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Los orígenes andinos de la metalurgia del occidente de México
Autora:
Dorothy Hosler
Profesora
de Arqueología y Tecnología Antigua, Massachusetts Institute of Technology
Titulo: Los orígenes andinos de la metalurgia del occidente de
México
Boletín del Museo del Oro, Nº 42 de 1997
Edición original: 2005-05-25
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-25
Creador: Dorothy Hosler
Publicación digital en la página web de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República.
Fuente: www.lablaa.org/blaavirtual/publicacionesbanrep/bolmuseo/1997/enjn42/enjn01a.htm
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|Figura
1: Mapa de Mesoamérica demarcando la zona metalúrgica del
occidente
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Este
articulo fue presentado como ponencias en el simposio Metalurgia prehipanoca de
América organizado por el Museo del Oro en el 49 Congreso Iternacional de
Americanistas (Quito, 1997)
Abstract:
Metallurgy appeared suddenly in western Mesoamerica around 600 - 800 years AD,
after apogee of great civilisations from the Classic Period such as Maya in the
Southeast and Teotihuacan in Mexico valley basin. These facts allow to make out
several important questions to the American cultural history as well as to the
study of relations between technology and culture. This paper deals with these
subjects.
La
metalurgia se inventó dos o tres veces en la historia de la humanidad, y una de
ellas fue en América. Turquía presenta los testimonios más antiguos del
trabajo en metales. Son fragmentos de cobre nativo martillados que datan de
alrededor de 7.000 años antes de nuestra era. La espectacular metalurgia de la
China surgió alrededor del 5.000 a. C. La mayoría de los investigadores
piensan que el concepto de metalurgia y ciertos conocimientos técnicos se
difundieron a la China desde el Medio Oriente, aunque su trayectoria específica
se determinó por los recursos minerales que le eran accesibles, y por los
intereses económicos y las predilecciones religiosas e ideológicas de la época.
Africa elaboró sus propias técnicas metalúrgicas, pero el conocimiento de la
metalurgia también provino del Medio Oriente. En América la metalurgia comenzó
a desarrollarse más de mil años antes de nuestra era en Sudamérica, más
exactamente en los Andes centrales. Allí culminó en una tecnología multifacética
basada en los dos bronces, de cobre - arsénico y cobre - estaño, en aleaciones
de cobre - arsénico - níquel, de cobre - plata, cobre - plata - oro, y de
cobre - oro y en la elaboración de técnicas sofisticadas de tratamiento de las
superficies mediante el enriquecimiento y el laminado. El múltiple talento de
los artesanos de lo que hoy es Colombia, donde los objetos más antiguos datan
de alrededor del año 1000 a. C se revela en el vaciado de miles de delicados y
complejos objetos, unos a la cera perdida, otros en molde.
La
metalurgia mesoamericana representa un caso de especial interés. Apareció
repentinamente en el occidente mesoamericano entre los años 600 - 800 de
nuestra era. Esto se produjo después del auge de las grandes civilizaciones del
periodo clásico mesoamericano; por ejemplo, de la Maya, en el sudeste y de la
Teotihuacana, en la cuenca del valle de México. Estas circunstancias nos
plantean varias preguntas que son importantes tanto para la historia cultural de
América como para los estudios de la relación entre la tecnología y la
cultura. Estos son los temas que trato en este artículo.
Una
de tales preguntas se relaciona con el origen de la metalurgia mesoamericana.
Varios investigadores (Mountjoy, 1969; Meighan, 1969) han sostenido que la
metalurgia mesoamericana estuvo vinculada a las metalurgias de Centro y Sudamérica.
Hasta hace poco no había habido los datos metalúrgicos para una investigación
del problema; para ver, por ejemplo, cuáles elementos eran compartidos por
estas regiones y con cuáles de ellas se relacionaba. Recientemente hemos
logrado delinear en términos muy específicos la relación entre las tecnologías
andinas y las que sugirieron más tarde en Mesoamérica (Hosler 1988, 1994). No
sólo entendemos cuáles eran las técnicas, aleaciones y objetos que tenían en
común, sino que también sabemos algo de los mecanismos de su introducción y
hemos identificado las características que dan a la metalurgia mesoamericana
sus cualidades distintivas.
Otra
pregunta tiene que ver con los factores culturales que determinaron la
trayectoria de esta tecnología. La metalurgia apareció en Mesoamérica después
que las grandes civilizaciones mesoamericanas habían desarrollado tecnologías
complejas en barro, lítica, hueso, textiles y otros materiales para enfrentar
las necesidades de sociedades complejas, tanto en el orden práctico como en el
simbólico. Esta situación nos permite investigar cómo se maneja un material
completamente nuevo en tales circunstancias, cuáles eran las propiedades que
desarrollaban y para qué fines utilitarios, religiosos u otros se usaba. También
podemos investigar cómo variaba esto en el tiempo y en el espacio.
Los
datos provienen de investigaciones de laboratorio y analíticos de casi mil
quinientos objetos de cobre y sus aleaciones recuperados en Mesoamérica y Sudamérica
(Hosler, 1986, 1988, 1990, 1992, 1994, 1995). La mayoría de estos objetos
tienen procedencias y fechas seguras. Los análisis proporcionan información
sobre su composición química, las técnicas de manufactura, su microdureza y
el uso o función social de tales artefactos. Los resulta dos de los análisis
permitieron establecer cuáles eran los principales metales y aleaciones que se
empleaban y la relación que había entre la composición química, la técnica
de fabricación, y el diseño y el uso de tales objetos, y los cambios que hubo
a lo largo del tiempo. Otra fuente de información son los datos geológicos,
especialmente en lo que corresponde a la presencia, abundancia y localización
de yacimientos de minerales metálicos. Esta información nos permite
identificar cuáles minerales metálicos podrían haber sido explotados, y las
regiones donde se encuentran. Finalmente hemos podido establecer la procedencia
de un número significativo de objetos mesoamericanos y distinguirlos de los
sudamericanos por medio de análisis de isótopos de plomo. El plomo aparece en
concentraciones bajas en todos los metales. Cuando se analiza la proporción de
isótopos de plomo en artefactos y luego en minerales de cobre provenientes de
minas conocidas, podemos determinar si el metal del artefacto provenía de
determinadas minas. Aparte de los datos de laboratorio, las evidencias arqueológicas,
históricas y lingüísticas permiten reconstruir aspectos del contexto histórico
en que surgió y floreció esta tecnología.
Las
evidencias más antiguas referentes al metal en Mesoamérica provienen de sitios
en el occidente de México. Fue allí donde ocurrieron algunos de los avances más
complejos en la metalurgia mesoamericana, en una zona que denominamos la zona
metalúrgica del occidente (figura 1). Esta zona es extremadamente variada en
cuanto a topografía y clima. Hay cambios bruscos de altura entre la planicie
costera y el altiplano central, lo cual crea diferentes nichos ecológicos que
ofrecen una gran variedad de flora y fauna. El eje neovolcánico atraviesa la
zona, cuyas cumbres llegan hasta más de seis mil metros sobre el nivel del mar.
Proporciona la roca volcánica llamada |tezont |l |e, la cual sirve en la
construcción, y también la obsidiana, que se emplea como material para la
fabricación de utensilios. Las amplias cuencas lacustres del altiplano que se
formaron cuando el vulcanismo cuaternario bloqueó los ríos, impidiéndoles que
desembocaran en el Pacífico, ofrecían a los antiguos pobladores una gran
variedad de recursos acuáticos y terrestres. Todo esto creó condiciones
especialmente propicias para los asentamientos humanos.
La
zona metalúrgica del occidente contiene abundantes, variados y accesibles
yacimientos de minerales metálicos. El cinturón de cobre mexicano pasa por lo
que hoy corresponde al estado de Michoacán (Véase figura 1). La calcopirita es
el mineral de cobre más común en la zona y en todo México, pero también es
abundante en esta zona la malaquita, la azurita y la bornita. La arsenopirita,
el mineral de arsénico más común en México, también abunda en la zona. La
arsenopirita se fundía para producir los bronces de cobre - arsénico. Hay
también en esta zona yacimientos de plata, frecuentemente asociados con latón
y zinc, de oro y de otros minerales metálicos. Lo que falta en esta región es
el estaño, que se necesita para elaborar los bronces de cobre - estaño.
Existen yacimientos de estaño, pero se hallan situados al noreste, en lo que se
llama la zona estañífera de Zacatecas. Estos yacimientos son tan pequeños y
dispersos, que no se han explotado comercialmente, y tampoco los antiguos
pobladores de Mesoamérica los aprovechaban.
Los
artefactos metálicos mesoamericanos más antiguos se han descubierto en sitios
de la costa: en Amapa (Nayarit), en Tomatlan (Jalisco) y en la región del
Infiernillo (en las riberas del río Balsas entre Michoacán y Guerrero). Hay
discusión acerca de las fechas, pero en todo caso, estas se sitúan alrededor
del año 700 de nuestra era o un poco antes. Los datos de laboratorio indican
que en el Periodo 1 de la metalurgia mexicana, es decir, entre el 600 y el 1200,
los orfebres occidentalistas trabajaban principalmente el cobre, aun que a veces
se encuentran fragmentos de lámina de oro y de plata. Entre los objetos de
fecha más antigua se han hallado cascabeles hechos a la cera perdida (figura
2). Los cascabeles son los artefactos metálicos más abundantes en Mesoamérica.
La microestructura de los cascabeles, que consiste en cristales que no han
sufrido deformación (figura 3), es característica de un objeto que se ha
vaciado para darle forma. Por documentos históricos y datos arqueológicos,
sabemos que los cascabeles se usaban principalmente en ritos y danzas. Los
miembros de la elite los llevaban puestos y eran atributos de las deidades.
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|Figura
2: Cascabeles de cobre recuperados en el occidente de México. Son
vaciados usando la técnica de la cera perdida. Datan del Periodo1
(600 y 1200 AC)
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|Figura
3: Microestructura de un cascabel de cobre del periodo 1 (x). La
microestructura es típica de un metal que ha sido vaciado en el
molde.
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Figura
4: Ojo de una aguja de cocer del Occiodente de México. El diseño del
ojo caracteriza las agujas del occidente de México del periodo I
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En
los mismos contextos arqueológicos en donde se han hallado cascabeles se han
encontrado objetos que se fabricaron martillándolos en frío. La mayoría son
utensilios, pero también hay objetos suntuarios. Todos están hechos de cobre.
Entre otros, se encuentran muchas agujas de coser (figura 4). El diseño que
caracteriza al periodo anterior al año 1200 tiene el ojo perforado. Estas
agujas se manufacturaron doblando el metal por el eje longitudinal, lo que
resulta en una fisura interna. Después martillaban la punta, la aplanaban y hacían
la perforación empleando un cincel. La fotomicrografía muestra una sección
transversal por el ojo (figura 5). En los mismos contextos arqueológicos en que
hay agujas y cascabeles también aparecen argollas (figura 6). El diámetro de
éstas mide alrededor de unos 2.0 cm.
Las
argollas, como las agujas, se fabricaron doblando el metal por el eje
longitudinal y luego se martillaron para darles su forma circular. En Tomatian
(Jalisco), y también en otros sitios, se las ha recuperado en entierros, donde
yacían sobre los cráneos de los esqueletos. Estas argollas se sostenían con
tela y se usaban para sujetar el cabello. La figura en el dibujo (figura 7)
lleva puesto tal sujetador del pelo. También se han excavado pinzas (figura 8).
Las pinzas se usaban para la depilación. Hay pinzas hechas de metal y de otros
materiales en toda América. Sabemos, por referencias históricas y datos etnográficos,
que se usaban para depilar las barbas. La fotomicrografía presenta una sección
longitudinal de una pinza que ha sido martillada y de un cobre nativo (figura
9).
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Figura
5: Seccion transversal del ojo de la aguja ilustrada en la Figura 4.
Los cristales han sido extensivamente deformados y alongados por
mertillos
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|Figura
6: Argolla de cobre Periodo I
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Figura
7 : Dibujo de Relacion de Michoacán (Craine and Reindrop
19XX). El sacerdote lleva puesto un sostenedor de pelo compuesto de
argollas de cobre.
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Figura
8: Pinza de cobre . El diseño caracteriza las pizas del Periodo I
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Figuara
9: Sección longitudinal de una pinza de cobre martillada
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Otros
utensilios - también martillados en frío - comunes durante este periodo son
las hachas y los cinceles; las hachas servían para cortar leña (figura 10). |
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|Figura
10 : Hachas de cobre Periodo I
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El
aspecto que más llama la atención es que desde el principio encontramos
objetos hechos por dos métodos conceptualmente muy diferentes: unos mediante
vaciado a la cera perdida; otros dándoles forma martillándolos. Al mismo
tiempo, aunque todos los objetos fueron hechos de cobre, su composición química
y las microestructuras indican que unos se hacían de un cobre nativo, otros, de
minerales de cobre fundidos. La fundición es un proceso complejo: requiere
control cuidadoso de temperaturas y de otras variables, y solo encontramos el
empleo de ese método donde hay amplio conocimiento y experiencia técnica.
¿Cuál
es la relación entre la metalurgia del occidente de México en el Periodo 1 y
las metalurgias de Sudamérica? Todas las clases de artefactos que aparecen en
la zona metalúrgica del occidente mexicano durante este periodo también se han
hallado en Ecuador y el norte del Perú, o en Colombia. Las fechas son
anteriores en Sudamérica. No obstante, las características de diseño de los
objetos y las técnicas de elaboración son idénticas en ambas regiones.
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Figura
11: Aguja de coser de cobre del Ecuador que data de antes de 500 de
nuestra era. El ojo se hizo perforándolo
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En
Ecuador los objetos metálicos más antiguos aparecen en la costa, en el sitio
de Salango (figura 11) cerca de la ciudad de Manta. Pertenecen a la fase
Chorrera y datan de alrededor del año 1500 antes de nuestra era. Son de oro,
plata y cobre, y martillados. Más tarde, y antes del año 500 de nuestra era,
los artesanos ecuatorianos, al igual que los mesoamericanos, comenzaron a
fabricar agujas, pinzas y argollas. Las agujas ecuatorianas están hechas de
cobre y son idénticas a las que aparecieron siglos después en México. Estas
agujas tienen el ojo perforado y, como los ejemplos mesoamericanos, también se
martillaron por el eje longitudinal para darles forma cilíndrica (figura 12).
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|Figura
12: Mapa de Ecuador mostrando los sitios arqueológicos mencionados en
el texto
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La
fotomicrografía muestra la sección transversal por el ojo de una aguja
ecuatoriana (figura 13). Se han hallado en la provincia de Manabi, en el sitio
de Salango (véase figura 11), y también en la provincia de Guayas en la península
de Santa Elena, en los sitios de El Azúcar y Cerro Alto. Este mismo tipo de
aguja también aparece en Bolivia, pero las fechas son ambiguas.
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Figura
13: Foto-micrografía de la aguja que aparece en la aguja, sección
pulida
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El
diseño de las pinzas ecuatorianas es casi idéntico al de las mexicanas (figura
14). Las pinzas ecuatorianas fechan antes de 500 de nuestra era. Se han excavado
en la península de Santa Elena y también en sitios costeros un poco más al
norte. Las argollas aparecen en los sitios de San Lorenzo, El Azúcar y Ayalan
(véase figura 11); y en entierros en Ayalan, donde yacían sobre los cráneos
de los esqueletos, lo cual indica que en Ecuador también servían como
sujetadores de cabello. Nuestros estudios metalográficos indican que su método
de elaboración es igual al que vemos después en la zona metalúrgica del
occidente de México: se martilló de un blanco original fundido, para darle
forma, y después se recoció. La sección atacada demuestra inclusiones de óxidos
elongados por el proceso de martillar (Hosler, 1994). Los orfebres de esta región
de Ecuador y del norte del Perú también fabricaron cascabeles, los más
antiguos de los cuales datan de fechas alrededor del año 200 de de nuestra era.
Sin embargo, los cascabeles de esa región no se vaciaron para darles forma,
sino que se forjaron (figura 15). La microestructura muestra líneas de
deslizamiento alargadas por el proceso de martillar (figura 16). Estos
cascabeles se suspendían por los dos agujeros que se aprecian en la figura 15.
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Figura
14: Pinzas de cobre de antes de 500 de nuestra era. El diseño y la técnica
de fabricación son idénticos a las pinzas mexicanas del Periodo I
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Figura15:
Cascabel del Ecuador. Los cascabeles de esta región y en general en
los andes Centrales son Forjados.
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Las
raíces de la tradición mesoamericana del vaciado a la cera perdida están en
Colombia, Panamá y Costa Rica. Los orfebres de esa región sureña producían
grandes números de objetos suntuarios y religiosos mediante la técnica de la
cera perdida. Entre ellos hay cascabeles cuyo diseño es igual al de los tipos
que aparecen entre el 600 y el 800 d.C. en México (figura 17). La gran mayoría
están hechos de oro o de aleaciones de cobre - oro. Tanto su diseño, como la técnica
de fabricación son idénticos a los del occidente de México, pero sus fechas
son anteriores.
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Figura
16: Foto.micrografía de una sección longitudinal del cascabel que
aparece en la figura 15. Nótese las lineas alargadas, comprimidas y
alineadas que resultan de la deformación intensiva del metal en el
proceso de martillarlo
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Figura
17: Cascabel de Panamá(a) y Colombia(b). El diseño y la técnica de
fabricación son idénticos a los cascabeles del Periodo I de
Occidente de México. La técnica de fabricación a la cera perdida se
invento en Colombia.
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La
gran similitud que existe entre la metalurgia del occidente de México y las
sudamericanas en cuanto a las clases de objetos que producían, a sus técnicas
de fabricación, a su diseño, y a su uso, sólo se puede explicar por la
introducción desde Sudamérica al occidente de México de elementos
significativos de esas tecnologías. No hay información directa de cómo
pudieron haber sucedido, pero si hay indicaciones indirectas, y esas
indicaciones tienden a demostrar que la introducción fue por vía marítima. No
se han recuperado objetos hechos de metal en la zona entre Nicaragua y Oaxaca
durante este periodo, lo cual indica que la metalurgia no se difundió al norte
por tierra. El contacto que resultó en la introducción de esta tecnología fue
directo, y probable mente entre Ecuador y la costa del occidente de México.
Cuando
hablamos de la introducción de la tecnología metalúrgica sudamericana a
Mesoamérica, ¿a qué nos referimos en términos específicos? Nos referimos a
que se transmitió al occidente de México conocimiento técnico sudamericano:
conocimiento de las técnicas de fabricación de un conjunto de objetos que
comprendía cascabeles, argollas, agujas, y pinzas; y conocimiento de técnicas
de fundición que permitía fundir el metal de la mena. En épocas más tardías
este conocimiento técnico incluía los métodos requeridos para producir las
aleaciones de bronce, y otros. Aunque los datos indican que fue principalmente
el conocimiento lo que se transmitió de Sudamérica a México, es también
indudable que algunos artefactos sudamericanos llegaron a las costas del
occidente mesoamericano como objeto de intercambio. Estos artefactos
sudamericanos - pinzas, cascabeles, agujas y argollas - sirvieron de prototipos
que fueron copiados por los metalúrgicos mesoamericanos. Una relación del
siglo XVI, la de Salomón Jerez, describe el encuentro de europeos con una balsa
Manteñaa en las aguas de lo que es ahora Ecuador, y nos da una idea más
concreta de cómo sucedió. Los Manteños dominaban el territorio en la costa
norte - central del Ecuador. Eran grandes navegantes y comerciantes marítimos.
Sabemos que viajaban a lo largo de las costas del Pacífico de Sudamérica. La
relación describe ciertos objetos de metal que llevaban los navegantes ecuatoríanos
en sus balsas, y entre ellos había cintas, pinzas y cascabeles de metal. El
documento relata que los marinos ecuatorianos llevaban tales objetos para
cambiarlos por la concha Spondylus, que habita las aguas tibias ecuatoriales
desde el norte del golfo de Guayaquil hasta el golfo de California.
Probablemente fueron estos navegantes ecuatorianos quienes llevaron las pinzas,
argollas, agujas y otros objetos a México, tal vez para intercambiarlos por la
concha |Spondylus que procesaban los pobladores de las costas de Guerrero,
Michoacán, Coloma y Nayarit (figura 18).
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Figura
18: Mapa de las Américas donde se destaca la zona metalúrgica del
occidente de México a donde se dirigian los comerciantes sudamericanos,
y su lugar de origen.
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¿Cómo
sabemos que los artefactos mesoamericanos no fueron importados de Sudamérica?
Lo sabemos principalmente por estudios de procedencia que hemos llevado a cabo
mediante análisis de isótopos de plomo de objetos y de minerales metálicos
andinos y mesoamericanos, aunque la presencia y concentración de ciertos
elementos y trazas también distinguen lo sudamericano de lo mesoamericano (Hosler
1994). Las proporciones de isótopos de plomo en yacimientos de cobre y objetos
sudamericanos son muy diferentes de las que caracterizan a los objetos y
minerales de cobre mesoamericanos. Si estuviéramos encontrando objetos
sudamericanos en el occidente de México, las proporciones isotópicas en tales
objetos corresponderían a la firma isotópica de los yacimientos andinos, lo
cual no sucede salvo en pocos casos.
Todos
los datos sustentan la idea de que la metalurgia mexicana no se inventó
independientemente, sino que se introdujo de Sudamérica. La metalurgia - y con
metalurgia me refiero a un trabajo que requiere fundir los metales - es una
tecnología muy compleja y no muy común en la historia humana. Aparece en
Mesoamérica repentinamente, sin evidencias de etapas previas de desarrollo.
Desde el principio, los orfebres hacían objetos técnicamente difíciles que
tenían analogías en Sudamérica, tanto con el método de fabricación como con
el diseño. Existen también otras evidencias del contacto entre Mesoamérica y
Sudamérica en sus estilos de cerámica (Kelley 1980) y en las formas de
entierros conocidos como tumbas de tiro, que también indican interacción
durante muchos siglos. A la vez había un sistema de comercio marítimo a lo
largo de la costa ecuatoriana que empleaba balsas que eran estucturalmente
capaces de llegar a Mesoamérica.
La
introducción de la metalurgia por vía marítima implica que entre los
navegantes ecuatorianos había quienes sabían trabajar los metales. Tendrían
que haber podido identificar los minerales metálicos - cómo se reconocen y en
qué contextos se encuentran - enseñar como se funden los minerales metálicos
y también enseñar cómo se fabricaban los objetos. Vale la pena considerar por
un momento por qué se introdujo esta metalurgia sudamericana al occidente
mesomaericano y no en regiones más al sur, como por ejemplo en Oaxaca o en
Guatemala. Posiblemente porque el occidente es la única región mesoamericana
en donde existían los dos elementos esenciales para una metalurgia parecida a
la ecuatoriana: amplios y diversos yacimientos de minerales metálicos - de
cobre, arsénico, plata - y asentamientos humanos relativamente complejos. En
otras regiones mesoamericanas donde existe este conjunto de minerales metálicos
no había asentamientos humanos sedentarios, y donde había asentamientos no hay
yacimientos que contengan una variedad de minerales metálicos.
Al
rededor de 1200 d.C. ocurrieron cambios fundamentales en la metalurgia del
occidente de México. Algunos se deben a los contactos que proseguían con Sudamérica.
Otros se deben al genio técnico de los metalúrgicos del occidente y a las
circunstancias o condiciones sociales locales. El cambio más significantivo
consistió en que se comenzó a trabajar en. las aleaciones de cobre:
especialmente en la de cobre - plata y los dos bronces: el cobre - arsénico y
cobre - estaño. También elaboraron una aleación ternaria de cobre - arsénico
- estaño, y otra binaria de cobre - latón. Aprovecharon las propiedades de
esas aleaciones para mejorar el diseño y la función de los mismos objetos que
habían hecho anteriormente de cobre. Se han recuperado artefactos hechos de
estos dos bronces y de aleaciones de cobre - plata en los sitios que se ven en
el mapa (figura 19); en Milpillas, Urichu, Tzintzunzán y Huandacareo (Michoacán),
en Atoyac y Arado (Jalisco), y en el sitio del Chanal (Colima).
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Figura
19: Sitios en la zona metalurgica del Occidente donde se han
recuperado objetos que corresponden al periodo 2
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Aunque
esta metalurgia seguía centrando su interés principalmente en hacer
cascabeles, su enfoque se ampliaba. Las propiedades de los bronces permitían
vaciar cascabeles más grandes y delgados, con diseños más complejos que sus
equivalentes en cobre (figura 20). Las aleaciones de bronce se derriten a
temperaturas más bajas que el cobre puro. Además se solidifican a una escala
de temperaturas y no a una sola, lo que permite que el metal liquido fluya por
el molde y que llene los detalles de los moldes. Los bronces son más fuertes y
resistentes que el cobre puro lo cual facilita y explica el hecho de que podían
producir cascabeles más grandes y delgados. La concentración de estaño o de
arsénico en estos cascabeles varia entre el 7 y el 25 por ciento (figura 21).
En la figura se aprecia la microestructura de uno de los cascabeles de cobre -
estaño que contiene 18% de estaño. Cuando está presente el arsénico en
concentraciones tan elevadas el color del metal se ve plateado. Cuando el estaño
aparece en concentraciones altas el metal se ve dorado. Es notorio que los
artesanos agregaban el estaño o el arsénico en concentraciones mucho más
altas de lo necesario para realizar los diseños lo cual nos hace concluir que
buscaban intencionalmente los colores dorados y plateados que resultaban.
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Figura
20: Cascabeles hechos en bronce (el cobre arsénico y el cobre-plata)
que tipifican el Periodo 2 de la metalurgia del Occidente de México.
Son vaciados a la cera perdida
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Figura
21: Microestructura de una sección longitudinal de un cascabel de
cobre-estaño. Contiene 18% de estaño
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Además
de alterar el color del metal, el uso de los bronces facilitaba la producción
de cascabeles más grandes y con formas variadas. Esto amplifica el rango de
tonos que podían producir los cascabeles. En estos cascabeles, el tono es función
del volumen interior de la cámara de resonancia y el tamaño de la abertura de
la base.
Los
metalúrgicos del occidente de México también aprovechaban las propiedades de
los bronces para variar y mejorar el diseño de las pinzas y las argollas. Las
pinzas que corresponden al Periodo 2 - es decir que datan de después de 1200
d.C. - contienen el estaño en proporciones entre el 8 y el 12 por ciento. Estas
pinzas son convexas, además de ser más anchas, largas y finas que las pinzas
de cobre del Periodo 1 (figura 22). Muchas de estas pinzas se trabajaron en
caliente, porque cuando la concentración de estaño traspasa el 5% se vuelven
frágiles al martillarlas. Nuestro trabajo experimental indica que la dureza y
resistencia de los bronces es imprescindible para realizar estos diseños y para
producir un utensilio funcional. Por medio de programas de computador que
simulan las tensiones y el comportamiento de de formación de estructuras sólidas,
se sabe que estos utensilios funcionaban muy bien como instrumentos
depilatorios, pero que las características del diseño son tales que fallan
cuando están hechos de cobre. También indican que la concentración de estaño
ha de ser más elevada de lo necesario para que la pinza funcione. Esto nos
indica que agregaban el estaño en altas concentraciones con la intención específica
de producir un rango de colores dorados. En el occidente de México las pinzas
llegaron a tener una función simbólica además de la práctica. Son muy
grandes: algunas miden más de 10 centímetros de largo. Hay documentos del
siglo XVI en que se muestra a sacerdotes michoacanos que las llevaban puestas
como símbolo del estado y del poder religioso.
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Figura
22: Pinzas del Occidente de México del Periodo 2. Son hechas de
cobre- arsénico y cobre-estaño. Las que estan hechos de cobre-estaño
tienen estaño presente en proporciones hasta el 12%, que hace que el
color del metal se vea dorado.
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Se
modificó también el diseño de las argollas fabricadas de bronce de cobre -
estaño. Sus diámetros son más grandes y el grosor es menos que las argollas
de cobre del Periodo 1. Estos cambios de diseño reflejan la dureza y
resistencia que caracteriza a los bronces. El estaño aparece en concentraciones
que llegan hasta el 20%, que también les da un color dorado.
El
uso sistemático del bronce para producir colores dorados o plateados en objetos
de uso por parte de la elite -en cascabeles, argollas y pinzas- es uno de los
alcances técnicos más notables de la metalurgia mesoamericana. Pero, si querían
producir colores plateados y dorados ¿por qué no usaban la plata y el oro?
Nuestros experimentos indican que era técnicamente imposible: que para realizar
estos diseños y para la función de los objetos se necesitaban las propiedades
del bronce, específicamente sus características de solidificación, su
fluidez, su dureza y su resistencia. En otras palabras, si el artesano quería
vaciar un cascabel grande, delgado, y con elementos complejos que también se
viera dorado o plateado, su única solución era usar los bronces.
Durante
el Periodo 2 los utensilios siguen siendo un componente menor en la metalurgia
de la región. Aprovecharon las propiedades mecánicas de los bronces para
mejorar los diseños y ampliar las posibilidades funcionales. En agujas,
cinceles y hachas el estaño o arsénico aparece en concentraciones bajas -
entre el uno y el 5%. Cuando son martillados, estos se vuelven más duros y
resistentes. La dureza y la resistencia son precisamente las propiedades que uno
quiere en los utensilios: se endurece el objeto pero no se pone quebradizo.
Estos artesanos conocían y manejaban la relación entre la composición química
del objeto, su técnica de fabricación y su función o uso.
Los
metalurgistas comenzaron a fabricar un nuevo diseño de aguja en que el ojo se
forma doblando una tira de metal; este diseño también es difícil de realizar
con el cobre puro, por el grosor de la tira. Los cinceles y las hachas hechos de
estos bronces, sea de cobre - estaño o de cobre arsenical, son más delgados y
mucho más duros que los que se hacen de cobre.
Estos
cambios tecnológicos implican la explotación de nuevos minerales metálicos y
el descubrimiento o el aprendizaje de nuevas técnicas de fundición, además de
técnicas para aliar dos o más metales. También implican experimentar con diseños
nuevos. Aunque falta localizar los asentamientos donde producían los metales
sabemos algo de la organización de producción de metales en Mesoamérica después
del año 1200. La producción nunca estuvo centralizada. Nuestros análisis de
isótopos de plomo de artefactos y de yacimientos de cobre han distinguido
varios centros de producción en el occidente. Los datos indican que existían
centros de producción en el sur de Jalisco y también en el sur de Michoacán.
La información proporcionada por los análisis químicos demuestra que estos
centros producían objetos de bronce de cobre - estaño y cobre - arsénico. Los
artefactos se diferencian con base en sus firmas isotópicas y también en
cuanto a diseño (Hosler y MacFarlane, 1996).
¿Cómo
se relacionan estas características del Periodo 2 conlas metalurgias de Sudamérica?
El
interés en las propiedades acústicas del metal representa un enfoque netamente
mexicano. Sí hay cascabeles en Sudamérica, pero constituyen elementos menores
en esas tecnologías. Otra elaboración netamente mexicana es la idea de usar
los bronces para estimular los colores de oro y de plata en objetos suntuarios.
El
caso de las pinzas es especialmente complejo. Existen pinzas sudamericanas cuyo
diseño es casi idéntico a tres de los cuatro tipos que aparecen en Mesoamérica
durante el Periodo 2. También están hechos de aleaciones de cobre - estaño y
algunas de cobre plata. Las que se ven en la Figura 23 se han encontrado en
excavaciones en los Andes sureños y son anteriores unos doscientos años a los
ejemplos Mesoamericanos. Es probable que los prototipos de estas pinzas se
introdujeran desde Sudamérica, pero que la transformación de las pinzas en símbolo
de poder religioso es algo que solo ocurrió en el occidente de México.
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Figura
23: Pinzas excavadas en la costa del Perú con fechas entre 1000 y 130
de nuestra era. Las caracteristicas de diseño y las técnicas de
fabricación son idénticas a las dos de los tipos mesoamericanos del
Periodo 2
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Los
nuevos diseños de aguja que aparecen en el Periodo 2, con el ojo doblado, también
tienen antecedentes en Sudamérica. Se han encontrado en excavaciones en la
costa del Ecuador y en otros sitios y son anteriores unos 400 años a sus
equivalentes en Mesoamérica. Son idénticas las mesoamericanas y el diseño
probablemente se introdujo desde Sudamérica.
Otras
clases de artefactos también muestran conexiones con Ecuador: son idénticos
los diseños, las aleaciones y la función cultural o uso del objeto. Entre
ellos hay objetos suntuarios hechos de aleaciones de cobre - plata: rodelas,
diademas, argollas y pendientes, martillados para darles forma. Las hachas
moneda son otra: son objetos en forma de T (figura 24) martillados y sumamente
delgados, hechos de aleaciones de cobre - arsénico. Las aleaciones de cobre -
plata son comunes en el norte del Perú, en Ecuador y en el estado de Michoacán.
Las hachas moneda aparecen en el norte del Perú, el sur de Ecuador y los
estados mexicanos de Guerrero y Oaxaca.
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Figura
24: Hacha moneda del Occidente México. Sus contrapartidas
ecuatorianas son idénticas en la técnica de fabricación, aleación
y diseño
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La
producción del bronce de cobre - arsénico también plantea preguntas muy
interesantes. En Mesoamérica, los objetos hechos con aleaciones de cobre - arsénico
tienen el arsénico presente en concentraciones entre 2 y 23 por ciento. Como he
señalado, el arsénico aparece en proporciones bajas (2-5%) en agujas, hachas,
cinceles y hachas monedas; y en concentraciones altas en cascabeles. El mineral
de arsénico más común en Mesoamerica, la arsenopirita, se encuentra asociado
con minerales de cobre en muchos yacimientos en el occidente de Mesoamérica. En
Mesoamérica son poco comunes aquellos minerales de cobre que llevan arsénico,
como por ejemplo, la enargita y la tenantita. Se puede obtener la aleación de
cobre - arsénico mediante la fundición directa de aquellos minerales.
Probablemente el bronce de cobre - arsénico se hizo fundiendo minerales de
cobre con la arsenopirita o sus productos oxidados.
En
los Andes se fundieron minerales como la enargita directamente para producir
esta aleación. También fundieron conjuntamente minerales de arsenopirita con
minerales de cobre. Por lo tanto, los contactos entre los antiguos mexicanos y
los artesanos de Sudamérica pudieron haber resultado en el aprendizaje de las técnicas
de fundir estos minerales.
Los
grupos del occidente incorporaron elementos cotidianos de las metalurgias
sudamericanas - las pinzas, las argollas y los cascabeles, y los dos bronces - y
los defínían como elementos sagrados y de elite. Estos objetos y los colores
dorados y platea dos conferían posición social, poder sagrado y afiliación
sobrenatural por los sonidos de los cascabeles y los colores de los bronces. La
trayectoria de esta metalurgia, que enfatizaba las calidades selectivas del
metal, es especialmente notable porque existían tantas alternativas. Estos
metalúrgicos pudieron haber empleado el bronce para fabricar otros objetos; por
ejemplo, en utensilios agrícolas, armas y armaduras, para extender y consolidar
el poder del Estado. Sin embargo, nuestros datos indican que se apropiaba el
metal para afirmar y comunicar el poder de las elites asociándolas con las
fuerzas sobrenaturales en ritos y ceremonias.
¿
Qué significan los colores metálicos dorados y plateados? Por qué
determinaron la trayectoria de esta metalurgia? Ya sabemos que estos colores se
asociaban con lo sobrenatural en muchas regiones de América, entre ellas Mesoamérica.
Se identificaron con el dios de la luna y el sol por los Mexica o Azteca, cuya
capital Tenochititlan estaba en la cuenca del valle de México. Los Mexica
controlaron ciertas regiones de la zona metalúrgica del occidente en los siglos
anteriores a la invasión Europea. El dios del sol, según las fuentes, es
|Tonatíhua. En Nahuatl, el idioma de los Mexicas |tonatihua quiere decir
brillar, resplandecer, dar calor. |Tona también significa brillar el sol; por
lo tanto el oro brilla, es resplandeciente como los rayos del sol, o como el
mismo sol o |Tonatihua. El metal conduce el calor y también da rayos. Los
Purechepa o Tarascos, gentes que dominaron a Michoacán en los siglos anteriores
a la invasión española, asignan orígenes similares al oro y la plata.
|Tiripiti significa oro en Purechepa, |tiripiti es también el nombre que dan a
los dioses que son manifestaciones del sol. En Mesoamérica, como en otras
partes de América, el oro y la plata son considerados como emisiones divinas y
propiedad divina. Los artesanos sudamericanos obtuvieron estos colores
utilizando el oro o aleaciones de cobre - oro y cobre - plata. Los
mesoamericanos crearon los mismos colores por medio de las aleaciones-usando los
bronces en objetos cuyo diseño no permitía que se realizaran con el oro ni la
plata.
Xipe
Totec es el dios Mexica de los orfebres. Xipe (figura 25) representa el
crecimiento y la renovación agrícola y humana. Xiptli, una forma relaciona da,
significa "capa". Martillar el metal puede relacionarse con las capas
enriquecidas que se producen al trabajar las aleaciones de cobre - plata y de
cobre - oro. También puede significar las capas de nueva vegetación que
aparecen después de las lluvias. El metal, y posiblemente las aleaciones, se
asocia con la fertilidad.
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Figura
25: Xipe Totec, el dios Azteca (Mexica) de los orfebres
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El
poder, que es inherente a los tonos de los cascabeles también determinó la
trayectoria de la tecnología metalúrgica mesoamericana. Los cascabeles y los
instrumentos que los contenían son fundamentales en rito y ceremonia en toda América.
Estos sonidos desempeñan un papel central en los ritos de fertilidad agrícola
y humana. Las evidencias lingüísticas indican que en Mesoamérica la lluvia,
el agua, las tormentas y la vegetación son símbolos de la fecundidad. Los
sonidos de los cascabeles recuerdan y evocan a los truenos y la lluvia, y también
imitan a los sonidos de la víbora cascabel y el rugido del jaguar. Como hemos
visto, Xipe se identifica con la reproducción y la renovación y también se
asocia con los truenos y la lluvia. Su insignia es la chicanaztli (figura 26),
un instrumento que contiene cascabeles. La raíz de chicanaztli es chichua, y
chichua significa "fortalecer" y "reproducir". Los tonos de
los cascabeles se identifican con "fortalecer" y con la fertilidad.
Xipe toca el chicanaztli en ritos de fecundidad y reproducción.
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Figura
26: La figura porta la chichauale
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Existen
algunos datos que indican que el proceso de alear, de mezclar dos o más
metales, tenía un significado especial. En la relación de Asuchitlán (Hosler,
1994) lo anotaron los españoles en el siglo XVI. Asuchitlán es un pueblo en el
actual estado de Guerrero situado en la zona metalúrgica. La relación cuenta
que Dios hizo los primeros seres humanos de barro, pero que la pareja no sirvió
porque cuando los mandó a bañar, se deshicieron en el agua. Entonces Dios hizo
dos nuevos seres "de ceniza y de ciertos metales" y cuando se fueron a
bañar no se deshicieron en el agua: y fue a partir de aquellos dos seres que
comenzó el mundo. Obviamente podemos pensar que cuando el mito alude a
"ciertos metales" se refiere a más de un metal, lo que define una
aleación. En otras palabras, cuando Dios hizo al hombre y la mujer de ciertos
metales, empleó una aleación y fueron capaces de reproducirse. Las aleaciones
son más fuertes que el cobre puro y en el caso de los bronces manifiestan los
colores dorados y plateados asociados con la esfera sobrenatural. En el vaciado
a la cera perdida, el artesano hace los moldes de ceniza que se mezcla con
barro. La cera perdida es la técnica que se aplica para vaciar cascabeles, y el
mito puede aludir metafóricamente a que los primeros seres humanos eran
cascabeles: símbolo de la fecundidad por sus tonos, y de lo sagrado por sus
colores.
Los
tonos de los cascabeles también son fundamentales en la creación del jardín
sagrado de los Aztecas. El jardín se describe en la poesía nahuati. El jardín
se crea por el canto y el canto se representa por los sonidos de los cascabeles,
los cantos de los pájaros y el tono de la voz humana que canta. Las evidencias
léxicas indican que las sonajas y los cascabeles se relacionan con el canto y
con el habla. La raíz nahuatl significa "sonido claro". También
significa algo que suena como un cascabel o una persona que habla bien, en
orden. Se relacionan los sonidos buenos, el orden y las leyes o estatuas. |Tzi
|lic en Tarasco, significa "metal', "cascabel", y "sonar un
cascabel". Los sonidos de los cascabeles crean la fertilidad humana y agrícola,
crean el orden, y protegen. La importancia de los cascabeles no solo se
manifiesta en su abundancia y variedad, sino que se expresa también en el
idioma. El material, el metal y una clase de objeto hecho del metal, los
cascabeles, son sinónimos culturales.
La
premisa de que el metal es divino, no destructible y poderoso resultó en una
serie de decisiones técnicas que dieron forma a la metalurgia del occidente
mesoamericano. El interés en los cascabeles proviene del poder creativo de sus
sonidos, de los colores metálicos, de sus asociaciones con las deidades lunares
y solares y posiblemente de la asociación del proceso de alear con conceptos de
fertilidad y reproducción.
Todavía
nos queda la pregunta quizá más importante. ¿Cuáles fueron las
circunstancias históricas que influyeron estas decisiones técnicas? ¿Hay
manera de explicarlas?
El
acontecimiento más significativo que coincide con la introducción de los
metales es la caída del imperio de Teotihuacan alrededor de los años700. Su caída
no sólo influye la política en la zona metalífera sino también en otras áreas
mesoamericanas Creó un vacío ideológico y económico. Sabemos que los
Teotihuacanos importaron productos marítimos como el |Spondylus en gran escala.
El colapso del imperio interrumpió este comercio y cabe imaginar que los
habitantes de la costa buscaron nuevos mercados, uno de los cuales podía ser el
sudamericano. Cuando existen tales vacíos, económicos y políticos,
especialmente en sociedades pequeñas con un nivel de cacicazgo - que no poseen
la fuerza coercitiva- lo que hace falta son símbolos de poder que afirmen la
afiliación con los poderes sobrenaturales. Qué mejor símbolo podría haber
que un material completamente nuevo que no se había visto nunca antes. Era un
material que poseía propiedades totalmente nuevas: producía tonos que nunca
antes se habían escuchado y colores que no se habían visto antes. No nos debe
sorprender que se definiera como poderoso y sagrado a un material apto para
crear los primeros seres humanos.
Bibliografía
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Chronology.
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Technology of Ancient West Mexico. Cambridge: MIT Press.
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Los orígenes andinos de la metalurgia del occidente de México
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