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El Cinturón de Castidad
Europa en General, 1500-1800
Existe un mito que menciona que éste cinturón se usaba para garantizar la fidelidad de las esposas de los cruzados durante las largas ausencias de sus maridos cuando estos salían a las batallas. Sin embargo no existe evidencia documentada que soporte esta idea.
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Quizás alguna vez, aunque no
comúnmente, la "fidelidad" era de este modo "asegurada"
durante periodos breves de unos cuantos días y no por mas tiempo. Una mujer ceñida de esta manera perdería en breve la vida a causa de las infecciones ocasionadas por acumulaciones tóxicas,
así como por las abrasiones y laceraciones provocadas por el contacto del hierro sobre la piel.
Además que impediría la distensión abdominal de un embarazo en desarrollo.
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En realidad, el uso principal del cinturón era constituir una barrera contra la violación durante
épocas de acuartelamiento de los soldados en las ciudades, durante estancias nocturnas en posadas,
y durante los viajes.
Era por iniciativa propia que las mujeres se colocaban los cinturones de
castidad. Por lo tanto surge la pregunta de si realmente este aparato es o
no un instrumento de tortura.
El anillo automortificante era la versión masculina en cierto modo del cinturón de castidad. Este
anillo se usaba para impedir la erección del órgano genital masculino mediante las púas dispuestas
por el lado inferior.
A diferencia del cinturón de castidad femenino, el anillo automortificante era una forma de sufrimiento que el hombre, generalmente el religioso, se imponía voluntariamente para intentar alcanzar un estado de perfeccionamiento moral
o espiritual.
La necesidad de mortificación era una de las enseñanzas más recurrentes en la religión cristiana,
como freno a la concupiscencia y como libre adhesión al sufrimiento redentor de Jesucristo: la
salvación del alma a través de la mortificación de la carne.
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La Pera Oral, Rectal y Vaginal
Venecia, 1575-1700
Estos instrumentos se usaban en formatos orales y rectales, la diferencia entre ellos era solo el
tamaño. La pera elaborada con la técnica de la cera perdida, se introducía en la boca, recto o vagina
de la víctima y ahí se desplegaba por medio de un tornillo hasta su máxima apertura. El interior
de la cavidad afectada quedaba irremediablemente dañada. Los puntos que sobresalen del extremo
de cada segmento servían para desgarrar el fondo del tejido de donde se encontraba el instrumento.
La pera oral frecuentemente se aplicaba a los predicadores heréticos, pero también a los seglares
reos de tendencias antiortodoxas. La pera vaginal se empleaba a mujeres que habían sido acusadas
de tener relaciones con Satanás o con uno de sus familiares. La pera rectal se usaba en contra de
los homosexuales.
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