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 Restauración y conservación de joyería

Restauración y conservación de joyería

Índice > Diseño - Arqueología

 

Restauración y conservación de joyería

 

 

Restauración y conservación de joyería

 

 

Autora: Sáenz Obregón, Juanita. 2000. 

"La restauración de metales en el Museo del Oro".

Boletín Museo del Oro, No. 47, jul-dic 2000, 

Banco de la República, Bogotá.

www.banrep.gov.co/museo/esp/boletin/47/saenzo.htm#tit1

 

 

La conservación busca mantener en las mejores condiciones los objetos mediante el control minucioso de las condiciones ambientales, de almacenamiento, de manipulación y exhibición, para garantizar que no se deterioren a lo largo del tiempo, de manera que las futuras generaciones puedan acceder a ellas para su estudio, análisis y contemplación. La restauración, por otra parte, interviene las piezas directamente cuando ellas han sufrido algún cambio tanto físico como químico. Para ambos efectos es de suma importancia entender cómo están constituidos los metales, los procesos que fueron utilizados en su manufactura, las aleaciones y los procesos de deterioro que ocurren en el tiempo, así como los diferentes cánones estéticos y formales que sirven de guía para reponer faltantes de material.

 

La composición, propiedades físicas y cambio de los metales

Los metales están constituidos por cristales que se conocen como granos. Las propiedades físicas de los metales son afectadas por el tamaño, disposición y forma de los granos. Los metales como -el oro, la plata y el cobre - pertenecen al sistema atómico cúbico de caras centradas (CCC). Los metales que pertenecen a este sistema tienen la característica de permitir múltiples desplazamientos de planos en el interior de cada grano, lo que los hace muy dúctiles y maleables. Al ejercer un trabajo mecánico sobre ellos, como es el caso del martillado, los planos cristalinos se desplazan con facilidad pudiendo de esta forma estirar considerablemente el metal. Sin embargo, en un momento dado los planos atómicos comienzan a chocar entre sí reduciendo la posibilidad de mayores desplazamientos: el metal se rigidiza y endurece, lo que impide seguirlo trabajando porque al ejercer mayor presión o fuerza se comporta como un cristal que se fractura fácilmente. Sin embargo, al calentar este metal hasta el rojo naciente - proceso de recocido que manejaron bien los orfebres precolombinos -, el metal adquiere granos más pequeños y ordenados, retoma su ductilidad inicial y puede seguir siendo trabajado.

El deterioro de los metales es esencialmente un fenómeno químico, más que físico. Con excepción del oro y el platino muy puros, los metales utilizados en la antigüedad no son estables y tienden a reaccionar o combinarse con otros componentes no metálicos, como el oxígeno, para formar así compuestos menos reactivos. Esto no es extraño ya que en su estado natural el cobre y la plata se obtienen de diversos minerales (malaquita, carbonatos, azurita, etc.) que se someten a "procesos de beneficio" para extraer de ellos el metal. Los procesos de corrosión son por lo tanto una reacción que ocurre entre el metal y el medio ambiente para tratar de recuperar su estado mineral original.

Las propiedades físicas de los metales son alteradas además por la adición de otros metales: las aleaciones de tumbaga son más susceptibles a una corrosión acelerada pues la diferencia de potencial entre los metales aleados (oro, plata-cobre y oro-cobre) acelera el proceso de corrosión del cobre, ya que éste frente al oro es el metal más reactivo y por eso es el primero en corroerse. Las piezas que son elaboradas en cobre puro se estabilizan y son menos susceptibles a estos procesos, debido a la menor cantidad de movimientos de electrones.

Muchas piezas de tumbaga fueron terminadas por diferentes procesos de dorados en busca de una capa de oro superficial: mediante el procedimiento conocido como dorado por oxidación se oxidaba intencionalmente, por calentamiento, el cobre de la superficie y se lo retiraba con ácidos, con el fin de dejar en el exterior de la pieza solamente el oro de la aleación. Esto produjo piezas con mucha inestabilidad química entre la capa externa de dorado y la aleación interna, que se oxidan rápidamente en el plano de contacto de estos dos metales y en el límite de los granos. Cuando los suelos son ácidos, los metales que acompañan los entierros prehispánicos están muy propensos a sufrir la acción de sustancias químicas que propician la corrosión.

Los procesos de corrosión tienen lugar en varias etapas: un objeto terminado comienza inmediatamente a deteriorase aún en una atmósfera corriente como el medio ambiente que nos rodea. En la etapa inicial de la corrosión los depósitos son leves produciendo manchas en el metal - por ejemplo, la plata se negrea con solo dejarla al aire libre-; a medida que la corrosión progresa se desplaza por los límites de los granos y convierte los cristales metálicos en minerales. Esto causa un crecimiento en el volumen, los minerales migran hacia la superficie y dejan la capa original cubierta por óxidos. Al continuar este proceso el metal del interior de la pieza desaparece dejando grandes vacíos, fisuras y óxidos en su interior que hacen que los objetos carezcan de cohesión y por lo tanto sean muy frágiles.

 

 

Los procesos de restauración y conservación en la actualidad

Actualmente, los trabajos de restauración y conservación de objetos de las distintas colecciones deben de seguir los lineamientos éticos de la restauración y conservación que el material arqueológico exige, respetando la originalidad y la información que se pueda obtener del estado actual de las piezas. Los materiales utilizados son reversibles, compatibles con el material original y presentan estabilidad tanto química como física. Veamos algunos procesos.


Limpieza

La limpieza de las piezas de metal se lleva a cabo solo en casos absolutamente necesarios, cuando la imagen se ve interrumpida por material ajeno sobrepuesto. En ocasiones, cuando las piezas presentan corrosión, esta se remueve con productos químicos apropiados y se neutraliza para evitar el ataque posterior a los metales. La limpieza mecánica es utilizada en muy pocas ocasiones, por la fragilidad del material y su propensión a rayones. No se recomiendan procesos de limpieza con electrolitos ya que se considera que son muy agresivos, pueden debilitar la frágil cohesión interna de la pieza, no proveen una limpieza selectiva y pueden remover información importante que haya quedado atrapada en los productos de corrosión, como huellas o fragmentos de textil y otros elementos de utilidad para la investigación o la obtención de fechas de Carbono 14.


Unión de fragmentos

El uso de la soldadura, que podría parecer obvio al llevar una pieza rota a un joyero, es inadmisible incluso en piezas prehispánicas de oro de buena ley. En primer lugar, al someter uno de estos objetos al calor de una llama la estructura interna cambia y los cristales se reordenan borrando la huella de las técnicas utilizadas en su fabricación. Por otra parte, las piezas presentan pequeños vacíos internos causados por la corrosión, los cuales contienen aire que al contacto con el calor se expande produciendo ampollas en la superficie. Casi siempre se produce un cambio de color no uniforme y es posible que se generen cambios de forma por la modificación de las tensiones internas. En algunos casos las piezas pueden llegar a pulverizarse.

La unión de los fragmentos, entonces, se lleva a cabo con adhesivos reversibles, internacionalmente aprobados para la conservación de objetos porque no se degradan con el tiempo ni con la luz. En general, el espesor de los objetos de la colección de orfebrería es mínimo lo que hace más difícil su adhesión y permanencia; por esta razón se coloca un refuerzo de tela de nylon en la parte posterior. En ocasiones, por el peso y tamaño de las piezas, hay que buscar un mayor soporte para que éstas resistan su manipulación y exhibición. Cada objeto plantea al restaurador un reto diferente que hay que investigar y resolver según las necesidades.

Como ejemplo de algunas soluciones, se puede mencionar el proceso llevado a cabo en diademas y narigueras fragmentadas de la zona arqueológica. Se estudiaron y clasificaron los fragmentos para poder reconstruir la forma original del objeto completo. Se reprodujeron las formas de las piezas sobre una lámina de acrílico transparente color humo y se fijaron los fragmentos existentes por medio de uñas elaboradas en oro y recubiertas de tubo plástico para no rayar la superficie. Para hacer el proceso reversible no se utilizó ningún adhesivo al acrílico, porque este material no resiste los solventes que retirarían el adhesivo. Este trabajo permitió dar a conocer en las exhibiciones formas del arte Nariño que no estaban representadas en piezas completas

Otros materiales utilizados como soportes en la restauración son el oro puro o aleaciones de oro y cobre según el color del objeto a restaurar. Se realizó una investigación, para crear una tabla de color de aleaciones de diferentes proporciones de oro, cobre y plata. Gracias a esta tabla es fácil comparar y preparar una aleación de color similar al de la superficie de la pieza rota, lo cual no es posible a partir del análisis cuantitativo de la composición del objeto original, porque al rehacer su aleación el color puede variar debido a migraciones de la plata y procesos de dorado. Con este metal laminado se elabora un sistema de soporte que va adherido a la parte posterior de la pieza. Se sujeta al frente con unas uñas del mismo metal, dándole suficiente soporte a los fragmentos unidos. Se utiliza además adhesivo acrílico como aislante entre los dos metales. Se diseñó, como ejemplo, un refuerzo metálico para las narigueras con prolongaciones laterales y para los colgantes esquematizados del área arqueológica, piezas muy frágiles por haber sido fundidas a la cera perdida y posteriormente martilladas. El sistema se ha utilizado con éxito en otras muchas piezas.


Reposición de faltantes

Recientemente, en casos donde la pieza tiene muchos faltantes que dificultan su lectura, se ha implementado la reposición de estos faltantes en metal, aproximándose al color del objeto, de tal forma que se elabora el faltante y se une a la pieza por medio de adhesivos reversibles. Esta nueva aproximación es muy interesante pues permite apreciar la pieza en su totalidad a quien la observa desprevenidamente, pero al observar detenidamente se hace evidente la reposición. Los fragmentos agregados se graban con marcas reconocibles, por detrás, para indicar que fueron agregados. En otros casos esta misma reposición se lleva a cabo con resina acrílica, coloreado con pigmentos para integrar el faltante. Este procedimiento ayuda a la vez a darle cohesión al objeto y a eliminar los bordes irregulares que se fracturan fácilmente.

 

Restauración y conservación de joyería


 

 

 

Reparación de cruz de oro de la orden de Alcántara

Caballero de Alcántara vestido de civil

con capa y cruz de la orden militar

 

 

Reparación de cruz de oro de la orden de Alcántara

 

 

Tip enviado por: José Jiménez 
Puerto Santa Maria, España

 

 

Este artículo se trata de la restauración de una cruz de oro de 3 x 3 cm y 11 g de peso del año 1657.

Esta cruz fue rescatada de un naufragio en el mar y debió de pertenecer a un miembro de alto rango de la orden de Alcántara que viajaba en el buque, pues la cruz no tiene pasante para cadena, por lo que debía estar cosida al uniforme de su propietario.

 

 

Cruz de Alcántara original - Cara posterior

Cruz de Alcántara original - Cara posterior

 

 

 

Cruz de Alcántara original - Cara posterior

Cruz de Alcántara original - Cara posterior

 

 

 

MATERIALES: 
Ácido nítrico
Bicarbonato
Agua destilada
Oro 22k
Micro soldador
Tijeras de cirugía
Pulimento
Fundente

PROCEDIMIENTO:
la cruz se encontraba dentro de una concreción de hierro que a su vez estaba fijada a los restos del navío. Los buzos recuperaron esta concreción de hierro de unos 3 kilos de peso, al romperla para desincrustarla de los restos del navío y al observar en uno de sus extremos restos de un metal brillante (oro) del tamaño de la punta de un alfiler, se trató en superficie con ácido nítrico diluido en agua en proporción de 1/10.

 

 

 

Restauración de la Cruz de Alcántara

Restauración de la Cruz de Alcántara

 

 

 

 

Restauración de la Cruz de Alcántara

Restauración de la Cruz de Alcántara

 


Después de 24 horas, el hierro y las concreciones habían desaparecido, dejando al descubierto una preciosa cruz de oro seccionada en cuatro partes es iguales. Todavía se observaban restos del esmaltado verde que tuvo originalmente en las nervaduras. después de neutralizar el ácido con bicarbonato y agua y limpiarla a conciencia con agua destilada, la cruz se colocó en una pastilla de cera para ver su forma original y definir las soldaduras a efectuar. decidí no hacer soldaduras convencionales y la restauración se efectuó usando una lámina de oro procedente de dos eslabones de una cadena del mismo naufragio, pues tenia la misma pureza que la cruz.

Utilizando una plantilla de la cruz en papel, recorté la lámina de oro exactamente. por el lado posterior fue soldada milimétricamente la lámina, con el resultado de no tener soldaduras en los puntos de rotura y sin apreciarse la restauración. para conservar el aspecto original, la parte posterior se limó y pulió hasta conseguir el mismo aspecto que ofrece el lado anterior, pero sin las nervaduras que albergaron el esmaltado en verde. 

 

 

 

Restauración de la Cruz de Alcántara

Restauración de la Cruz de Alcántara

Se observa en esta cara posterior la lámina de oro

de restauración, pulida y suavizada que conserva el

aspecto original de la cruz de Alcántara de 1657.



Utilicé soldadura por difusión con sales de cobre a menos de 900 grados, con demanda de oxígeno, utilizando en los puntos de rotura carbonato de cobre puro molido con goma de Arabia, diluida en agua destilada, aplicando posteriormente a la unión de las partes de fractura la lámina de oro en la parte posterior en toda su extensión, para disimular y ocultar los puntos, ya que quería respetar las nervaduras de la cara anterior donde se realizará el esmaltado final para que la cruz presente el estado original de la época.

 

 

Por que fuiste seleccionado para la restauración ?

Soy un enamorado de la joyería y los diseños de los siglos XVI y XVII y mi participación en proyectos de restauración de piezas de esta época es conocida, por los cuales no recibo pago alguno.

Mis méritos vienen desde muy pequeño en Córdoba , donde mis dos tíos paternos ( Antonio y Juan V ) tenían desde los años 50 un taller de joyería ( Majobi ) que posteriormente se convirtió en la más importante fábrica de joyería de la Ciudad, teniendo representantes en toda España, sobre todo copaba el mejor mercado de joyería de España que era Galicia. Mi fascinación por los talleres y los metales, hicieron que desarrollase un licenciatura en geología y mineralogía y dedicarme a supervisar el trabajo de diseño en taller y por hobby y fascinación la restauración de estas piezas.

 

 

 

 

 

La Orden de Alcántara

 

 

Fuente: www.blasoneshispanos.com

 

 

Las órdenes militares cristianas aparecieron tras la Primera Cruzada. La fundación de los templarios en 1118 fue la primera en una serie de estrictas organizaciones militares que protegían las colonias cristianas en Oriente Próximo, además de luchar contra no cristianos en España y en Europa Oriental.

La principal característica de las órdenes militares es la combinación de modos de vida militares y religiosos. Algunos, como los Caballeros de San Juan y los Caballeros de Santo Tomás también cuidaron de los enfermos y los pobres. No eran instituciones exclusivamente masculinas, monjas podían asociarse a un convento de la orden. Otra característica a destacar es que los religiosos podían estar, y de hecho a menudo estaban, subordinados y hermanos no ordenados. De hecho la mayoría de los miembros no eran religiosos.

El papel y la función de las órdenes militares a menudo ha sido oscurecido por la fijación en sus gestas en Siria, Palestina, Prusia y Livonia. De hecho tenían posesiones y miembros a todo lo largo de Europa Occidental. Fueron el hilo conductor de innovaciones culturales y técnicas, como la introducción del batanado en Inglaterra por los Caballeros de San Juan, o la infraestructura bancaria de los templarios. Joseph von Hammer comparó en 1818 las órdenes militares cristianas, en particular a los templarios, con ciertos modelos islámicos como la secta chii de los Hashshashin. En 1820 José Antonio Conde sugirió que se modelaron en base a los ribats, una institución religiosa fortificada que unía la vida religiosa con la lucha con los enemigos del Islam. A pesar de lo populares que sean estos puntos de vista, muchos los han criticado, con el argumento de que no hubo ribats en Palestina hasta después de la fundación de las primeras órdenes militares. Aun así, monjes luchando era algo nuevo en el cristianismo.

Las órdenes militares estaban sujetas directamente a la jurisdicción pontificia y se regían por una regla monástica, que solía ser la benedictina, en lo que era compatible con la finalidad de la orden, que fue la guerra contra los infieles en defensa de los Santos Lugares o de otros territorios de la cristiandad, y con la condición de sus miembros, seglares y caballeros o escuderos. Sin embargo, la Orden de San Juan del Hospital había nacido antes, en torno a 1048, cuando unos mercaderes de Amalfi fundaron en Jerusalén un hospital bajo la advocación de San Juan el Limosnero, patriarca de Alejandría. La cruzada impulsó a los hospitalarios a defender y proteger a los peregrinos, y con ello a adoptar una organización militar entre 1120 y 1160, siendo maestre Raimundo de Puy: el proceso estaba concluido en 1154, cuando la orden era ya una "Militia Christi" y recibió nuevos privilegios de Adriano IV. Pero sus funciones asistenciales siguieron teniendo gran importancia, a ellas se destinó la renta de muchas donaciones recibidas en toda Europa y, sin duda, fue el aspecto que inspiró a otras órdenes que tomaron a los sanjuanistas como modelo: la de los Antonistas en Viena, a finales del siglo XI, y las del Espíritu Santo y San Lázaro de Jerusalén, más adelante.

La Orden de Alcántara llamada primitivamente "Milicia de San Julián del Pereiro" fue fundada hacia 1160, cuando Fernando II concede a D. Suero Fernández Barrientos y al resto de los Caballeros que integraban una cofradía religiosa, la ermita de San Julián del Pereiro, cerca de Ciudad Rodrigo, hoy día territorio portugués.

A la llegada de estos Caballeros, en la ermita vivía un viejo anacoreta, llamado Amando, que había sido soldado en Tierra Santa a las órdenes del Conde D. Enrique de Borgoña. Dicho ermitaño había levantado aquella sencilla ermita en esos parajes y cuando Suero le comenta sus proyectos, le persuadió para que levantase una fortaleza junto a la misma.

La fama de los caballeros se extendió por aquellas tierras y fueron muchos los que vinieron a aumentar el número de los guerreros que constituían la guarnición de la nueva fortaleza. Por consejo del ermitaño, decidieron constituirse en Orden Militar al estilo de las del Hospital y el Temple. La nueva Orden toma como regla la del Cister.

 

Restauración y conservación de joyería


 

 

 

Estudio y conservación de materiales

metálicos en Arqueología



Autores: Claudio Luis Martignoni, Alberto Mainieri, Adrian A. Pifferetti

Fuente:

www.naya.org.ar/congreso2000/ponencias/Claudio_Martignoni.htm

 

 

Los materiales metálicos, al estar enterrados durante mucho tiempo, sufren ataques diferentes a otros materiales extraídos de excavaciones arqueológicas.

La investigación arqueometalúrgica toma sus métodos de la metalurgia industrial pero, a diferencia de ésta, va de la pieza acabada a los minerales de los que se extrajo el metal y los posibles medios de producción. El investigador arqueometalúrgico dispone del producto final y trata de determinar como se llegó a él, pero debe tener en cuenta la diversidad de las técnicas y procesos que pudieron emplearse, lo que supone una tarea ardua y nada fácil.

No sólo los materiales terminados sirven para la investigación arqueometalúrgica; los minerales, escorias, etc. nos pueden brindar información, como detallaremos a continuación:

a) minerales: 
-material primario
-fundente (facilitador de la fusión)

La identificación de los lugares de extracción de los minerales y su relación con los yacimientos arqueológicos, son aspectos que no se deben olvidar en la investigación arqueometalúrgica.

b) escorias: el estudio de estos materiales nos da las características del proceso de transformación del mineral en metal; la importancia de este estudio radica en que nos puede brindar datos de tipo mineralógico, temperaturas de trabajo, ambiente del horno, rendimiento, etc. 

c) restos de estructuras de hornos: datos muy importantes; cuando se intuya la presencia de un horno (generalmente anunciada por capas de cenizas, escorias, etc.) debe extremarse el cuidado en la excavación. 

d) productos intermedios de la fundición: generalmente producidos a partir del metal en bruto, con los cuales se elaboran luego los objetos. Principalmente pueden ser lingotes o goterones. 

e) moldes, crisoles, cerámica con adherencias metálicas: el estudio de los moldes es de sumo interés para saber de qué manera se han resuelto problemas como: alimentación del molde, escape de gases durante el moldeo, etc. El hallazgo de fragmentos cerámicos con adherencias metálicas pueden determinarse como crisoles, cucharas de colada o revestimientos de hornos.

f) piezas terminadas: resultado final de la actividad metalúrgica, compendio de la tecnología que las ha constituído, y cuyas técnicas cabe poner en relación con su funcionalidad. 


Métodos de estudio

ANALISIS QUIMICO-ESTRUCTURAL

En los últimos años y limitándonos a lo que se ha dado en denominar la aplicación de análisis químico-estructurales o analitico-estructurales o caracterización de materiales, se están utilizando técnicas cada vez mas sofisticadas y perfeccionadas en un número creciente de áreas y problemas arqueológicos, en el marco de una cada vez más intensa y fructífera transferencia de metodologías científicas de todo tipo.

Haciendo una clasificación de estos métodos de análisis de laboratorio que utilizan técnicas y principios físicos y químicos, que si bien son de difícil comprensión para los arqueólogos, se han transformado en una valida ayuda para la profundización de conocimientos y la verificación de hipótesis formuladas en base al estudio estilístico y tipológico, podemos subdividirlos en: 

1. No destructivos: son aquellos que no afectan en absoluto al material, como la inspección visual, la endoscopía, la estereomicroscopía, la microscopía de fibras ópticas, la fotografía infrarroja y ultravioleta, la reflectografía infrarroja, la fotogrametría, la digitalización de imágenes, la holografía óptica y acústica, la interferometría holográfica, la termografía, la radiografía y sus variantes gammagrafía y tomografía, los ultrasonidos, las mediciones ecométricas y de ondas microsísmicas, la emisión acústica, las tintas penetrantes, los ensayos magnéticos y magnetoscópicos, las corrientes inducidas, y la espectrometría de fluorescencia X (XRFS). 

2. Paradestructivos: afectan la pátina superficial pero no la integridad del material, como la microscopía óptica no destructiva, las réplicas metalográficas o la medición de microdurezas. 

3. Microinstrumentales: implican la destrucción de una muy pequeña porción del material, puntual y superficial, como la espectrofotometría visible ultravioleta, infrarroja, infrarroja con transformada de Fourier, Raman, de fluorescencia X a dispersión de energía (EDXRF) o a dispersión de longitud de onda (WDXRF), la difracción de rayos X, la espectroscopía fotoelectrónica de rayos X (XPS) o Auger (AES), la espectrometría Mossbauer, la microscopía electrónica de barrido (SEM), la microsonda electrónica, EDAX y EDS, la espectrometría por resonancia magnética nuclear (NMRS), etc.

El estudio interdisciplinario de los materiales arqueológicos nos permite extraer múltiples conclusiones sobre su autenticidad, los conocimientos tecnólogicos de las culturas que los fabricaron, la proveniencia de las materias primas, las rutas comerciales, las influencias culturales, los procesos corrosivos que han sufrido y por consiguiente los procesos de preservación a implementar, etc.

Lo ideal, siempre que sea posible, es complementar los estudios con algún análisis de tipo destructivo (sobre algún fragmento o extrayendo muestras de lugares poco visibles) para poder comparar la información obtenida en superficie con la del interior.

El lugar de origen de una determinada pieza y la proveniencia de la materia prima de la que se obtuvo pueden a su vez conocerse con técnicas complejas como el análisis por activación neutrónica y la espectrofotometría de absorción atómica siempre y cuando se disponga de análisis comparativos de los distintos minerales. 


INVESTIGACIÓN

La arqueometalurgia no se ciñe exclusivamente al trabajo analítico de laboratorio. La información que estos análisis aportan es solamente una parte más de lo que disponemos para nuestra investigación de las culturas en estudio. Estos datos se deben interrelacionar con otros económicos, ecológicos, sociales, para establecer nuevas hipótesis de trabajo o para contrastar las que ya poseemos.

También la arquelogía experimental nos puede permitir acercarnos en forma directa a los problemas que los antiguos trabajadores del metal tuvieron que ir resolviendo, dar explicaciones a ciertos procesos, y conocer qué limitaciones tienen determinadas tecnologías.

El estudio de los recursos disponibles, de la explotación de los mismos (minería), de la relación entre recursos y yacimientos o centros de procesamiento, nos permite profundizar aspectos sociales, económicos y políticos, tales como especialización del trabajo, valor de la materia prima y del objeto elaborado, relaciones comerciales, uso de los metales preciosos y su función como elemento de prestigio, etc.


CONSERVACIÓN

Como ya dijimos, los elementos metálicos que han permanecido enterrados sufren ataques que no presentan otros materiales.

La agresividad del terreno sobre la pieza se denomina corrosividad específica o absoluta, que depende de una serie de factores primarios como: 
1) características físico-químicas y biológicas del suelo; 
2) características del metal o aleación metálica; 
3) factores naturales. Incluso la acción antrópica puede ampliar esta agresividad por el riego sistemático (aumento de humedad), abonos, etc.


Según el material metálico, los productos de la corrosión se presentan -al análisis- de distinta forma (para un detalle más exahustivo ver Pifferetti, A. 1998:130) y a los cuales se les debe dar distintos tratamientos, que no pueden ser generalizados, ya que cada pieza es única a nivel metalográfico, composición químmica, etc.


El Grupo de Arquemetalurgia de Rosario

A mediados de 1999 y a instancias del Ing. Adrian Pifferetti, se conforma en el Departamento de Arquelogía, Escuela de Antropología, FHyA UNR, un grupo de trabajo sobre esta temática, integrado, además por los estudiantes Martignoni, Claudio y Mainieri, Alberto.

El grupo se constituye como continuidad de los trabajos realizados a partir del año 1987 en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Cuyo, cuando el ing. Pifferetti en colaboración con el Museo de Historia Natural de San Rafael, encaró un trabajo orientado inicialmente al análisis de huellas antrópicas en material lítico, que fue derivando hacia la caracterización de distintos materiales metálicos. Continuados en la Unidad Académica Venado Tuerto de la Universidad Tecnológica Nacional, dentro de las actividades desarrolladas por el grupo de trabajo CE-MAT Centro de Estudio de Materiales.

En un proyecto interdisciplinario con el Dr. Víctor Nuñez Regueiro (INTERDEA ) se destacaron los estudios realizados sobre la metalurgia del periodo formativo o temprano. 

Contar con los materiales provenientes de El Alamito, Catamarca -donde se ha excavado el único contexto metalúrgico sellado del período formativo y uno de los pocos conocidos para toda la arqueometalurgia prehispánica argentina, con piezas, mineral, hornos, herramientas, etc.-(Nuñez Regueiro 1992 1998), permitió realizar la caracterización de piezas, analizar la aleación, estudiar los procesos de fundición, los tratamientos termomecánicos de conformado, etc.

El equipo actualmente formado ha encarado trabajos de estudio, caracterización y catalogación de piezas y tecnologías metalúrgicas del período de contacto, colonial o posteriores. Hasta el momento se han realizado o se encuentran en ejecución el estudio de tachas, cascabeles, alfileres, candados, clavos, agujetas, etc. de Santa Fe La Vieja, Boca del Monje, etc. (Pifferetti 1997, 1998). 

El estudio de estos materiales hace necesario fijar previamente criterios para su datación, no sólo aplicando análisis tipológicos sino también cotejando el material con otros análogos provenientes de contextos de excavación datados arqueológicamente, con colecciones y catálogos de museos y con referencias históricas y representaciones pictóricas y escultóricas de la época.

En el campo de la limpieza y conservación de bienes arqueológicos, estamos trabajando materiales provenientes de excavaciones terrestres (Programa Puesta en Valor de Santa Fe la Vieja Carrara. M.Teresa) y subacuáticas (Proyecto de Arqueología Subacuática en la Región Nordeste, Valentini,M.); del Fuerte de las Achiras (Pcia. de Córdoba)(Proyecto Arqueología del Valle del Pantanillo, Rocchietti,A.M. –UNRC); de Campo Scodelaro (Proyecto Boca Toma, Córdoba –Bonofliglio, M); de la Posta de Arequito (Frittegotto,G.); de los trabajos de Arquelogía Urbana de Rosario (Proyecto Primera Manzana, Volpe,S.)


Bibliografia 

Además de los trabajos citados en el texto del trabajo incorporamos también la producción de los participantes del grupo presentada a distintos congreso.

NUÑEZ REGUEIRO V. A., 1992. La metalurgia en Condorhuasi-Alamito (Siglos III a V D.C.). Anales de Arqueología y Etnología, Universidad Nacional de Cuyo, 46-47: 107-164. Mendoza.

_________ 1998 Arqueología, historia y antropología de los sitios de Alamito. Ed. INTERDEA. San Miguel de Tucumán

Pifferetti A.A 

1993. Limpieza y conservación de restos arqueológicos metálicos. Revista de la Escuela de Antropología. I: 73-78. Rosario.

1996a. Técnicas metalúrgicas en Condorhuasi-Alamito (Siglos III a V D.C.) Anales de la A.Q.A. 84 (5): 511-517. Buenos Aires. 

1996b. Limpieza y Conservación de Materiales Metálicos de Santa Fe La Vieja. Actas 2ª Conf. Intern. de Arqueología Histórica Americana. Tomo II. Historical Arqueology in Latin America 15, pag. 119-124. University of South Carolina, Columbia.

1996c. Estudio Técnico de un "Hacha Ceremonial" Santamariana. Anales Jornadas SAM'96: 233-236. Jujuy.

1996d. Caracterización de Piezas Metálicas del Museo de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. Actas Jornadas de Antropología de la Cuenca del Plata. Tomo II Arqueología:112-118. Rosario.

1997a. La Metalurgia del Cobre en El Alamito (Siglos III a V D.C.). Anales Jornadas SAM'97: 531-534. Tandil.

1997b. Los Ensayos no Destructivos en el estudio y caracterización de piezas metálicas arqueológicas. Actas CORENDE: 49-53, Mendoza.

1997c. Estudio Arqueometalúrgico de Elementos de Ajuares Funerarios de Cerro Mesa, Malargüe. Informe Preliminar. Reunión de Arqueología Histórica y de Contacto en el Centro-Oeste de Argentina. Mendoza. M/S

1997d. Criterios para la Datación de Artefactos Metálicos en Santa Fe La Vieja. Reunión de Arqueología Histórica y de Contacto en el Centro-Oeste de Argentina. Mendoza. M/S

1997e. Arqueometalurgia de Condorhuasi-Alamito. XII Congreso Nac. de Arq. Argentina. Actas I: 129-141, La Plata.

1997f. Arqueometalurgia de un “Hacha Ceremonial” Santamariana del Alto Rio Diamante, Mendoza. XII Congreso Nacional de Arqueología Argentina. Actas III: 261-268, La Plata. 

1997g. Estudio de Materiales Metálicos de Santa Fe La Vieja, Recuperados en Ambitos Domésticos, Religiosos y de Otras Areas de Actividad. XII Congreso Nac. de Arq. Argentina. Actas III: 394-399, La Plata.

1998a. El Deterioro de Metales Arqueologicos y sus Engaños. Revista de la Escuela de Antropología, Fac. de Humanidades y Artes. U.N.R. Vol. IV: 127-137, Rosario.

1998b. Los Tachones de Bronce de Santa Fe La Vieja. Primeras Jornadas de Arqueología Histórica de la Provincia y Ciudad de Buenos Aires. Quilmes. M/S

1998c. Tecnología y Cronología. Primera Aproximación a la Tipología del Repujado Indígena. Segundas Jornadas de Arqueología Histórica y de Contacto del Centro Oeste de la Argentina y Seminario de Etnohistoria. U.N. Rio Cuarto. En prensa.

_________ 1999. El comienzo de la metalurgia del cobre en el N.O. Argentino. Saber y Tiempo 7. Vol.2:143-150. Buenos Aires.

1999. Caracterización Arqueometalurgica de Diademas del Alto Anchayuyo, Tupungato. 2as. Jorn. Reg. de historia y arqueología del siglo XIX, Guamini. M.S.

2000. El bronce de alto estaño en la metalurgia prehispánica de los Andes centromeridionales. XI CONAMET 2000. Anales: 507-511. La Serena, Chile. 

Pifferetti A.A., Nosei L. y Walsöe de Reca N.E. 

1998. Estudio Analitico-Estructural de Artefactos Metalicos de un Cementerio Indigena. IBEROMET V Jornadas SAM’98, Tomo II:627-630. Rosario. 

A. A. Pifferetti, L. Nosei, N.E. Walsöe de Reca y G.A. Lascalea. 

B. 1999. Análisis químico-estructural de diademas de Tupungato. Jornadas SAM’99. Rafaela. En prensa 

Trabajos presentados al CONGRESO NACIONAL DE ARQUEOLOGIA HISTORICA (Mendoza, Argentina 9 al 11 noviembre 2000 )

 

Restauración y conservación de joyería


 

 

Mantenimiento de Maderas en Armas Antiguas.

 

 

Tip enviado por: Juan Casabella 
Córdoba, Argentina

 

 

Mantenimiento de Maderas en Armas Antiguas. En las Armas Antiguas es de fundamental importancia tratar de conservar su estado original, incluso aquel que demuestra el paso del tiempo. Sencillos consejos para conservar las maderas en Armas Antiguas.


MATERIALES
1- Solvente refinado (según el caso).
2- Alcohol etílico (según el caso).
3- Agua caliente (según el caso).
4- Aceite de nuez comestible.
5- Aceite de lino refinado.

HERRAMIENTAS
1- Cepillos de cerda finas y medianas de diferentes medidas (acordes a las superficies).
2- Paños de algodón.
3- Plancha común para planchado de ropa.


PROCEDIMIENTO:
Como primer paso se debe determinar con exactitud qué tipo de mantenimiento se pretende realizar. Esto depende del tipo de terminación original de la madera en cuestión y de su estado actual. En este artículo no hablaremos de reparaciones ni de restauración sino, simplemente, de sencillos procedimientos de limpieza y protección. En lo que refiere a reparación, sólo haremos referencia a un sencillo método para eliminar o suavizar golpes o marcas en las maderas.

1- MADERAS ORIGINALMENTE LAQUEADAS O LUSTRADAS

Con este tipo de terminaciones se debe proceder en forma muy cuidadosa, ya que la limpieza efectuada con alcoholes o solventes muy probablemente arrastrará las lacas o lustres originales. En estos casos sólo se recomienda limpiar las maderas con un paño de algodón embebido en agua caliente y luego estrujado. Luego de haber utilizado el agua, se puede frotar las maderas con cierto vigor con otro paño húmedo en aceite de lino refinado. Esto servirá para remover restos de suciedad y colabora a humectar la madera. Se termina el procedimiento con una "muñequita" de algodón apenas húmeda en aceite de lino refinado en el caso de lustres brillantes o de aceite comestible de nuez para lustres mates o apagados.

2- MADERAS ORIGINALMENTE TERMINADAS AL ACEITE

Si las maderas se encuentran relativamente limpias y conservan su "aspecto" original, sólo se deben limpiar suave y rápidamente con un paño de algodón embebido en alcohol etílico.

Luego se las frota con un paño húmedo en aceite de nuez y se las deja reposar 24 horas en un lugar seco. Se puede repetir este paso para lograr mayor humectación. Al cabo, se las frota con otro paño y aceite de lino; se deja secar otras 24 horas y luego se lustra vigorosamente con paño de algodón.

Si las maderas están muy sucias y han perdido su terminación original, se lavan con cepillos de cerda utilizando solvente refinado. Con un único y rápido lavado prácticamente no se notará diferencia y esto se recomienda si uno tiene dudas de la originalidad del acabado.

Si no hay dudas de que casi nada queda del acabado original, se puede repetir el lavado varias veces hasta obtener un enjuague casi limpio (siempre con solvente refinado).

Luego se deja secar por lo menos 12 horas y, por último, se procede como en el caso anterior, pero dando por lo menos 3 manos de aceite de nuez y 2 de aceite de lino.

3- "LEVANTADO" DE GOLPES

Para "levantar" golpes en las maderas se procede de la siguiente manera: Se humedece abundantemente un paño de algodón, luego se apoya sobre la parte dañada de la madera y a continuación se le aplica por encima una plancha doméstica muy caliente. El paño soltará abundante vapor mientras se presiona fuertemente la plancha. El procedimiento se deberá repetir hasta observar que el golpe a desaparecido. 

ATENCION: Este método puede dañar algunos tipos de lustres o lacas por lo que debe ser realizado con precaución.

 

Restauración y conservación de joyería


 

 

 

Importancia de la selección de los métodos

de limpieza para metales arqueológicos.

Autores: Lic. Carolusa González Tirado

 

Fuente:  www.conservacionyrestauracion.inah.gob.mx

 

 


INTRODUCCIÓN

En México, al igual que en otras partes del mundo, la restauración de metales es una de las especialidades menos populares dentro de la Conservación de Bienes Muebles.

Además de ser una de las áreas más nuevas, son pocos los restauradores que se interesan en el estudio de los metales, tal vez por que lo consideran muy complejo o poco gratificante. Se podrá afirmar que, en el taller de metales, las "recetas" fallan con mayor frecuencia que en otros talleres y los resultados "espectaculares" al terminar los procesos de restauración son escasos.

Para el caso de los metales, la relación entre la química y la restauración es tan obvia e íntima que parecen fundirse para formar una sola disciplina. Sin embargo, para restaurar metales no basta con tener conocimientos de química. El restaurador de metales deberá ser capaz de realizar un análisis crítico de cada caso, tomando en consideración el tipo de metal constitutivo, el grado de deterioro que presenta y las causas de éste, para poder elegir los tratamientos más adecuados, con base en los lineamientos de la teoría de la restauración y la Ética profesional.

La problemática inherente a la restauración de metales se intensifica en el caso de objetos procedentes de contextos arqueológicos; la interpretación de datos es más difícil y la probabilidad de cometer errores es mayor, y sin embargo también es posible encontrar agradables sorpresas.

El objetivo del presente trabajo es, en primer lugar, destacar la importancia de la elección del tratamiento más adecuado, dentro de la amplia gama de posibilidades que la química ofrece. En segundo lugar, se pretende diferenciar entre los tratamientos que se pueden realizar en campo y aquellos que deberán efectuarse en las instalaciones del laboratorio de restauración. La presentación de ejemplos facilitará la discusión de los temas arriba señalados.

RIESGOS DERIVADOS DEL USO INADECUADO DEL ACIDO CÍTRICO

En 1995 ingresó al taller de conservación de metales de la ENCRM un lote de monedas procedentes de excavaciones arqueológicas en el centro de la Ciudad de México. El lote se componía de 61 monedas de los siglos XVIII, XIX y XX entre las cuales se encontraban 9 monedas de cobre, 22 de bronce, 25 de cuproníquel y 5 de plata.

Antes de ser enviadas a la ENCRM, las monedas habían sido tratadas en campo; la ficha correspondiente indicaba únicamente que se había realizado una limpieza con ácido cítrico. Al ser recibidas en el taller de metales, las monedas de cobre presentaban una superficie con una textura granulosa, de color rosa, correspondiente a la apariencia del cobre nuevo, sin nada de pátina. Las monedas de cuproníquel, en lugar del color plateado característico de esta aleación, presentaban manchas de color cobre metálico.

El aspecto de las monedas de cobre indicaba que el metal había sufrido un proceso de deterioro conocido como corrosión seca, la cual se produce cuando el metal se somete a la acción directa de ácidos. Es muy factible que al momento de su excavación, estas monedas se encontraran cubiertas por una masa de productos de corrosión verdes, mezclados con restos de tierra. Por lo general, debajo de esta capa irregular de malaquita se encuentra una capa de tenorita, de color café oscuro, que suele ser más compacta y homogénea. Debajo de la tenorita se encuentra el metal sano, aunque en ocasiones es posible encontrar algunos puntos verdes brillantes, correspondientes a cloruros de cobre, entre el metal y la tenorita. En ciertos casos, los detalles del relieve superficial de un objeto se encuentran completamente mineralizados y se conservan como una capa de tenorita que es relativamente estable. Mediante un adecuado proceso de limpieza es posible realizar la remoción sucesiva de cada uno de estos estratos hasta descubrir los detalles de la superficie del objeto, conservando una agradable pátina.

Dentro de los reactivos utilizados para la limpieza de cobre, el ácido cítrico está clasificado como un limpiador decapante; esto significa que una solución de ácido cítrico es capaz de eliminar todas las capas de productos de corrosión, incluyendo aquellas que se consideran pátinas. Al entrar en contacto con un objeto de cobre corroído, el ácido cítrico comenzará a disolver los productos de corrosión más superficiales. Dado que las capas de corrosión rara vez tienen un grosor uniforme, después de un tiempo de inmersión en el ácido, en algunos puntos quedará expuesto el metal sano; mientras que en otras zonas aun existirán estratos de corrosión de grosor variable. Una vez despojado de las capas de corrosión que lo cubrían, el metal sano entra en contacto con el ácido cítrico, que es capaz de disolverlo; de esta manera se provoca un ataque químico directo, con la consecuente pérdida de material original y deterioro formal de la superficie del objeto.

El resultado de la disolución del cobre metálico es la presencia de una superficie irregular y rugosa, en la que los relieves originales se encuentran fuertemente erosionados y es posible, bajo microscopio, observar los vértices de los cristales de cobre. A diferencia de los objetos de cobre nuevos, que presentan una superficie pulida y regular, el cobre atacado es más susceptible a la corrosión ya que en cada una de estas irregularidades puede acumularse humedad y suciedad que provocaron puntos de corrosión.

Desde el punto de vista de la teoría de la restauración, el ataque químico provocado por una limpieza inadecuada, introduce en las monedas una contradicción histórica al dar a estas piezas un color de cobre "nuevo" con una textura de cobre "corroído". De esta manera, las monedas no solo perdieron su preciosa pátina, que constituye un mecanismo natural de protección contra la corrosión, sino que adquirieron un estado que nunca antes tuvieron; un estado que no corresponde a la primera historicidad porque las monedas nuevas tienen una superficie pulida, con el relieve nítidamente marcado, pero tampoco corresponde a la segunda historia ya que las monedas viejas poseen una pátina de una cierta textura y un determinado color.

Utilizadas de manera prudente, las soluciones de ácido cítrico son un método rápido y eficiente para la eliminación de concreciones de productos de corrosión. Por lo general, estas soluciones se emplean de manera local, sobre las capas más gruesas de corrosión. En piezas que presentan concreciones gruesas y homogéneas de productos de corrosión, es posible realizar una limpieza por inmersión en ácido cítrico; asegurando previamente, mediante radiografías o calas de limpieza, que el objeto posee suficiente núcleo metálico sano. Siempre que se usen soluciones de ácido cítrico, es necesario controlar la concentración de la solución y el tiempo que el objeto permanece en inmersión.

El lote de monedas seguramente fue tratado por inmersión; desconocemos el tiempo de inmersión y la concentración de la solución, pero podemos asegurar que cuando menos uno de estos dos fue excesivo. A concentraciones superiores al 5% el ácido cítrico suele ser peligroso; lo mismo sucede con tiempos de inmersión que rebasan los 20 minutos. En objetos muy corroídos o que presentan capas muy delgadas de corrosión, estas condiciones son suficientes para provocar deterioro.

Las manchas cobrizas sobre la superficie de las monedas de cuproníquel son también el resultado de una mala restauración. Como su nombre lo indica, el cuproníquel es una aleación formada por la mezcla de cobre y níquel; estos dos metales tienen diferentes propiedades químicas y distinta resistencia ante medios agresivos. Como ya se explicó, en contextos arqueológicos el cobre forma capas de malaquita, de color verde; algunos productos de corrosión del níquel son también verdes. Al excavar y hallar una moneda cubierta de corrosión verde es difícil determinar si se trata de cobre puro o de alguna aleación, como el cuproníquel.

Si una pieza de cuproníquel se sumerge en una solución ácida, las capas superficiales de corrosión se comenzarán a disolver; de esta manera la solución, además del ácido, contendrá también iones hidratados de cobre y de níquel. Al ser el cobre más noble que el níquel, se establece entre estos dos metales un intercambio de electrones; el níquel metálico cede electrones, que son aceptados por los iones de cobre presentes en la solución. De esta manera, el níquel se oxida y pasa a la solución; mientras que los iones cobre se reducen y se convierten en cobre metálico que se deposita en la superficie del objeto.

La única limpieza relativamente segura para las aleaciones es la mecánica. Cualquier tipo de limpieza química o electroquímica plantea ciertos riesgos al ser aplicada sobre una aleación. Al disolverse preferentemente uno de los metales, la composición de la aleación cambia; después de la limpieza, la composición de la superficie del objeto será diferente a la composición de las capas interiores. La disolución de uno de los componentes de la aleación conlleva la pérdida de material original y, en consecuencia, la pérdida de detalles y un cambio en la textura del metal, que se torna más poroso. El cambio en la composición de la aleación puede hacer que la superficie se torne menos resistente a los agentes corrosivos; la porosidad de la superficie es también un factor de deterioro, ya que en estas irregularidades se acumularán polvo y humedad que actúan como electrolito produciendo corrosión electroquímica.

La deposición de cobre constituye también una contradicción histórica en el objeto; una moneda de cuproníquel, que deberá ser de color plateado, aparecerá del color de una moneda de cobre. Esta es una manera de falsear la información que puede proporcionar un artefacto arqueológico. En el caso de las monedas aquí mencionadas, dado que eran de elaboración relativamente reciente, se sabía de qué color deberían ser; pues monedas de la misma índole se encuentran en todos los catálogos y se conoce su composición. Sin embargo, si la alteración hubiera ocurrido en piezas más antiguas y raras podríamos llegar a pensar que se trataba quizás de una moneda cuyo diseño coincide con el catálogo, pero cuya composición es diferente, es decir, que bien podríamos estar frente a una falsificación realizada en la época en la cual esas mismas monedas eran de curso legal.

VENTAJAS DE LA LIMPIEZA CONTROLADA

En septiembre de 1995 se recibió en el taller de metales de la ENCRM un lote de 17 cascabeles prehispánicos de cobre, procedentes de las excavaciones en Templo Mayor, en la Ciudad de México. Al momento de su ingreso al taller, los cascabeles presentaban una gruesa costra verde de productos de corrosión, con algunas inclusiones de arenillas y tierra. Esta concreción de malaquita permitía únicamente definir la forma general de los cascabeles, que eran alargados, en forma de pera, con un aro en la parte superior y una abertura en la parte inferior. Al parecer, el único tratamiento que habían recibido fue la remoción de las capas superficiales de tierra y suciedad, ya que la capa de productos de corrosión permanecía intacta.

Uno de estos cascabeles fue sometido a pruebas preliminares de limpieza. La dureza de los productos de corrosión dificultaba una limpieza mecánica en seco. El primer paso a seguir fue una determinación cualitativa de la presencia de cloruros en la pieza. Para ello el cascabel se sumergió durante tres horas en agua destilada para que los cloruros se disolvieran y, posteriormente, se efectuó una reacción a la gota con nitrato de plata para identificar los cloruros presentes en el agua. La reacción con nitrato de plata resultó muy débil, lo cual hacía pensar que la pieza contenía cantidades insignificantes de cloruros.

Las pequeñas cantidades de cloruros detectadas permitían, hasta cierto punto, descartar la posibilidad de que los cascabeles de cobre presentaran "enfermedad del bronce", un tipo de corrosión particularmente insidioso. La "enfermedad del bronce" se presenta en objetos de cobre o aleaciones (latón, bronce, etc.) que proceden de ambientes en donde existen cloruros y humedad, como pueden ser contextos costeros, submarinos, ciertos tipos de suelos, etc. La mayoría de los cloruros son solubles en agua y en presencia de humedad forman soluciones capaces de conducir la electricidad, llamadas electrolitos. Al estar en contacto con la superficie metálica del cobre, las soluciones de cloruros ocasionan procesos de corrosión electroquímica, que dan por resultado la formación de atacamita (CuCl2 3Cu(OH)2) y nantokita (CuCl).

Tanto la atacaminta como la nantokita son productos de corrosión activos, es decir que continúan promoviendo procesos de corrosión. Los cloruros de cobre atraen la humedad del ambiente y reaccionan con el agua para formar óxidos de cobre (cuprita y tenorita) y ácido clorhídrico. El ácido clorhídrico disuelve el metal sano que se encuentra debajo de las capas de productos de corrosión, para formar nuevamente cloruros de cobre. Estos cloruros de cobre atraen la humedad, se disuelven, forman óxidos de cobre y ácido clorhídrico; y así el proceso de corrosión se hace cíclico, hasta la completa destrucción del metal.

Al descartar la existencia de la "enfermedad del bronce" en los cascabeles se podía suponer la existencia de núcleo metálico sano debajo de las capas de productos de corrosión. El cobre es un metal relativamente resistente a la corrosión; cuando no existen cloruros en el ambiente, las capas de óxidos actúan como aislantes que protegen al metal de los agentes agresivos del medio. Los carbonatos de cobre, malaquita y azurita, son productos de corrosión pasivos, lo que significa que son estables y no continúan promoviendo procesos de corrosión. Sin embargo, al formarse en contextos de enterramiento suelen ser capas voluminosas, irregulares y porosas, con inclusiones de tierra y arenillas que distorsionan el valor formal de los objetos e impiden apreciar los detalles de la superficie original. Por esta razón, y dado que se sospechaba la existencia de un núcleo metálico sano, se decidió efectuar un proceso de limpieza para eliminar las concreciones de carbonatos.

Uno de los cascabeles se sumergió en una solución de hexametafosfato de sodio, mucho menos agresivo que el ácido cítrico, preparada a una concentración muy baja.

Este tratamiento ayudó a reblandecer las capas de carbonatos de cobre, las cuales posteriormente se retiraron mecánicamente, operando bajo microscopio para evitar dañar la superficie. Al eliminar las concreciones de malaquita fue posible descubrir que la superficie original del cascabel presentaba una decoración que simulaba un alambre enrollado, en su parte superior, y una línea acanalada en el borde de la boca. Durante la limpieza se procedió de manera lenta y cautelosa, lo cual permitió tener un mejor control del proceso de eliminación de las capas sucesivas de productos de corrosión.

El tratamiento para eliminar los productos de corrosión no se hizo con la finalidad de lograr una limpieza a fondo, y dejar el metal como nuevo; en cambio, el objetivo de la limpieza fue descubrir los detalles de la superficie y la decoración, pero dejando constancia del paso del tiempo. Es por esta razón que se respetó la última capa de productos de corrosión; es decir, sobre la superficie metálica se dejó una delgada capa de óxidos de cobre que constituye la pátina del metal y cumple funciones estéticas y de protección. De esta manera, el metal no tiene apariencia de "nuevo", se sigue viendo como un objeto de cobre antiguo, con una superficie oscura y mate. Por otra parte, la capa de óxidos funciona como un aislante que protege al metal subyacente de los agentes corrosivos presentes en la atmósfera (vapor de agua, oxígeno, contaminantes atmosféricos, etc.).

OBJETOS COMPLETAMENTE MINERALIZADOS EN LOS QUE ES IMPOSIBLE ELIMINAR PRODUCTOS DE CORROSIÓN

El sitio de la Villa Rica de la Vera Cruz se ubica al oriente de la República Mexicana, en la sección central de la faja costera del Golfo, en el estado de Veracruz. Durante las excavaciones arqueológicas de la temporada de 1990, a cargo del Arqlgo. Jaime Cortés Hernández, se encontraron varios objetos metálicos; entre ellos una cuchara de albañil, un acicate y una hoja de espada, todas de hierro forjado. Estas piezas fueron enviadas al taller de restauración de metales de la ENCRM para su conservación.

Tanto la cuchara de albañil como la hoja de espada se encontraban en un avanzado estado de deterioro. Los productos de corrosión se presentaban a manera de concreciones laminares heterogéneas, sobre toda la superficie del objeto, algunas de ellas compactas y otras pulverulentas. En todo el espesor de los bordes y vértices de las piezas se observaban lajas de productos de corrosión. Esto, aunado al poco peso que presentaban los objetos con relación a su volumen, hacía pensar que existía poca cantidad de núcleo metálico sano. Los artefactos presentaban desprendimientos de escamas y lajas de productos de corrosión, así como zonas muy delgadas y algunos faltantes.

Con el propósito de conocer la cantidad y distribución del núcleo metálico sano, se llevaron a cabo tomas radiográficas; esto permitió comprobar la hipótesis: tanto la espada como la cucharilla se encontraban muy mineralizadas, a excepción de pequeños núcleos metálicos dispersos al interior de la masa de productos de corrosión. Estas condiciones hacían impensable una eliminación de productos de corrosión, ya que sería imposible encontrar la superficie original del objeto metálico debajo de la capa de óxidos.

Algunas escamas de productos de corrosión que se encontraban desprendidas se sumergieron en agua destilada para realizar una prueba a la gota con el fin de determinar la presencia de cloruros. Como era de esperarse, dado que las piezas provenían de un ambiente costero, la prueba de cloruros resultó positiva. Los suelos, por su contenido de agua y sales en solución son capaces de promover reacciones electroquímicas que provocan la transformación del metal en productos de corrosión.

Los cloruros del medio reaccionan con el hierro formando cloruros férricos y ferrosos, los cuales, en presencia de humedad, se hidrolizan hasta formar oxihidróxidos. Esto libera iones cloro que reactivan la corrosión, y así el ciclo continúa hasta que el metal se convierte totalmente en oxihidróxidos. Los cloruros de hierro formados son delicuescentes y, por lo tanto, aunque el objeto se seque perfectamente, los cloruros de hierro absorberán la humedad de la atmósfera formando una solución muy ácida. De esta manera, el proceso de corrosión se convierte en un ciclo destructivo. Es evidente que la eliminación de cloruros es uno de los tratamientos indispensables para lograr la estabilidad de un objeto metálico.

Existen muchos métodos para efectuar la eliminación de cloruros, sin embargo no todos son aplicables a objetos en avanzado estado de deterioro. En la ENCRM no se cuenta con la infraestructura necesaria para realizar la reducción de cloruros con hidrógeno a altas temperaturas. Los lavados en solución acuosa, así como la electrólisis y la electroforesis requieren que exista gran cantidad de núcleo metálico sano. Por ello, se llevó a cabo una prueba de resistencia en condiciones de inmersión.

Como muestras se utilizaron pequeños clavos de hierro forjado rescatados del mismo sitio, en iguales condiciones de deterioro. Se sumergieron en agua destilada durante 20 minutos; este tiempo fue suficiente para que el material se disgregara. Por lo tanto se descartó cualquier técnica por inmersión.

En el caso de estos artefactos de hierro era imposible realizar un proceso de limpieza para eliminar los productos de corrosión, ya que los objetos estaban transformados casi por completo en ellos; la materia constitutiva, en tanto que estructura y portadora de la imagen, ya no era hierro, sino óxidos de hierro. La fragilidad de los objetos era tal, que ni siquiera permitía eliminar los cloruros para impedir que el proceso de corrosión continuara.

Por lo anteriormente expuesto, se decidió basar la intervención en la consolidación estructural de los objetos. El propósito de la consolidación fue principalmente darle a los objetos la fuerza física necesaria para que pudieran ser manipulados, además de volver a su posición de origen a las lajas separadas y mantenerlas unidas. Con el fin de proporcionar un refuerzo estructural a las partes que se encontraban muy delgadas o con riesgo de desprenderse se aplicó una pasta de resane.

CONCLUSIONES

Las intervenciones de restauración efectuadas en un objeto metálico, como en el caso de todo bien cultural, requieren que las condiciones del artefacto sean examinadas previamente desde el punto de vista químico y desde la perspectiva de la teoría de la restauración, de manera paralela y equilibrada. El diálogo y la retroalimentación entre estas dos áreas son el único medio para encontrar la solución adecuada para cada objeto en particular.

Para el caso de la eliminación de productos de corrosión, es imposible dictar recetas.

Los tres casos anteriormente expuestos, demuestran que no todos los objetos pueden, ni deben, ser sometidos a un tratamiento de limpieza. La decisión entre limpiar o no limpiar, así como la elección del método de limpieza, dependerá de la estabilidad física y química de la materia que forma al objeto y de la información que se pretende rescatar. Las operaciones de limpieza deberán garantizar la permanencia de una cierta pátina sobre la superficie del metal. Esta pátina constituye una defensa natural del metal ante los agentes agresivos del medio ambiente y es la evidencia del transcurso del tiempo, de la historicidad del objeto.

La eliminación de productos de corrosión es una operación extremadamente delicada y riesgosa que jamás deberá realizarse en campo. La elección de un método inadecuado para la remoción de la corrosión puede conducir a perder o falsear la información que los artefactos arqueológicos portan. Un proceso de limpieza mal ejecutado puede provocar procesos de deterioro a futuro o, en casos extremos, la inmediata destrucción del objeto. Inclusive la simple inmersión en agua para eliminar cloruros, que generalmente es poco agresiva, puede ocasionar la disgregación de objetos gravemente mineralizados.