|
A
sangre y fuego
Nuevos datos sobre la metalurgia Aguada
Luis R. González1
1
Museo Etnográfico Juan B. Ambrosetti, Moreno 350 (1091) Buenos Aires.
Fuente:
GONZÁLEZ, Luis R.
A sangre y fuego: Nuevos datos sobre la metalurgia Aguada.
Estudios atacameños
[online]. 2002, no.24, p.21-37.
Disponible en la World Wide
Web:
http://www.scielo.cl/scielo.php?script=
sci_arttext&pid=S0718-10432002002400003#r17
ISSN 0718-1043.
RESUMEN
Las
placas de metal figuran entre los ítemes más característicos de la cultura
material de Aguada. Se conocen poco más de 30 ejemplares, los cuales se
encuentran dispersos en colecciones de América y Europa y muy pocos de ellos
fueron sometidos a análisis técnicos. En esta oportunidad se dan a conocer los
resultados de los estudios realizados sobre tres placas Aguada, orientados a
obtener información sobre las cualidades tecnológicas de los materiales,
aplicable al conocimiento de la dinámica sociohistórica de la época. En tal
sentido, los datos son discutidos considerando la composición de las piezas y
los métodos de manufactura puestos en práctica, adelantándose hipótesis
sobre la trayectoria de la tecnología metalúrgica en el marco de las
condiciones sociales, políticas e ideológicas dominantes.
Palabras
claves: placas de metal La Aguada análisis técnicos condiciones
sociohistóricas.
ABSTRACT
Metal
plaques are among the most characteristic items of Aguada's material culture.
Somewhat more than thirty plaques are known, dispersed in American and European
collections, but only a few have been subjected to technical analysis. Here we
give the results of studies made on three Aguada plaques to obtain information
on the technological qualities of the materials, so as to gain knowledge about
the sociohistorical dynamics of the epoch. Data are discussed taking into
account the manufacturing methods of metal pieces and their composition in order
to advance on hypothesis for the trayectory of metallurgical technology within
the the framework of dominating social, political and ideological conditions.
Key
words: metal plaque La Aguada technical analysis sociohistorical
conditions.
Introducción
La
metalurgia prehispánica en el Noroeste Argentino se desarrolló de forma
independiente a los tradicionalmente considerados "centros de invención"
de los Andes (Figura 1). En la región, como en el resto del espacio andino,
hubo una predilección por el trabajo del cobre y sus aleaciones, pero los
objetos manufacturados acreditaron una definida identidad en sus rasgos estilísticos
y, en un nivel más profundo, en la forma en que los materiales fueron
procesados y en las innovaciones técnicas desarrolladas a tal fin. Hacia los
momentos tardíos, los artesanos pusieron de manifiesto una extraordinaria
capacidad para controlar la compleja interacción de las variables tecnológicas,
llegando a producir en bronce estañífero algunos de los objetos precolombinos
más voluminosos conocidos. Los ejemplos más ilustrativos lo constituyen las
campanas ovales "santamarianas", entre las cuales se computan
ejemplares que superan los 3 k de peso. En su momento, los administradores del
estado incaico supieron aprovechar el entrenamiento y la destreza de los
metalurgistas locales para amplificar la escala de producción en función de
los intereses del poder central.

Figura
1. Región del Noroeste Argentino
El
conocimiento acerca de los inicios de la metalurgia en la región es aún
fragmentario. Algunos datos (A. R. González 1959; Fester 1962; Ziobrowski et
al. 1996) ponen de relieve el temprano uso de la aleación de cobre y arsénico
en el área centro-oriental de Catamarca (Pérez Gollán 1991; L. R. González
1994a, 2001), situación que coloca en discusión a los modelos del desarrollo
de la metalurgia planteados desde los Andes Centrales (p.e., Lechtman 1980: 296,
1996: 478; Bray 1991:59; Shimada 1994: 40-41; Lambert 1997: 182). De igual modo,
todo apunta a indicar que dicha área (ver Figura 1) fue el escenario de la
puesta a punto del bronce estañífero, en épocas tempranas y sin la intervención
de influencias externas (L. R. González 1994a, 1999; A. R. González 1998:
94-95; West 1994: 7; Hosler 1994: 179). No es casual que fuera en la zona
mencionada donde, al calor de las condiciones sociohistóricas que impulsaron el
proceso cultural que conocemos como Aguada, se establecieran las bases del
estilo tecnológico que caracterizaría la trayectoria de la metalurgia en los
siglos posteriores.
Si
bien el conjunto de los hallazgos de objetos metálicos Aguada, en particular en
los contextos funerarios del centro de la provincia de Catamarca, muestra un
variado repertorio de piezas de función utilitaria (agujas, cinceles, punzones,
pinzas), el grueso de la producción parece haber estado orientado a la obtención
de piezas ornamentales (A. R. González 1998: 367). Entre éstas, las más
llamativas son las placas, sobresaliendo por su relativa escasez (se conocen, al
momento, poco más de 30 ejemplares), la detallada ejecución de sus motivos
decorativos y la carga simbólica de la iconografía. Precisamente, son las
particulares características de los elementos iconográficos las que permiten
asignar la pertenencia a la tradición Aguada de las placas conocidas. No
obstante, la gran mayoría de estos objetos carece de registros sistemáticos de
hallazgo, lo que conlleva problemas serios a la hora de establecer procedencias
y evaluar la distribución espacial de los materiales. Por otro lado, muchas de
las piezas en la actualidad se encuentran aisladas en colecciones de América y
Europa, públicas y privadas, lo que dificulta tener contacto con ellas, sobre
todo para estudios que vayan más allá de las cualidades de su superficie.
Esta
circunstancia podría explicar, en parte, la escasez de datos disponibles sobre
las características tecnológicas de estos materiales. El presente trabajo se
orienta en tal sentido, dando a conocer la información obtenida en estudios de
laboratorio llevados a cabo sobre tres placas de la familia Aguada, dos de ellas
no publicadas hasta el momento. Estos estudios, enmarcados en un programa de
investigación más amplio acerca de la metalurgia prehispánica del Noroeste
Argentino (N.O.A.) y que es desarrollado desde hace varios años (L. R. González
1997; L. R. González et al. 1999; L. R. González y Vargas 1999), además de la
determinación de la composición de los materiales procuraron establecer los
procesos de manufactura de las piezas. Tal información constituye por sí un
avance en el conocimiento de la trayectoria de la tecnología en la región
pero, asimismo, aspira a contribuir a la discusión de las condiciones socio
históricas que rodearon a las actividades productivas.
Tecnología
metalúrgica y relaciones sociales
Los
estudios sobre la metalurgia del pasado se desenvolvieron durante décadas bajo
imperativos teóricos, implícitos o explícitos, enraizados en el evolucionismo
unilineal y el materialismo vulgar, con una visión sesgada desde la moderna
sociedad industrial. De tal modo, los esfuerzos de investigación mostraron una
marcada tendencia a establecer los "qué" y los "cómo" de
la tecnología, abordándola bajo el supuesto que su desarrollo respondió a una
lógica propia divorciada de las condiciones sociohistóricas en las que había
operado. No hace tanto tiempo desde que comenzaran a alzarse las voces que
sostenían que, tan importante como categorizar los materiales metálicos y
describir los procedimientos de manufactura, para una comprensión adecuada de
los comportamientos tecnológicos del pasado se requería atender a los
"por qué" subyacentes a tales comportamientos. Ello conducía a
considerar a la metalurgia como un fenómeno cultural, por lo cual el análisis
debía tomar en cuenta los valores, símbolos y actitudes sociales a la hora de
evaluar las elecciones técnicas puestas en práctica por los productores y el
desempeño de los bienes obtenidos (L. R. González 2001).
"Manufacturing
an object always involves accomodation between the properties of the material
from which the object is made and the object's design: the possibilities and
constraints any material precedents in handling versus how we want the material
to perform. The fact that the physical properties of natural material are
inmutable and invariant wherever they are found means that variations in the way
culture-bound practitioners manage these materials reflect cultural choices. Our
ability to identify culturals decisions and choices in the technologies behind
object production lies precisely in this regularity in the physics of matter"
(Lechtman 1999: 223).2
La
transformación de materias primas en artefactos, a través del trabajo humano,
implicó, por un lado, que estas materias transformadas fueron
"re-creadas" e incorporadas a un entramado cultural particular, con
una carga de significación específica. Por otra parte, el proceso productivo
entrañó relaciones sociales, de las que participaron productores y
consumidores y que estuvieron fundadas en concretas condiciones materiales de
existencia. En consecuencia, la tecnología fue mucho más que los recursos
disponibles y los procesos de transformación aplicados. Involucró, sobre todo,
contextos socioculturales que legitimaron y determinaron qué producir y cómo
hacerlo, así como el destino y las prescripciones de uso de los productos.
Lejos de responder a una evolución "natural", la trayectoria de la
metalurgia en el pasado estuvo determinada por una dialéctica entre la física
y la química de la producción, y los elementos superestructurales que
dictaminaron sobre el modo en que estos factores debían ser acomodados dentro
de la representación dominante del mundo y de la sociedad.
La
producción de bienes de metal, con justicia, ha sido considerada como la
actividad más compleja encarada por el hombre y cuyo desarrollo marchó codo a
codo con el aumento en la complejidad de las organizaciones sociales (Childe
1930 y 1936). De hecho, en el N.O.A., la sofisticación técnica aplicada y la
escala de las actividades pueden verse como una metáfora del surgimiento y
consolidación de organizaciones políticas en las cuales la desigualdad en el
acceso a poder y recursos fue institucionalizado y grupos minoritarios se
reservaron el control del capital económico y simbólico de las comunidades. El
auspicio y el control sobre la producción y distribución de bienes de metal
constituyeron herramientas estratégicas para fundar operaciones políticas y
económicas que apuntalaran la posición de las élites gobernantes. Pocos
discuten que las prácticas metalúrgicas requirieron la intervención, en algún
grado, de mano de obra especializada (Bronson 1996: 179), lo cual conllevó el
sostenimiento, a través de los recursos comunitarios, de grupos artesanales
variablemente desafectados de obligaciones relacionadas con las actividades
cotidianas (Tarragó y L. R. González 1996). Al mismo tiempo, la complejidad y
los requerimientos de la producción (energía en trabajo, movilización de
materias primas, habilidad y entrenamiento de los operarios) otorgaban a esas
elites, a través del control productivo, la oportunidad de desplazar a
eventuales competidores por los espacios de poder. De igual modo, la distribución
pautada de los bienes obtenidos podía aplicarse a redes de intercambio
extrarregionales que fortalecerían su posición dominante (Tarragó et al.
1997).
No
parece un dato menor, en tal sentido, que en el N.O.A. el énfasis productivo
estuviera volcado hacia bienes sin directa vinculación con lo práctico-utilitario
sino hacia aquellos cuya propiedad, uso y exhibición comunicaba posiciones de
prestigio y poder social. A partir de sus conexiones con los grandes temas míticos
del mundo andino (Lechtman 1991 y 1999), los metales eran materiales ideales
para resumir y potenciar una ideología funcional a los intereses de los grupos
de poder. El campo más fructífero para divulgar esta ideología era el
religioso, en el cual la vida cotidiana podía ser remitida a un orden cósmico
ahistórico e inmutable, naturalizando los liderazgos a través de su actuación
como intermediarios entre los comunes y las potencias sobrenaturales. Como otros
autores han señalado (Pérez Gollán 1986; A. R. González 1992 y 1998; A. R.
González et al. 2000; Bovisio 1994), las placas del Período de Integración (ca.
450-850 DC) materializaron los fundamentos de un universo mítico pan-andino
cuya manipulación fue clave en la fundación de las organizaciones sociales
complejas. Por tal razón, estas piezas constituyen uno de los más ilustrativos
ejemplos de la articulación entre el desarrollo de las bases productivas y la
superestructura político-ideológica inherente a aquella complejidad.
Las
placas Aguada
Los
objetos de que nos ocupamos reconocen antecedentes en piezas similares de
contorno oval, pero de mucha mayor simplicidad de manufactura (A. R. González
1992). Las placas del Período de Integración, momento histórico hegemonizado
por el fenómeno sociocultural Aguada, desde lo tecnológico evidencian la
introducción de por lo menos dos importantes innovaciones en el modo de
procesar el metal: por una parte, la preparación de la aleación de cobre y
estaño, y por otra, el empleo de un sofisticado método de moldeo, el de la
cera perdida. Se trata de piezas de mediano tamaño. La dimensión máxima
promedio se ubica en los 150 mm, aunque el Disco Hirsch I (Figura 2b) ostenta un
diámetro de 207 mm. Desde lo formal, los materiales conocidos fueron
clasificados de acuerdo a dos variables (A. R. González 1998: 99; A. R. González
et al. 2000): su forma y su decoración. En cuanto al primer aspecto, se
distinguieron los contornos circulares, rectangulares y los excepcionales. En
esta última categoría se computa una única pieza, la denominada Placa Ross
(Figura 2a). De acuerdo a la decoración, fueron reconocidos tres tipos: el
"Personaje de las Manos Vacías" (Figuras 2b y 2e), el
"Sacrificador" (Figuras 2c y 2d) y "Dos o Más Personajes"
(Figura 2f). En todos los casos, el tema iconográfico central es una figura
antropomorfa con distintas variantes, presentado de frente, con los brazos
flexionados a los costados, un adorno cefálico y ataviado con una túnica que
suele mostrar dibujos de escalonados, espirales y líneas rectas. En el caso de
El Sacrificador, de los brazos cuelgan hachas, cuchillos o representaciones de
cabezas cercenadas. Acompañando a la figura central suelen incluirse seres
zoomorfos, felinos, saurios o aves.
Es
sugestivo que, de acuerdo a los registros de hallazgos disponibles, una sola de
estas placas tendría como procedencia el área centro-oriental de Catamarca
(ver Figura 1), la cual podría considerarse como corazón del territorio Aguada
(A. R. González 1998: 236). De igual modo esta pieza, el Disco de Lafone
Quevedo (Figura 2e), procedente de Chaquiago (Lafone Quevedo 1890; Easby 1966:
74-76) y del tipo "Personaje de las Manos Vacías", es la más famosa
de la familia. La gran mayoría de las piezas fueron denunciadas en ámbitos más
distantes, en ocasiones fuera del N.O.A. Al respecto se propuso que, en el
pasado, shamanes itinerantes habrían trasladado los materiales como parte de la
política de difusión del culto religioso (A. R. González 1998: 100, 182). No
obstante, el centro de fabricación habría sido el N.O.A. (A.R. González 1992:
196 y 1998: 99, 169).

Figura
2. Placas Aguada: a) Placa de Beni; b) Placa Hirsch I; c) Placa del Musée de
l'Homme; d) Placa de Denver; e) Placa Lafone Quevedo; f) sin datos, en Scott
1998.
Antecedentes
de estudios
Como
se expresara con anterioridad, los estudios técnicos realizados sobre placas de
la familia fueron escasos. De hecho, hasta donde conozco, se publicaron sólo
tres. El primer trabajo exhaustivo fue efectuado hace poco más de una decena de
años (Biloni et al. 1990), sobre el mencionado "Disco de Lafone
Quevedo", un siglo después de su primera descripción (Lafone Quevedo
1890). De acuerdo a su ornamentación, se propuso que fue manufacturado entre el
600 y 700 DC. Acredita un diámetro en torno a los 11 cm y su espesor,
notablemente regular, es de unos 3 mm. En su cara decorada se advierte un
personaje central complejamente ataviado, con dos felinos de largas colas y
prominentes orejas sobre sus hombros y saurios a sus pies (Figura 2e). De
acuerdo a los estudios, la pieza es de bronce, con alrededor de 2.5% de estaño
y menos del 0.3% de arsénico (Emerich 1992: 214). La precisión de algunos
detalles decorativos y las características metalográficas sugieren que el
disco fue colado según la técnica de cera perdida (Easby 1966: 74-76), y
posteriormente, terminado con suaves pulidos y burilados.
Lechtman
(1991: 78) dio a conocer los resultados del análisis de la composición de una
placa circular que, de acuerdo a la ilustración que se presenta, sufrió
algunos deterioros. Es probable que la cabeza humana sobresaliente en el borde
superior se haya perdido por rotura y los rasgos decorativos del cuerpo de la
placa no aparecen muy nítidos. Se trataría del tipo "Personaje de las
Manos Vacías". La autora indicó que la pieza fue realizada por vaciado en
molde de cera perdida, a partir de la inscripción de las finas líneas que
forman los dedos de la figura central. En el análisis fue detectado cobre en un
97% y estaño en 1.31%, además de cantidades minoritarias de hierro, cinc, níquel,
plata y plomo.
El
restante estudio fue dado a conocer por Scott (1998: 101-102), quien indicó que
para la placa proviene del N.O.A, no hay referencias sobre el lugar preciso de
hallazgo ni de su actual depósito. La pieza, rectangular, con dos personajes
antropomorfos cuyas cabezas asoman por sobre el borde superior, pesa 87.80 g y
mide 84 por 51 mm, con un espesor en torno a los 2 mm (Figura 2f). Respecto de
su manufactura, se dictaminó que fue empleado el método de cera perdida. El análisis
químico arrojó la siguiente composición: cobre (88%), arsénico (0.8%), estaño
(8%), antimonio (2.7%) y trazas de hierro.
|