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Instrumentos
líticos y de metal utilizados
en
la manufactura de piezas metálicas
conservadas
en los museos.
Titulo: Instrumentos líticos y de metal utilizados en la manufactura de piezas metálicas conservadas en los
museos.
Boletín del Museo del Oro, Nº 44-45 de 1998
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-27
Creador: Banco de la República
Publicación digital en la página web
de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República.
Fuente:
http://www.lablaa.org/blaavirtual/publicacionesbanrep/
bolmuseo/1998/endi4445/endi08a.htm
Paloma
Carcedo de Mufarech
Pontificia
Universidad Católica del Perú
Abstract:
Research on the ancient metallurgical technology of the Central Andes usually
studies the difterent stages of the metallurgical process: the extraction of ore
from mines, the use of melting furnaces and workshops, the techniques used to
transform the metal into elaborated objects. Each stage of the process required
specific instruments, but these has been the object of few studies. A practical
experience with contemporary artisans, the analysis of toolmarks on ancient
pieces, and the experimental replication of pieces, provided the knowledge to
catalogue and understand the uses of different types of ancient metalworking
tools preservad in museums and private collections, mainly of the Museo de
Antropología y Arqueología de Lima. This research helps us to understand the
life of the pre-Columnbian artisans.

El
estudio del desarrollo de la producción metalúrgica andina puede enfocarse
desde varios puntos de vista: el estudio de la materia prima en sí, es decir, cómo
se presentan los minerales en la naturaleza, los tipos de menas, el trabajo en
las minas y en general todo lo que conlleva el proceso de extracción; la fase
de transformación de la materia prima en metal, con el estudio de los talleres,
áreas y hornos de fundición o el estudio de los objetos ya acabados y sus
procesos de fabricación; final mente el estudio se puede centrar en definir cómo
eran los trabajos de orfebrería y sus diferentes técnicas aplicadas a platería
y joyería.
Cada
uno de estos pasos forma un todo, de tal manera que entendiendo su desarrollo
podremos descifrar el desarrollo tecnológico que alcanzó una cultura. Resulta
entonces interesante estudiar estos pasos desde la perspectiva integral de la
cultura, ver de qué manera influyeron en la sociedad, cómo la producción
metalúrgica afectó las relaciones socioeconómicas y comerciales internas y
con otros pueblos, cómo afectó la ecología y el medio ambiente del lugar, el
intercambio de materias primas de ideas y tecnologías, a la vez que comprender
en qué consistían dichas tecnologías.
Para
entender la tecnología, en este caso metalúrgica, deben entenderse no sólo
sus diferentes etapas (extracción, transformación, elaboración) sino también
las herramientas utilizadas en cada etapa. Por ejemplo, el martillo pudo ser
utilizado tanto en la fase minera, para romper las rocas (por ejemplo los del «copper
man», encontrados en 1899 en Chile, Bird, 1975), como en la etapa de fundición
del metal, a manera de "mano" para romper las escorias de los hornos
de fusión en los batanes (Shimada, Epstein y Craig, 1982) o en los talleres de
artesanos, usado en diferentes técnicas como son el laminado o forjado (Lothrop,
1950; Carcedo, 1992). En cada ocasión el martillo es diferente de acuerdo con
su uso. De igual manera sucede con las toberas entre las cuales se encuentran
tres tipos: unas se usan para calentar las brasas en un horno y tienen ancho el
dueto de salida de aire (sólo se requiere mantener una temperatura que pueda
calentar piezas, moldes, en soles etc.); otras, mucho más pequeñas, tienen
como función dirigir el aire a una zona determinada del horno (parte de ellas
está dentro del horno y tienen duetos internos más estrechos); las últimas
serían las utilizadas por los artesanos joyeros para soldar y unir piezas metálicas,
siendo aún más pequeñas que las anteriores y con un canal de salida del aire
más fino, dirigido y preciso. Así una tobera variará (le forma, tamaño y
peso según la función que vaya a desempeñar: habrá toberas para calentar,
para fundir en hornos de fusión o para soldar en joyería. De igual manera habrá
hornos de calentamiento, hornos de fusión y fraguas de los talleres
artesanales. El diseño del instrumento es crucial para determinar su función.
Este principio se puede aplicar a la mayoría de las herramientas: cada paso
tecnológico, cada técnica requiere de un instrumental determinado.
A
pesar de que en las últimas décadas ha habido un avance sustancial en los
estudios de metalurgia andina, se ha hecho poco énfasis en el estudio de las
herramientas o instrumentos utilizados en las diferentes etapas del desarrollo
metalúrgico.
En
lo que respecta a la fase extractiva, el único ejemplo conocido es el de un
minero prehistórico encontrado en 1899 en la mina La Restauradora, al norte de
Chile, bajo un derrumbe de socavón o túnel poco profundo. Fue encontrado con
todo el instrumental que usaba en el momento del derrumbe (martillos, canastos,
cestas, etc.), lo que nos proporciona una buena idea de la tecnología empleada
por los mineros de hace 2.400 años. No obstante, hay pocos datos acerca de
minas antiguas, de su ubicación, de cómo eran trabajadas, de quiénes las
explotaban o cómo lo hacían.
Por
otra parte tenemos una visión bastante completa de la fase de transformación
del mineral en metal, gracias a los trabajos del doctor Izumi Shimada y su
equipo en la costa norte peruana, en el Cerro de los Cementerios (Shimada,
Epstein y Craig, 1982). Sabemos cómo serían los talleres de fundición y
forja, la forma de los hornos de fusión, el manejo de los recursos, de las
materias primas, el comercio, la distribución del trabajo, etc. Quizás de la
etapa de la que poseemos menos información es justamente la del trabajo de los
artesanos desde el punto de vista de las herramientas y del desarrollo del
trabajo mismo, aunque conocemos bastante bien acerca de las técnicas corno ei
dorado, plateado, uniones, etc. Es decir que a pesar de conocer bien las técnicas
del trabajo metalúrgico, no sabemos en realidad cómo se organizaba éste, cómo
se distribuía el trabajo entre los artesanos, cómo se asociaban entre ellos en
los talleres, dónde se ubicaban éstos, si existían diferentes rangos entre
los artesanos (por ejemplo, ¿joyeros vs. plateros?), si existía entre los
artesanos algún tipo de especialización profesional (por ejemplo entre
laminadores, bruñidores, cinceladores, etc.) pues ya en las crónicas se
menciona con cierta regularidad las claras diferencias que había entre los
plateros, los joyeros, los trabajadores del "hierro", del cobre, etc.
En
realidad es poca la información que tenemos acerca de los talleres artesanales
de joyeros y plateros, salvo algunos trabajos de excavación en los que se han
encontrado y documentado (Shimada, 1994; Topic, 1990). Lo mismo ocurre con la
literatura referente a los instrumentos o herramientas utilizadas por los
orfebres y plateros precolombinos y la forma de usarlas (Nordenskiöld, 1921;
Lothrop, l950; Bird, 1968; Bray, 1971; Grossman, 1972).
El
presente artículo pretende de alguna manera poner los ojos en los artesa nos
precolombinos a través del estudio de las herramientas y otros materia les
arqueológicos que se encuentran en diferentes museos y colecciones privadas, y
así descifrar cómo frieron llevadas a cabo algunas de las técnicas más
utilizadas en la antigüedad por los artesanos orfebres de los Andes Centrales.
Sólo nos fijaremos en algunos de los materiales líticos y metálicos
estudiados por la autora y veremos así de qué manera frieron usados en técnicas
como el laminado, el martillado, embutido, repujado, recortado, cincelado, bruñido
y satinado.
Durante
varias temporadas y como miembro del proyecto Sicán, la autora trabajó en el
taller de un artesano joyero de Ferrafañe, en el norte del Perú, miembro de
una conocida familia de artesanos que se distinguen por su habilidad en el
trabajo de joyería. Lo más importante es que este artesano utiliza
instrumental y técnicas antiguas, aprendidas o heredadas de sus antepasados.
Este trabajo permitió reconocer instrumentos que había en los museos y cuyo
uso se desconocía hasta el momento, como era el caso de embutideras, cinceles,
punzones, tases, etc. Uno de los aspectos más interesantes de la investigación
fue ver cómo las herramientas se parecían a las que se siguen utilizando en la
costa norte por los artesanos, de tal manera que la forma de algunas no había
cambiado a través de los siglos.
Martillado
y laminado
En
los Andes Centrales la técnica que primó sobre todas fue el laminado,
alcanzado los artesanos un altísimo nivel técnico. El laminado implica
no solamente un manejo extraordinario de los martillos, yunques o tases, sino
también de las aleaciones. Es tan importante saber qué martillo se debe usar
para dar un determinado grosor a la lámina, como saber qué tan dúctil es la
aleación y cuánto me permite estirarla, a la vez que le dé a la lámina un
determinado color en la superficie, el cual está vinculada al uso final de la
pieza. La aleación que se trabaja y el laminado están íntimamente unidos, de
tal forma que los orfebres debían calcular muy bien las cantidades y peso de
cada uno de los metales en la aleación, imaginar cuán grande podía llegar a
ser el objeto y hasta qué grosor podía alcanzar la lámina. Esto se
relacionaba además con el movimiento que el objeto pudiera tener, con su color,
con si debía o no soportar algún peso adicional como piedras, plumas, otras
piezas metálicas, etc. Como ejemplo extraordinario de esto tenemos un tocado
Sicán hecho de una tira continua de dos metros forjada con un ancho igual de
4.5 cm y un grosor de 0.15 milímetros (Shimada y Griffin, 1994).
De
esta manera, la técnica de martillado y laminado tal como se efectuó en los
Andes Centrales requería de una destreza singular. La mayoría de los objetos
fueron hechos a partir de una lámina de grosor y tamaño diferentes de acuerdo
con su uso posterior y con la técnica de deformación plástica utilizada. Por
ejemplo, si se va a hacer una lamina lisa que tenga que soportar el peso y
decoración de una máscara Sicán (Carcedo, 1990) o una lámina que se vaya a
transformar en un vaso alto Chimú con caras y tocados en alto relieve y narices
muy pronunciadas, o bien láminas decorativas en forma de lentejuelas livianas
como aquellas que hacen parte de un tocado Moche. También hay que tener en
cuenta la utilización de láminas en las uniones o ensamblajes mecánicos con
lengüetas, alambre o grapas, técnica también muy común en el Perú.
Finalmente tenemos los tratamientos electroquímicos como son el dorado y
plateado de superficies laminadas. Esta técnica se desarrolló dada la
importancia que las culturas andinas daban al color del metal, puesto que este
tipo de piezas transmitía una simbología religiosa. Se encuentran entonces
desde objetos minúsculos como cuentas o chapas hechas de láminas delgadas,
hasta coronas, máscaras o tocados que fueron hechos con láminas gruesas y de más
de un metro, con el fin de soportar algún adorno (lentejuelas, narigueras,
plumas, pedrería). Así, el peso, la decoración, la deformación plástica y
el color final eran aspectos muy importantes en el momento de decidir qué tipo
de lámina se iba a hacer.
El
laminado y martillado es una técnica que alcanzó un alto grado técnico en los
Andes Centrales (Carcedo, 1992). Pocas culturas han logrado alcanzar tal tamaño
y grosor de las láminas golpeando un lingote o trozo de metal con martillos de
piedra sin mango.

Foto
2

Figura
1. Lámina martillada con martillo de extremo liso y lámina martillada entre
cuero.
Esta
técnica consiste en ir golpeado un nódulo o pepita de metal sobre un tas o
yunque de piedra con un martillo o percutor también de piedra. En la Edad de
Piedra la transformación de un nódulo lítico en una herramienta empezaba a
hacerse por los bordes, y después se trabajaba la superficie. Se retocaban los
bordes y luego de un golpe salía la lasca del núcleo. Esta técnica usada por
siglos debió ser la que primero se empleó al trabajar el metal, pero al
golpearlo éste se deformó y estiró en vez de romperse. El metal se estira
golpeando la masa metálica por los bordes, se aplasta paulatinamente del
exterior hacia el interior, de la periferia al centro, obteniendo un alarga
miento del metal. Esto no sería posible desde el centro hacia afuera pues así
solo se conseguiría dejar marcado el golpe sobre la superficie sin lograr su
deformación correcta. De esta manera el artesano (Foto 1) va batiendo o
martillando la masa metálica y la va extendiendo o estirando a base de golpes
con un martillo de lados convexos inicialmente. El peso y tamaño del martillo
están en estrecha relación con el volumen, aleación, peso y tamaño de la
masa a batir (Figura 1). Esta acción va seguida por intervalos de calentamiento
necesarios cada vez que el metal pierde maleabilidad. Al martillar o batir las
piezas su microestructura sufre transformaciones cambiando de dureza y
ductilidad, por lo que el recocido se hace necesario uno o varias veces para
evitar que se quiebre la lámina. A partir de ahí empieza la fase de aplanar y
estirar el metal usando la parte plana del martillo contra la superficie plana
del yunque. Primero se hace un alargamiento longitudinal de la masa metálica
mediante el aplastamiento iniciado por uno de los bordes y produciendo luego una
doble deformación longitudinal y transversalmente, ensanchan do el metal
conforme se va adelgazando su espesor, hasta alcanzar el deseado (Figura 2 y
Foto 2). En este punto es interesante analizar que antes de saber calentar el
metal, éste fue utilizado en estado nativo, por lo que el artesano estaba
condicionado a deformarlo en frío.

Figura
2. Alargamiento y estiramiento de la lámina metálica con diferentes tipos de
martillos y efecto del golpe en la lámina
Martillos
y yunques
Podernos
mencionar el conjunto de martillos y yunque encontrados por Grossman en Waywaka
(Perú fechados en 1500 a.C. (Grossman, 1972). Mientras que el yunque, en forma
de hongo y de color verdusco, era la pieza más grande y pesada, los martillos,
de forma y tamaño parecidos, eran de composición y peso diferentes entre sí
uno era de basalto granular, otro de piedra terrosa de color plomo y el tercero
de cuarzo metamorfoseado, lo que sugeriría que podían ser usados en diferentes
fases del adelgazamiento del metal. De hecho se encontraron hojas de oro
asociadas a estos martillos que según Grossman eran tan delgadas como papel
para fumar.
La
utilización de distintos tipos de martillos se hace de acuerdo con las
necesidades del artesano. Posiblemente el artesano de Waywaka trabajaba con oro
nativo y el tamaño del tas y los martillos era suficiente para el tamaño de
las pepitas que martillaba. Si hubiese trabajado con lingotes el tas hubiera
resultado demasiado pequeño. Sin embargo la fecha del conjunto encontrado por
Grossman es muy temprana como para pensar en lingotes.
Las
diferentes necesidades del artesano nos ayudan a entender la variedad, tanto en
peso como en forma, de los martillos y yunques que se encuentran en la colección
del Museo de Antropología y Arqueología de Lima ( MNAAHP). En esta colección
hay además embutidores, matrices y cinceles, todos extraordinariamente pulidos
puesto que para el artesano es de extrema importancia el que no queden en la
hoja de metal huellas de herramientas que luego solo podría eliminar con
pulidores o elementos abrasivos.
Cuando
se martilla oro de gran pureza es posible lograr una lámina muy delgada sin
necesidad de calentamiento. Pude constatar esto con el orfebre de Ferrafañe,
que de una bolita de oro muy pequeña pero muy pura, sola mente por medio de
golpes y sin calentamiento hizo una lámina muy delgada, toda del mismo grosor y
de aproximadamente 8 cm de larga (Fotos 3 y 4). Para que esto sea posible se
necesita que el metal sea muy maleable, lo que no ocurre con las aleaciones.

Foto
3
Foto
4
El
artesano de Ferrafañe tenía dividido su taller en dos áreas bien definidas:
una techada en donde estaba su mesa de trabajo con todas sus herramientas, donde
repujaba, cincelaba, embutía, pesaba, etc.; la otra era el patio exterior semi-descubierto
donde tenía la fragua con los crisoles, unos para oro y otros para plata, un
instrumento de madera utilizado para estirar el metal y formar cordones o hilos
(instrumento que por otra parte parece no haber sido usado en la época
precolombina), como un trefilador. Además un tas de metal colocado encima de un
tronco de un árbol sobre el que hacía el primer laminado. La última fase del
laminado la terminaba en el taller.
De
acuerdo con los cronistas, los martillos usados tanto en Colombia como en Perú
y en otras partes de América no tenían mango, tal como se ve en las pinturas
murales de las tumbas egipcias. Esto hacía que el artesano no pudiera controlar
la intensidad del golpe. Garcilaso comenta así esta técnica:
|"Y
comenzando de los plateros decimos que, con haber tanto número de ellos y con
trabajar perpetuamente en su oficio no supieron hacer yunque de hierro ni de
otro metal... sírvense para yunque de unas piedras durísimas, de color entre
verde y amarillo; aplanaban y alisaban unas con otras; las tenías en gran
estima porque eran muy raras. No supieron hacer martillo de cabo de palo;
labraban con unos instrumentos que hacen de cobre y latón, mezclado uno con
otro; son de forma de dado, las esquinas muertas; unos son grandes cuando pueden
abarcar con la mano para los golpes mayores; otros hay medianos y otros chicos y
otros perlongados, para martillar en cóncavo; traen aquellos sus martillos en
la mano para golpear con ellos como si fueran guijarros"
(Garcilaso, 1609: Cap. XXVIII)
Datos
también muy curiosos nos proporciona Benzoni cuando describe los orfebres de la
provincia de Quito:
|"Había
muchos orfebres, que, pese a no utilizar ningún instrumento de hierro, hacían,
aunque de manera rudimentaria, cosas maravillosas... Cuando funden el oro y la
plata los meten en un crisol largo o redondo... luego lo sacan (el metal) y los
orfebres sentados en el suelo, con unas piedras negras expresan dispuestas y
ayudándose unos con otros, trabajan y hacen... lo que se les había
encarga" (Benzoni, 1989: 322-323).
También
Fernández de Oviedo cuando habla de los indios de Támara de Colombia dice: |"...
e tienen sus forjas e yunques e martillos, que son piedras fuertes; algunas
dicen que son de metal negro a manera de esmeril. Los martillos son coma huevos
o más pequeños, e los yunques tan grandes como queso mallorquín, de otras
piedras fortíssimas..." (Fernández de Oviedo (1478-1557), 1959).
Metalurgia e instrumentos de piedra
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