmento de cascabel de bronce.

 

 

 

Después de cincuenta agotadores minutos, veo hacia el interior del crisol y observo con desaliento que el metal esta semisólido, por lo que reanudo el proceso de ventilación ... hhhhhuuuuuuu........ fffffuuuuuuuuiiiiiiiii, ........ / hhhhhuuuuuuu ........ fffffuuuuuuuuiiiiiiiii,........ / hhhhhuuuuuuu ........ fffffuuuuuuuuiiiiiiiii, una y otra vez. .........., hasta que las gotas de sudor corren por mi frente y mezclándose con el tizne de carbón, dibujan las comisuras de mi rostro. 

 

 

Molde experimental de barro con fragmento de cascabel de bronce.

 

 

 

Media hora más tarde el metal esta líquido, aunque nunca presenta el aspecto idóneo logrado en las fundiciones de otras regiones. Tomo el molde precalentado y vierto el metal a su interior. De esta manera, veo como se forma un río fluorescente como líquido germinal, procediendo a fertilizar aquel molde en forma de útero.

 

 

Molde experimental de barro con cascabel de bronce.

 

 

 

Repito este ciclo de calentamiento, horneado y fundición por media docena de veces, y en todas obtengo la misma experiencia, el metal cuesta mucho trabajo derretirlo. Es más, mi esfuerzo no se ve recompensado de ninguna manera, ya que al abrir cada uno de los moldes, observo con desazón, que los diseños que había preparado con tanto cuidado y esmero, están casi todos incompletos, y esto es debido a que no había contemplado desde un inicio, que el grado de humedad ambiental afectaría de manera importante la temperatura que se puede lograr ventilando con el aire de los pulmones, ya que los carbones a pesar de estar siempre bajo techo, se encuentran henchidos de pequeñas gotas de rocío las cuales se filtraron durante toda la temporada de lluvias. (ver otras fundiciones click aquí)

Después de analizar mis resultados, me pongo a reflexionar como es que mis antepasados orfebres, lograron la hazaña de fundir joyería, durante la época anual de lluvias en la regiones orfebres de Mesoamérica, Colombia, Perú, Panamá, Ecuador, etc. ... o es a caso que estoy cometiendo un error de aprendiz de orfebre prehispánico, al tratar de fundir metal en la temporada prohibida para este oficio ? 

 

 

 


 

 

 

 

 

Los meses prohibidos de la orfebrería ... epílogo.

 

 

Para probar mi teoría sobre el efecto de la época de lluvias y por ende de la humedad en los procesos de fundición de joyería en la época prehispánica (como había escrito anteriormente), sabía que debía permanecer en esta zona hasta pasada la temporada, de lo contrario, cualquier trabajo experimental en una locación distinta traería una variabilidad geográfica, impidiendo por tanto una comparación adecuada.

Mes y medio después, estamos a principios de Noviembre, el sol brillante ha desplazado a las nubes de lluvia, las temperaturas fluctúan de 10 °C a 26 °C, y la humedad es de 20 %. 

 

 



Con este agradable clima, voy a visitar al Dios Tepozteco en su propio templo para ofrendarle mi próximo trabajo y pedirle de paso inspiración para lograr resultados. Comienzo así a subir el cerro por caminos escarpados hasta llegar a la cúspide, en donde se encuentra la pirámide. 

 

 



Al día siguiente repaso mis notas técnicas que había escrito en mis experimentos anteriores: porcentajes de barro, arena y carbón para los moldes; cantidad de copal blanco en la cera de abeja; temperaturas de horneado y fundición, etc. ... cada detalle es importante, ya que una pequeña modificación daría una pieza incompleta.

Con todos los preparativos listos, inicio la elaboración de los moldes y su fundición ... el resultado es la obtención de piezas en bronce. Con esto, me doy cuenta, que definitivamente, la temporada de lluvias si afectó de manera significativa el proceso prehispánico de elaboración de joyería.

 

 

 

atte.

 

 

Raul Ybarra

M.Sc. / Orfebre

Investigador en Arqueología Experimental

 

 

 

 

El nivel científico del trabajo está dado por las ideas

y no por el uso de un "lenguaje complejo".

 

 

 

 

INFORMACION:
Los dijes se modelaron en cera de abeja combinada con copal blanco. El molde de barro, se formo con barro, arena y carbón. El bronce se fundió usando cañutos, los cuales contaron con una tobera de barro en su extremo. El canal de fundición de los diseños tuvo un diámetro aproximado de 3.3 mm. No se emplearon canales de ventilación en los diseños. El crisol usado para fundir el metal se elaboro con una mezcla de barro, arena y carbón.

 

 

 

Imàgenes de algunos de los diseños experimentales obtenidos

en Bronce sobre Joyería Prehispánica.

 

 

Fundición Experimental en Bronce sobre Joyería Prehispánica.

 

 

Fundición Experimental en Bronce sobre Joyería Prehispánica.

 

 

Fundición Experimental en Bronce sobre Joyería Prehispánica.

 

 

 


 

 

 

 

 

BIBLIOTECA de JOYERIA

 

 

 

 

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