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Metalurgia en México Antiguo

Metalurgia en México Antiguo

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Metalurgia en México Antiguo

 

 

Fuente: www.difusioncultural.uam.mx

 

 

ÉPOCA PREHISPÁNICA 

Tiempos inmemoriales 

Para las primeras civilizaciones la belleza poseía un carácter sagrado, reflejaba la presencia de las deidades en la tierra. Creían que la materia y, sobretodo los minerales, habían sido creados por una inteligencia superior, por una entidad divina. Hacia el año 4000 a.c., ya se extraían la plata y el plomo, y mil años después, se lograba conseguir bronce fundiendo minerales de estaño. Asombrados por la naturaleza, los hombres buscaban el oro en el lecho de los ríos, en la arena de los torrentes, o bien, después de la lluvia, en las laderas de las montañas, brillando ante el sol como tesoros. Los herreros de la antigüedad trabajaron con temperaturas sumamente elevadas, al licuar los metales, podían vertirlos en moldes. En nuestros días es posible contemplar piezas de fabricación egipcia, o extraordinarias obras de artesanía en metal hechas en la India o en China. 

Los hombres de la Grecia clásica consideraban que los metales eran ocupados por genios volcánicos, los cuales tenían nombres. Crisón, el oro; Argirón, la plata; Calcón, era el dios oculto en el espíritu del bronce. Por su parte los chinos conceptualizaban al cielo como principio masculino, a la tierra como el principio femenino y, como enlace supremo, Venus era la estrella regidora de los metales. En los primeros años de la humanidad, ésta no conoció más que ocho metales: el oro, la plata, el cobre, el hierro, el estaño, el plomo, el bismuto y el zinc. El mercurio, único metal líquido a la temperatura ambiente, fue descubierto 300 años a.C. En la actualidad, se encuentran clasificados como metales, en la Tabla Periódica, aproximadamente el 67 por ciento de la totalidad de los elementos. 

La América precortesiana 

El oro es un sol enterrado en la tierra. Para los hombres de Mesoamérica, hablar con los dioses, era hablar con el mundo. Como la piel del cielo, la piel del jaguar estaba cubierta de estrellas. Atraídos por un imán irresistible, la luna y el sol se devoran la una al otro para crear la noche y el día. La ascensión de la pirámide era la ascensión hacia las divinidades. En el corazón del planeta latía cada metal y la belleza no connotaba un carácter utilitario. El Cinabrio (protosulfuro de mercurio) era el color para que las pirámides brillaran ante la mirada de los dioses; extraerlo era recibir los dones de la naturaleza, descender para buscarlo con Azadas, Anzuelos, Hachas o Punzones implicaba el conocimiento de los tesoros que guardaba la tierra. 

La naturaleza hablaba. Al pasar, el río contaba sus secretos, y los hombres lavaban las arenas para hallar el oro en forma de granos solares, como doradas gotas caídas del cielo. Al repujar (labrar con martillo) Penachos, Orejeras, Cascabeles, los antiguos mexicanos honraban a las inteligencias supremas. Trabajar los metales implicaba la realización de una ceremonia. Al adornarse de joyas, el sacerdote y la doncella adquirían los poderes para representar a los dioses en la tierra. Lo sagrado no tenía una vida secreta y la plata y el oro, el cobre y el estaño eran excrecencias del cielo y de la tierra. Los hombres, en lugar de servirse de ella, eran como los mayordomos de la tierra. Los metales eran tesoros extraídos de las entrañas de un cuerpo vivo, es decir, siempre eran preciosos, estaban cargados de religiosidad. 

Por ejemplo, en las costas del Perú y en la parte norte del Ecuador, hay datos que permiten aseverar que 500 años antes de nuestra era, el oro ya se manejaba en el Perú y, por lo que respecta al Ecuador, puede afirmarse que los metales se trataban y conocían desde el siglo I de nuestra era. Las iniciales técnicas metalúrgicas tocaron a Mesoamérica a través de las costas de Oaxaca, y ampliaron sus ondas de influencia en lo que hoy conocemos como las regiones de Guerrero y Michoacán. 

Con antelación a la era cristiana, ya existían explotaciones mineras en lo que actualmente se denomina distrito minero de Soyatal, en la Sierra de Querétaro. Antiguos habitantes de esta tierra obtenían allí la calcita (carbonato cálcico), el ya citado cinabrio (protosulfuro de mercurio), además de la inquietante fluorita, la plata y el plomo. Con denuedo, y apenas instrumentos de piedra, se excavaron grandes socavones e inmensas galerías. Algunos de estos trabajos se llevaron a cabo, con mucha intensidad, a partir del siglo IV a.C. con una duración de casi 2000 años. América y Europa no se habían encontrado, y aquí ya existían minas abiertas en la región del Balsas ¿qué instrumentos se utilizaban para tales trabajos en aquellos lejanos años? Se pueden mencionar entre otros, los martillos de diorita o de andesita, con mangos de madera, o bien se empleaban huesos excepcional y finamente afilados para extraer, actividad sumamente minuciosa, los minerales más puros de las fisuras de las rocas. También se inventaron y se aplicaron en la minería precortesiana cucharas de barro, obsidiana en forma de navaja y resistentes cuñas de madera para así romper la roca. 

Es una aventura penetrar en las entrañas de la tierra. Nuestros más viejos ancestros iluminaban los socavones, por medio de teas de ocote y fibras vegetales untadas con resina. Trabajos casi heroicos que requerían, para llevar los minerales a la superficie, de canastas, cuerdas y bateas de barro. Dado el perfil ritual de estas sociedades, su sentido religioso, su inclinación a intensas ceremonias, los metales servían para crear joyas, colorantes, afeites y utensilios de uso diario. Si la deidad principal era el sol en el centro del cielo, para estos hombres, el oro era un fruto luminoso y un legado de la tierra. La pasión por trabajar el oro fue una particularidad de los estados que actualmente conforman Guerrero, Oaxaca y Michoacán. Si fue muy arraigada la pasión por los metales, fueron múltiples las técnicas para tratar con ellos: rebaje, abierto, corte, relleno y torrefacción. Al que conocía los secretos para manipular el oro y la plata era denominado teucuitlahua “el que tiene en su poder la genuina excrecencia” y teucuitlapitzqui, “el que hace fundición de la genuina excrecencia”. 

EPOCA NUEVA ESPAÑA 

Los aventureros 

Al descubrirnos, se descubrieron. Antes de ser tocada, América había sido imaginada. Soñar es un privilegio de los hombres. Al cruzar la línea invisible que separaba el Mare Nostrum del Mare Ignotum, Cristóbal Colón se toparía con quienes jamás había pensado: Los Otros hombres. El y sus marineros llegarían en pos de las especias y de la Fuente de la Eterna Juventud, pero también encontrarían El Dorado, es decir, los grandes yacimientos de plata y oro que América ofrecía. 

Tierras de la abundancia 

Al descubrir América, los hombres que habían soñado con las tierras de la abundancia, o que habían escuchado hablar, en los distintos pueblos del Mediterráneo, de lugares tan fabulosos como Cipango y Catay, alguna vez descritos por Marco Polo, se asombraron de la extraordinaria potencialidad del Nuevo Mundo. La riqueza de lo que más tarde sería México, y de otros lugares de América, cambio el rostro de Europa. No fue fácil extraer tales riquezas, requirió, en múltiples ocasiones, de gestas heroicas y otras de actitudes arbitrarias. Mil años antes del encuentro con los europeos, los antiguos mexicanos ya manejaban con sabiduría los metales preciosos con los que establecieron una actitud simbólica. La conquista de la Nueva España trajo, entre otras cosas, una avidez, en ocasiones enfermiza, por el oro. Así, Hernán Cortés, sus huestes y quienes les siguieron, expandieron su presencia por los territorios donde había yacimientos mineros, especialmente los de plata y oro. Bástenos recordar que el suplicio de Cuauhtémoc es producto de la fiebre por los metales. Las primeras minas descubiertas se localizaron en Zacatecas, en 1546, es a partir de ello que la minería se vuelve el pilar económico de mayor importancia en la Nueva España. 

En la Nueva España 

Aunar voluntades, crear un tejido de relaciones productivas en torno a un centro: la producción minera, fue el punto estratégico de todo el periodo virreinal. En Nueva España, del siglo XVI, hasta los años nodales de los siglos XVII y XVIII, el territorio de lo que hoy es México se lleno de hombres dispuestos no sólo a explorar las profundidades del subsuelo, sino a manejar bueyes y mulas. Había que generar movimiento, que estos animales fueran la fuerza motriz de molinos y trituradoras. También, bajo el sol o la lluvia, a lo largo de llanuras, de bosques o escarpadas pendientes, servirían para transportar víveres y materias primas. En medio de los valles, junto a los ríos, surgirían regiones agrícolas y campos de trigo para abastecer centros mineros. Hay que imaginar la laboriosidad para extraer el carbón vegetal, imprescindible para mantener en funcionamiento los hornos y así fundir el cobre y el estaño. Nacerían, entonces, las haciendas, esenciales para la economía del siglo XVIII, y antes, entre los años 1610 y 1630, fueron las minas de Zacatecas las que alcanzaron los más elevados índices de producción. El oro y la plata se acuñaron en monedas y el empleo de la pólvora hizo aún más eficiente la extracción de minerales. Había gambusinos, que no nada más buscaban la sal, excelente substituto del azogue en la generación de plata, que llegaba a ser casi 100% pura. Para 1777 se habría de fundar el Real Tribunal de Minería que, a pocos meses de ser instituido, prestó al rey de España la cantidad de 300,000 pesos para la fabricación de dos navíos de guerra. Federico Sonneschmid, a la sazón el más prestigioso minero alemán, escribiría en su Tratado de Amalgamación en Nueva España: “Vine a enseñar y salí aprendiéndo”. 

Las primeras exploraciones mineras 

Las primeras exploraciones mineras en México datan del siglo XVI, con el empleo de métodos basados en el conocimiento y las técnicas que entonces eran corrientes en Europa. De llegar a topar con una veta, explotaban la mina hasta que se agotaba y entonces la abandonaban, pues nadie sabía si en las regiones vecinas podrían o no existir nuevos depósitos que bastarán para compensar las erogaciones requeridas para cavar al azar nuevos tiros, o para prolongar galerías ya existentes. Quienes se arriesgaban a hacerlo, lo hacían pensando que participaban en una lotería, jugando a la cual habían visto ganar grandes premios: el Conde de Valenciana dio con la mina de plata más rica que ha llegado a existir en el mundo (la famosa mina La Valenciana), el Conde de Regla vio coronadas sus expectativas por el éxito de las exploraciones emprendidas en la región de Pachuca y Don José de Laborda se topó con un rico filón en una abandonada mina zacatecana. 

Desde el Imperio 

Carlos III trazó un vasto plan para llevar técnicos y expertos que promovieran la minería en la Nueva España. Así pues, el 1 de julio de 1776, se originó una Real Cédula por medio de la cual se ordenó la erección en México de un Real Tribunal General de la Minería, autorizado para crear un banco de avíos cuyos fondos deberían ser aplicados al fomento de las minas y el sostenimiento de un Colegio Metálico. 

Pioneros 

Fue el importante jurisconsulto don Francisco Javier de Gamboa (1717-1794) quien comprendió que era necesaria una revisión del estado en que se hallaba la industria minera de la Nueva España, desde el punto de vista histórico, científico, legal y jurídico. Este importante personaje escribió sus Comentarios a las Ordenanzas de Minas (1761) que son un verdadero tratado histórico y técnico de la minería y del beneficio de los metales. Ello permitió que, para 1774, los propietarios de minas de la Nueva España solicitaran, para su mejor organización, que se creará un Tribunal de Minería. Pidieron, además, que se fundará en la ciudad de México un Colegio o Seminario Metálico con el propósito de preparar individuos para el laboreo de las minas, así como el beneficio de los metales, sobre todo para que los minerales pobres que de ordinario eran desechados, pudiesen ser aprovechados y que, en el beneficio de la plata, el empleo de mejores métodos, disminuyese su desperdicio. 

EPOCA VIRREYNATO 

El siglo XVIII, auge intelectual y auge minero 

Difícil y lleno de retos, a caballo entre dos sugestivos hitos del pensamiento occidental, dando un salto de la alquimia a la química, llevando como herencia, del siglo anterior la monumental soberanía de Sor Juana Inés de la Cruz o el afán de ilustración y altura renacentista de Don Carlos de Sigüenza y Góngora, y las aventuras de un pionero de la literatura dramática mexicana, Don Juan Ruiz de Alarcón, el siglo XVIII marca el gran progreso de la minería y las actividades agrícolas, el carácter luminario de la corte, en Nueva España, y el abandono de las poblaciones lejanas a la capital. El siglo XVIII, en el que la filosofía y la ciencia estuvieron en el centro de las preocupaciones intelectuales; Francia influiría en los estilos de sentir y de vestir. La aristocracia peninsular acentuaría su dominio sobre los criollos, se perfeccionaría la acuñación de monedas y la platería iba a pasar por un período de excepcional progreso. Más de 3,000 minas, sólo en Zacatecas, se hallarían en plena producción. Se pondrían en marcha otros usos para los metales, piénsese en la petrolería, en la herrería y en la fabricación de campanas. Minas de azogue serían halladas en Guadalajara y San Luis Potosí. Carlos III promovería reformas que reactivarían la industria minera y, sobre todo, Nueva España contaría con la presencia de intelectuales y hombres de ciencia de la estatura de Fausto de Elhuyar, en primer término e, inmediatamente después, con Don Andrés Manuel del Río. De rara inteligencia, con un claro sentido del desarrollo americano y europeo en lo tocante a la minería y, más que nada, un hombre profundamente estudioso, y con una excelente percepción de los requerimientos de la minería mexicana durante el siglo XVIII. Habiendo estudiado en París, Fausto de Elhuyar, quién nació en Logroño, España, y antes de cumplir los 20 años ya dictaba cátedra de minería en el Seminario de Vergara, en su país natal, viajó a Friburgo, ciudad que en aquel entonces era fundamental para la minería del continente europeo. Fue el propio gobierno de España quien le envió a recorrer las principales poblaciones de Europa, con el propósito de que Elhuyar aprendiera lo más posible de las novedosas técnicas de amalgamación. No había cumplido los 30 años, cuando Elhuyar obtuvo gracias a sus intensos estudios y trabajos, el ácido wolfrámico en estado de pureza (wolframio es el nombre técnico del tungesteno). Apenas contrajo matrimonio, Fausto de Elhuyar recibió el nombramiento de director general del Real Cuerpo de Minería de México. Entre sus obras cabe destacar Indagaciones sobre la amonedación en Nueva España. Otro contemporáneo de Elhuyar y que, junto a él, formaría generaciones de científicos mexicanos sería Don Andrés Manuel del Río, personaje de norme interés y que descubrió el vanadio (extraño elemento que puede encontrarse mezclado con algunos minerales, como la banadinita y la tescloizita, y el cual es reducido a un polvo gris-blanco y metálico). El siglo XVIII intelectual, científico y técnico, auge de ideas y auge material. La mina de la Valenciana produciría más que todas las minas de Bolivia y del Perú. Siglo de concentración de la riqueza, y que traería esplendor a las ciudades, en Guanajuato se levantarían los templos de San Diego y La Valenciana. En Taxco, Santa Prisca sería erigida por mandato de José de la Borda, un rico minero, quien patrocino dicha edificación, ejemplo mayor del estilo churrigueresco (los retablos del interior se cubrieron totalmente de fina hoja de oro). Paradójicamente, en el horizonte político y social aparecerían los primeros signos del movimiento de independencia. 

EPOCA INVERSION EXTRANJERA 

La independencia 

Año de convulsiones, 1821, es el fin de unos tiempos, y el comienzo de otros. Búsqueda de un modelo original para un país que regresaba a sus orígenes para entrar en el universo de nuevas instituciones. El combate no sólo era entre fracciones distintas sino entre ideas distintas. Primero la lucha entre monárquicos y republicanos, después entre centralistas y federalistas. La economía habría de atravesar por un largo vacío que, como es de suponerse, incluía a la minería. Si bien, los objetos de metal no iban a manufacturarse en tierras de la joven nación, cientos de casas se llenarían de preciosidades en metal traídas de los más curiosos lugares del orbe. Suntuarias, conmemorativas, o sencillamente caprichosas, las preciosidades del metal forman ya una parte inevitable de nuestro pasado, y de nuestro presente. La metalurgia despertaría de este letargo hacia mediados del siglo XIX. 

El Porfiriato, la Revolución, y el principio de la modernidad 

La revolución fue el descubrimiento de un país que, incluso para los propios mexicanos, era desconocido. Vasto y diverso, rico en diferencias y culturas y, al mismo tiempo lleno de semejanzas. A lo largo de los 30 años de paz porfiriana, la industria minera cambio de rostros, fue del centro al extremo norte: Mulegé, Cananea, Monclova, etc. En 1910, la producción de plata impuso una cifra excepcional: 2,300,000 kgs. Unos años antes la fundidora de hierro y acero de Monterrey llegaba a las 300 toneladas de fierro. Anécdota relevante: creyendo encontrar la ruta de la plata, Vázquez del Mercado, descubridor del cerro del Mercado padecería una frustración gravísima al percatarse de que su magnifico cerro era, diríase literalmente de puro hierro. Al avanzar la industrialización, en el porfiriato, a la tradicional productividad de oro y de plata, se añadiría la de plomo, carbón, mercurio, zinc, antimonio, etc. A pesar del crecimiento minero el país padecía grandes contradicciones de carácter social y las huelgas de 1906, de Cananea, en el ramo minero, y la de Río Blanco, en la industria textil, serían dos avisos de la inminente revuelta. Multitud de mineros se unirían al estallido y se provocaría una evidente disminución de la productividad minera. El regimen de Don Porfirio Díaz, de perfil liberalista, convoco a la inversión privada y extranjera, mayoritariamente francesa, norteamericana e inglesa. Con el advenimiento de la Constitución de 1917, habría un cambio de rumbo: el artículo 27 pondría el énfasis en que “corresponde a la nación el dominio directo de todos los minerales o substancias que en vetas, mantos, masas o yacimientos cuya naturaleza sea distinta de los componentes de los terrenos”. La Constitución de 1917 generaría nerviosismo entre los inversionistas extranjeros que eran mayoritarios en los rubros de la minería y del petróleo. Sin embargo, para 1923, se llevaron a efecto las Conferencias de Bucareli, entre México y Estados Unidos, en ellas se estableció el acuerdo de que no habría retroactividad en el artículo 27; se realizaron las negociaciones para atender reclamaciones e indemnizaciones. Por su parte, el gobierno de México adquirió reconocimiento internacional y, obviamente, estuvo en condiciones de iniciar la reconstrucción económica. Bajo las leyes fundadas en 1917, la actividad fue muy intensa en lo tocante al beneficio de la plata, el cobre y el plomo. Empero, por efectos de la gran depresión de 1928, en la industria de la plata hubo cierres y despidos. En el gobierno del General Lázaro Cárdenas se ofrecieron garantías adecuadas para el inversionista nacional, y sería 1935 el año de fundación de la Compañía Nacional Financiera y de Crédito Minero, S.A. Si bien la nacionalización de la industria petrolera traería como consecuencia el bloqueo internacional, ello también sentaría las bases de un desarrollo más pleno. ¿Cuál sería, entre otros rasgos, lo esencial de tal desarrollo? Estimular las exportaciones mineras, petroleras, agrícolas. Pese a los problemas del mercado mundial, la minería y el petróleo vendrían a ser claves para la nación. En 1961 se extendería, haciendo más atractiva la inversión extranjera, una nueva ley minera. Todo cambio, toda transición comprende duplicar y clarificar esfuerzos, del Porfiriato a los regímenes posrevolucionarios, México dio un salto cualitativo. 

EPOCA CONTEMPORANEA 

Nuestros días 

Los países son el resultado del esfuerzo y del ejercicio pleno y consciente de sus potencialidades. Hoy se sabe que el liderazgo comienza por casa y, al abrirse el panorama del siglo XXI, México está en una posición privilegiada para regresar, por la inteligencia y el esfuerzo de su gente, a los primerísimos planos de la minería y de la metalurgia a escala mundial. Es imprescindible aprovechar la coyuntura, apenas el 20% del potencial minero del país ha sido explotado. Los documentos permiten llegar a la afirmación: solamente la quinta parte de la población del mundo, y que habita en los países más avanzados, aprovecha las maravillas de los minerales. Algunos países de Europa padecen ciertos problemas respecto a sus reservas. En Asia, el Japón importa casi todos los minerales y metales que, hoy por hoy, emplea. Por otra parte, la mayoría de las reservas en minerales pueden hallarse en los países que, como México, se han colocado en el arranque de un desarrollo sostenido. Seguido por los Estados Unidos, México es el principal productor de plata en el orbe. 

A partir del inicio de los años 90, las inversiones en la minería mexicana alcanzaron los 2,100 millones de pesos. Entre canadienses, mexicanos y norteamericanos, durante la misma década, se manifestó un interés para proyectar en México más de 100 empresas dedicadas a la minería. Nuevas inversiones han incrementado la producción de hierro, fosfato, potasio y sulfuro. Para 1995, México había subido de la posición número 19 a la posición 17 en lo que se refiere a la producción de oro, siendo los estados de Sonora, Durango, Guanajuato y Baja California quienes detentan el liderazgo en producción, sin dejar de lado el ascenso que ha mostrado la producción de plata. 

Ya existe el Programa Nacional de la Modernización de la Minería de 1990-1994, con el cual se han pretendido lograr los siguientes puntos: seguridad jurídica, desregulación económica y simplificación administrativa. En un marco de retso, el principio de milenio puede convertirse en el principio de una nueva abundancia gracias a la explotación razonada de los minerales y metales. 

Modesto Bargalló: un pionero del siglo XX 

El mundo es para los pioneros, para los hombres que, tomando un riesgo, en cualquier orden de la vida, se atreven a pensar por sí mismos. Aventurero científico e intelectual Modesto Bargalló nacido en Cataluña, España, en 1894, y muerto en la ciudad de México 81 años después, fue un químico, físico y naturalista de sólido prestigio. Sin duda Modesto Bargalló ha sido uno de los más grandes estudiosos de la minería y de la metalurgia. Hombre de experiencia vital y libresca, publicó libros de gran importancia. La minería y la metalurgia en la América española durante la época colonial (1955), Las ferrerías en los primeros años del México independiente (1965), Andrés Manuel del Río y su obra científica (1966). Fue un excepcional maestro y en la hora actual sus viejos alumnos del Instituto Politécnico Nacional, lo recuerdan por su providad moral e intelectual. 

La América argentífera 

Se estimaba que en el siglo XVI, en toda Europa había, no más de 87,000 kg. De oro y 30,150 mil de kg. De plata. El descubrimiento de la gran América y sus venas argentíferas sorprendieron al mundo y giraron la moneda de al suerte. Para el siglo XVI, el Nuevo Mundo ofrendaba a sus conquistadores casi 700 millones de onzas de plata, aproximadamente la quinta parte de la producción histórica mundial de plata. 

Hablando en plata 

México ha producido entre los siglos XIX y XX, 6,966 millones de onzas de plata, cantidad mayor a toda la producción mundial hasta el siglo XV. Sólo hasta 1991, produjo el 23.7 por ciento de toda la producción histórica universal, colocándose así en el primer productor de plata. Hidalgo del Parral, Chihuahua y Mineral de Pachuca, en Hidalgo, han sobrepasado la producción de un billón de onzas Troy. 

DEL REAL SEMINARIO DE MINERIA 

El Plan Original 

Don Joaquín Velázquez Cárdenas y Don Juan Lucas de Lasaga fueron quienes prepararon un primer proyecto para la organización de un colegio que debería ser dirigido por un hombre sabio en las matemáticas y en la física experimental. En tal colegio se enseñarían aritmética, geometría, trigonometría y álgebra, así como hidrostática e hidráulica, areometría (ventilación de las minas) y pirotecnia (manejo de los explosivos en las minas). También se impartirían cursos de química, mineralogía y metalurgia, es decir, lo relacionado al azogue, propio de nuestra América. También se incluirían lecciones de dibujo. 

Desde Europa: Nuevas actitudes científicas 

En el continente europeo, los filósofos sostenían que el adelanto en las ciencias debía ser buscado por el camino del experimento. Las matemáticas, la mecánica, la física y la electricidad, hacía el siglo XVIII, habían progresado muchísimo. Los hombres de saber llegaban a la conclusión de que las ciencias naturales y la filosofía natural eran las partes más substanciales del conocimiento. Newton y Darwin le habían dado al hombre un novedoso lugar en el universo, haciéndole sentir que la mente humana era independiente de cualquier autoridad, y que los hombres podrían, por su esfuerzo propio ser capaces de progresar, de perfeccionarse y de ser dueños de sus destinos. Llegaba la hora del poder de la razón. 

La Enciclopedia, de Denis Diderot, publicada entre 1751 y 1777, configuró una nueva actitud frente al pensamiento filosófico y científico. Los lugares de enseñanza, como el Real Seminario de Minería, en la ciudad de México estarían sustentados en una educación menos metafísica y escolástica, y más positiva, con base observacional y experimental. Además, las nuevas ciencias cultivaban la economía política. El propósito: averiguar cuáles eran las causas y los obstáculos que se oponían al aumento de la riqueza material. El Real Seminario de Minería formaría parte de una política de fomento a la instrucción popular, basada en las más modernas concepciones científicas y filosóficas de la época. 

El Real Seminario de Minería 

El 1 de enero de 1792 es una fecha significativa para la industria minera de nuestro país, dado que se funda el Real Seminario de Minería, Colegio Metálico, o Colegio de Minería, cuya misión consistía en formar técnicos facultativos de la minería y de la metalurgia, fomentando así la industria minera de la Nueva España. En 1867, la mencionada institución fue transformada en Escuela de Ingenieros. Allí, además de las antiguas carreras de minero y metalurgista, se empezaron a impartir las de ingeniero, con las designaciones de mecánico, civil, topógrafo, hidromensor, geógrafo e hidrógrafo. 

El Colegio de Minería tenía 25 lugares para hijos de mineros españoles pobres, o de indios caciques, también daba instrucción gratuita a cuantos jóvenes la solicitasen. El Colegio tenía montadas máquinas de las usadas para las operaciones de la minería, destinadas a que los estudiantes se ejercitarán en su manejo. Los colegiales eran llevados por sus maestros a las minas para que se ejercitaran en ellas. Después de terminar su carrera, la cual era de 2 años, debían pasar igual tiempo en las minas para hacer en ellas su práctica. De resultar satisfactoria, se hacían acreedores al título de Peritos Facultativos de Minas Beneficiadoras de Metales. 

El Famoso Método de Patio 

De origen sevillano, hombre sorprendido por las maravillas de un continente apenas descubierto, Bartolomé de Medina, de extraordinaria inteligencia, capaz de transformar las circunstancias adversas y darles un rumbo positivo, fue el precursor, en 1555, del Método de Patio, un sistema de amalgamación cuyas raíces se remontaban a la alquimia medieval y a las formas de explotación minera acostumbradas por griegos y romanos. El Método de Patio, iniciado por Medina en la antigua ciudad de Pachuca, redujo considerablemente los costos y, a su vez, aplicándolo se lograban beneficios de metales de ley media o baja. 

Extraído el metal, se transportaba a las haciendas, las cuales se encontraban, por lo común, cerca de abundantes corrientes de agua, lo que permitía la puesta en marcha de molinos propulsores. En su extraordinario libro México de oro y plata, el catedrático José de Ruiz esparza nos habla de que, “en términos actuales se puede decir que el sistema de patio consiste en moliendas de las menas de plata con mazos o morteros y completando la pulverización en molinos o arrastres, amasada con los pies o por las bestias, la masa molida, humedecida, en mezcla con sal, mercurio y generalmente pintas de cobre (magistral) que actuaban como catalizador en tortas extendidas sobre el piso de patio abierto o de cobertizo; lavado con agua en tinas provistas de molinillo agitador para separar la amalgama de plata por calentamiento; y por último, desazogando o destilación de la amalgama, generalmente en aparatos llamados capellinas, con el propósito de liberar la plata y recuperar parte del mercurio.” Es notorio que, para su éxito total, el Método de patio dependía de condiciones favorables por lo que al clima respecta. El proceso podía llevar de dos semanas a dos meses. Una desventaja del importante sistema arriba descrito, era su natural necesidad de azogue, que era traído por barcos a nuestro continente. Tales barcos eran con frecuencia asaltados, en mitad del océano, por piratas. 

Mineros: Hombres iluminando las profundidades de la tierra 

Anónimos, individuos que se arriesgaban por alcanzar la riqueza, a veces trabajando hasta 18 horas diarias, o con el agua hasta la cintura, sufriendo la “ponzoña mercurial”, enfermedad que atacaba las articulaciones de los mineros que tenían un excesivo contacto con el mercurio. Los primeros mineros mexicanos descendían a los yacimientos y llevaban a cabo la extracción al mismo tiempo que desaguaban las minas. Aquél, no era tan sólo un trabajo manual, dado que las técnicas eran rudimentarias (no se acudía a la geometría, ni se consideraba el uso de la brújula) la intuición era preponderante y aquéllos mineros mexicanos seleccionaban los metales y los transportaban hacia la superficie. En múltiples ocasiones, después de los 100 metros de profundidad, a causa de las inundaciones era obligado abandonar las minas. Por ejemplo, en la ciudad de Pachuca, los iniciales trabajos mineros se realizaron a cielo abierto. Fuertes y decididos, en Taxco, nuestros precursores de la minería abrieron el socavón de Cortés; corría el siglo XVI, y hay testimonios de que alcanzaba los 90 metros de largo, y un hombre, montado en su caballo podía penetrar en él. En ese siglo, el sueldo de los mineros mexicanos era tres veces superior al de los mineros de España. Los más expertos en el dominio de su trabajo eran conocidos como barreteros, dado que empleaban barretas para extraer los metales, y ellos mismos, ayudados por peones que iluminaban el interior de las minas y les llevaban el alimento, eran los que abrían otros túneles, otras conexiones. Estos mineros trabajaban a muy altas temperaturas, excesivos el calor y el frío y, en infinidad de ocasiones, bajaban y subían escaleras de mil o más peldaños. 


De re metallica, de Georgii Agrícola 

Publicado en 1621, este valioso libro, uno de los primeros tratados escritos sobre metalurgia, contiene varias dedicatorias a varios príncipes alemanes y versos laudatorios de Jorge Fabricio que preceden al texto fechados en los años 1550 y 1551 respectivamente. Esto es importante señalarlo porque precisamente por esos años comenzaba la explotación minera en la Nueva España, razón por la cual las descripciones de Agrícola sobre las técnicas y procedimientos de metalurgia influyeron en la minería del Nuevo Mundo, acrecentando el valor documental del De Re Metallica. 

En el prólogo, redactado en un elegantísimo latín, el autor comenta las ventajas de la minería para acrecentar las riquezas de los príncipes a quienes dedica la obra, asegura que todavía en sus tiempos hay más riquezas escondidas bajo la tierra que las que se pueden crear o encontrar sobre la tierra. Compuesto por doce libros o secciones, en el primer libro refuta algunas opiniones contrarias a los metales o a la industria metalúrgica; en el segundo y tercero, Agrícola informa al metalúrgico ampliamente sobre cómo encontrar las venas o filones y de sus ramificaciones; el cuarto da razón del método para medirlas y describe las principales tareas del metalúrgico; el quinto señala la técnica para la excavación de las venas y la técnica empleada para medirlas; el sexto describe los instrumentos y máquinas propias de la metalurgia; el séptimo habla acerca de las pruebas a las venas; el libro décimo instruye a los interesados en la metalurgia sobre el método para separar el oro de la plata y el plomo; el onceavo señala los procedimientos para separar el oro del hierro o del bronce, y, por último, el doceavo libro, describe los pasos para hacer sal, nitro, azufre, betún, tinturas para calzado, vidrio, etcétera. 

¿Qué son los minerales? 

Hay que afirmar que son cuerpos formados a través de largos y complejos procesos inórgánicos de la naturaleza. Poseen una composición química extraordinariamente definida, si se han formado en condiciones apropiadas tendrán siempre una estructura molecular característica, la cual puede notarse dado sus tonos cristalinos, así como otras propiedades físicas. Si pensamos en los minerales, resulta muy propio comprender que un mineral es aquella substancia inorgánica y susceptible de ser extraida de la tierra para su utilización. Piénsese en las rocas, en cualesquiera de los metales, el carbón, el petróleo y el gas. Como es claro, los minerales deben tener una composición que sea expresable por medio de una fórmula química. 

¿Qué son los metales? 

Sin duda alguna, podemos decir que son substancias evidentemente opacas y fusibles; hay que advertir que resultan muy buenos conductores de electricidad y que se caracterizan por un brillo metálico. Casi todos vienen a ser maleables y pesados. Absolutamente todos, salvo el mercurio, son sólidos si se encuentran a temperaturas ordinarias. 

La metalurgia 

Ciencia inmemorial y arte insustituible de preparar, para su empleo, a los metales que provienen de las minas, haciendo la separación de su composición química o de sus mezclas mecánicas. Como su nombre lo indica, la metalurgia implica los diversos procesos de fundición, amalgamación, refinación, electrolítica, etc. Es básico señalar que la metalurgia es una actividad que se ocupa de la producción de materiales metálicos crudos. 

La metalurgia y sus procesos 

La historia del hombre, es la historia de quien aprende a transformarse a sí mismo y busca una relación responsable con la naturaleza. Desde los tiempos iniciales, el hombre ha establecido con los metales un camino de búsqueda y de encuentro, de ciencia, arte, trabajo y perseverancia. Así, ha inventado procesos y técnicas para conquistar la riqueza del subsuelo. La voluntad y la imaginación han sido vitales para hallar procesos adecuados en el beneficio de cada metal. Por citar sólo cuatro ejemplos, sin embargo esenciales, el hombre ha creado La Amalgamación, que es el procedimiento según el cual se recuperan el oro y la plata contenidos en un mineral molido, a partir de su aleación con mercurio, para después separarla por sublimación. Otro importante ejemplo vendría a ser La Electrólisis, que es el acto o proceso de descomposición química por efecto de una corriente eléctrica; o La Refinación, que en la metalurgia significa deshacerse de las impurezas de los materiales. No podemos dejar de citar La Fundición, que es el establecimiento donde los metales son fundidos. 

La revolución tecnológica trajo consigo aportaciones que, en la actualidad, han transformado y hecho eficientes los procedimientos metalúrgicos más diversos. Pongamos el caso de La Cianuración, que se aplica en la extracción del oro y de la plata que se encuentran altamente concentrados en diversos minerales, o bien finamente molidos. Se ponen, entonces, soluciones en extremo equilibradas de cianuro de sodio, o de potasio. Ya disueltos, la plata y el oro se depositan sobre tiras o polvo de zinc metálico. Después se lavan y funden produciendo las hermosas barras Doré. Otro procedimiento es La Clasificación, su nombre lo indica, es clasificar, por diferentes tamaños, mineral molido. Vayamos adelante y hablemos de La Sedimentación, ésta hace referencia al material de roca que no se ha consolidado, o que se encuentra fragmentado. Tal material viene a ser transportado y depositado, de manera muy fina, en capas, o en las llamadas estratificaciones. Otro proceso extraordinariamente puntual es La Molienda, por ella debe entenderse el grado de conminución del mineral ya molido. Por lo común, se expresa en el porcentaje que pasa por determinadas mallas en términos de pulgadas cuadradas. Y, por último, porque no hablar de La Flotación, ésta se basa en los principios de tensión química y coloidal, y otros relacionados, para separar minerales de la ganga que los contiene, haciéndolos flotar en burbujas de aire hasta derramarlos como concentrados para su realización. 


Ofelia Murrieta: Ritos antiguos, señales del pasado 
La presente exposición se trabajo a partir de fotografías y otros materiales gráficos de distintos sitios con pinturas rupestres del estado de Sonora y de Baja California. De estos lugares se tomaron imágenes representativas y, con ellas, se realizaron pequeñas piezas de plata montadas dentro de vitrinas que reproducen de manera libre y, en una reinterpretación lúdica, el entorno de donde fueron tomadas. Las piezas corresponden a figuras humanas, otras tantas a representaciones zoomórficas y algunas más presentan motivos abstractos, astronómicos y fitomorfos. 

Platera, poeta y artista; Ofelia Murrieta nace en Sonora y radica en México, D.F. desde 1967. Sus raíces provienen de la naturaleza, del dialogo que se establece entre el viento y los trigales del valle del Yaqui, lugar de chamanes donde aprende a amar la soledad, por mano de sus abuelos. La búsqueda de Ofelia Murrieta, tanto en los materiales, como en los temas se encuentra ligada a la pregunta de ¿Cómo se construye la identidad? 

Los metales: arte y artesanía 

La civilización no podría existir si perdiera el sentido de lo bello, porque la belleza es una de las más altas formas de la inteligencia. En la historia de México, los metales han estado ligados al espíritu de nuestra cultura, es decir, a nuestro temperamento y visión del mundo. Los metales forman parte esencial de los eventos sociales y los estilos de vida; en la indumentaria y en los accesorios para el arreglo personal: alhajeros, charolas de plata repujada, medallas troqueladas, o vestidos con bordados de hilo metálico. Combinando la fuerza con la sutileza, la hermosura con la funcionalidad, La Filigrana es la intensa, pero fecunda manera de unir, en un tejido único y esplendoroso, los hilos de oro y de plata. Es una técnica que tuvo su origen en la ancestral sociedad china y tocó las playas de nuestro país a través de la formidable Nao de China. Fueron también orfebres chinos quienes la enseñaron a orfebres mexicanos. Esa fínisima técnica alcanzó su mayor auge en el siglo XVIII. Ha sido tal su influencia que en Oaxaca y Chiapas se practica con indudable destreza y resulta asombrosa para propios y extraños. 

La técnica, palabra cuyas raíces se remontan a la antigua Grecia, Techné, significa la búsqueda y conquista de la perfección. En México, país de artistas y artesanos, además de la filigrana, se ha empleado El Dorado, que se basa en cubrir la superficie de los objetos de metal, de porcelana o de madera, con una capa de oro y así darles mayor realce y luzcan ante las miradas. Curiosamente, la plata es el metal que se dora con más facilidad. Son variados los métodos para dorar: Por aplicación, como su nombre lo indica, se basa en aplicar hojas de oro sobre la pieza o piezas seleccionadas. Este método es muy frecuente para dorar esculturas, barandales o marcos de madera. El Dorado a Fuego, resulta en extremo útil para dorar condecoraciones, se aplica en México desde principios del siglo pasado. Es la mezcla de oro, mercurio y cianuro, se adhiere por medio de intenso calor y se enfría al vacío, con una campana de cristal impidiendo la entrada del aire. El Dorado por Inmersión, se conseguía al sumergir las piezas en diluciones salúricas de oro, cianuro y amoníaco. En la actualidad es excelente para dorar el interior de los objetos. El Dorado por Electrólisis, la pieza o piezas son sumergidas en una tina de peltre, cuyo contenido es una dilución de oro, cianuro y agua. Para que el oro se adhiera se emplea, en directo, energía eléctrica. 

Otras técnicas también fueron desarrolladas por nuestros artesanos entre las que cabe resaltar El Repujado,el cual se ejecuta con martillo y cincel, con tales instrumentos se golpean planchas metálicas. El propósito: lograr figuras en relieve. Este procedimiento es muy adecuado en un metal como la plata, de hecho, hay extraordinarios ejemplos de este tipo de trabajo. Otra técnica es El Troquelado, idóneo en la acuñación de monedas, ¿cómo funciona? Se emplea un molde de acero, conocido como troquel, en el que previamente se han grabado perfiles, dibujos o leyendas. Acto seguido, se utiliza una máquina que funciona como una prensa. Así, tales perfile, leyendas y dibujos quedan impresos en una lámina metálica. Dado su carácter de producción en serie, no sólo se aplica a las monedas, con este sistema es posible hacer bandejas, cubiertos y otros objetos de metal. Dos técnicas con las que se pueden obtener objetos útiles y, al mismo tiempo, ornamentales son El Forjado, el cual es un sistema para el trabajo con los metales cuya función es moldearlos a partir del martilleo, así como de sucesivos y periódicos enfriamientos y calentamientos. Las planchas y las armaduras se logran empleando esta técnica. Por su parte El Calado puede aplicarse no sólo a los metales, también a la madera. Consiste para los primeros, en penetrarlo y cortarlos con troqueles, cinceles y barrenas, de tal manera que, a base de oquedades, van dibujándose en el metal figuras de la más diversa índole: pájaros, águilas, felinos, o bien, elementos de carácter vegetal. Así se realizaban, en Nueva España, los famosos estribos de cruz, de uso tan común en la etapa Virreinal. 

La riqueza como resultado del esfuerzo 

La riqueza de la naturaleza no es algo que sólo se encuentra, es imprescindible crear los medios tecnológicos para explotarla con racionalidad. México ha sido un país privilegiado en cuanto a su dotación de recursos naturales. En el siglo XVI, no pasaron más de 30 años desde la llegada de los españoles para que se emprendiera la explotación minera. Es y fue inusitada la riqueza de México en lo que se refiere a oro, plata y cobre. Las primeras minas que se trabajaron fueron las de Pachuca, Taxco y, más adelante, las de Zacatecas y Guanajuato. Sin embargo, es conveniente recordar que el hierro, el cobre, el plomo y el estaño no se explotaron con precisión y sistemáticamente porque el país carecía de una tecnología adecuada. Los metales requeridos para la elaboración de piezas que no fueran de oro o de plata eran importadas de España. Fue hasta el siglo XIX cuando México principió una faceta de industrialización y un crecimiento importante en lo que respecta al beneficio de los metales, aún cuando ya había sido descubierto el cerro del Mercado, en el estado de Durango, con una indudable riqueza de hierro. 

A lo largo del gobierno del general Porfirio Díaz, y a través de capitales franceses y norteamericanos, se llevó a cabo la explotación de las minas de cobre de Mulegé, en Baja California, así como en Nacozari y Cananea, todo lo cual habría de satisfacer las necesidades de la industria eléctrica. 

Los metales y el trabajo 

Para crear el mundo es imprescindible, en primer término, imaginarlo. El desarrollo es producto de un esfuerzo, equilibrado, constante. El hombre inventó el trabajo y, a su vez, el trabajo ha transformado la condición humana. La historia de México está íntimamente ligada al empleo de instrumentos de metal. Por ejemplo, en las tareas del campo es común el uso de azadones, machetes, arados y tractores. En nuestro país, una tradición arraigada a las faenas rurales es la charrería. Son notorios los trajes y sombreros bordados, las botonaduras de plata y las espuelas de acero o hierro forjado. La silla de montar está elaborada con múltiples elementos metálicos que forman parte del estribo, la brida y, por ejemplo, la cabezada. La manga, como los estribos en cruz, se fabrican a base de hierro forjado y calado. 

Casa de Moneda 

Los grandes acontecimientos de la historia comienzan cuando los hombres se reconocen e intercambian sus respectivas formas de vivir y reinventar, todos los días, sus estilos de pensar, de sentir y de crear sus sociedades. En un principio, no había monedas con un valor fijo y el intercambio de enseres y mercancías se llevaba a cabo por medio del trueque. Más adelante, al ensancharse el mundo con el contacto de las diversas y ricas culturas de nuestro planeta fue imprescindible establecer valores fijos. En Asia y Europa, con el propósito de realizar transacciones comerciales se emplearon cereales. En la América prehispánica se extendió el uso del cacao y de los granos de oro, las piezas de estaño, e incluso de telas de algodón. Al encontrarse América y Europa, en el comercio se utilizaron tejos de oro y plata, los cuales se distinguían por llevar el sello real. El 11 de mayo de 1535, doña Juana de Castilla -conocida popularmente como Juana la “loca” por su desproporcionado y ferviente amor a su marido, Felipe el “hermoso”- decretó la fundación de la Casa de Moneda de la Nueva España. Se le conocía como la Fundición y se encontraba al poniente de lo que hoy es el Zócalo. Ligadas al florecimiento de la minería, las casas de Moneda de México y Perú pasaron por un largo período de auge. En Nueva España llegaron a acuñarse más de dos millones de pesos en monedas de oro y plata. Para la época, la cifra es indudablemente extraordinaria. En el año de 1536 se emite la primera moneda mexicana, en los ambientes populares se la llamaba “Carlos y Juana” por Carlos V y Juana la “loca”. En los siglos XVI y XVII, a golpe de martillos, a veces certeros, en condiciones técnicas bastante irregulares, se fabricaban las “macuquinas”, hermosas monedas redondeadas con imperfección pero con sabiduría artesanal. Siglo de vaivenes, al mismo tiempo que de fértil actividad intelectual y científica, el XVIII verá el nacimiento en Europa de la prensa de “Tornillo”, de tal manera que en México se hizo realidad la acuñación de una moneda con valor universal y extremadamente bella. La gente la bautizo como “columnaria”, por llevar, en uno de sus lados, uniendo al viejo y al nuevo mundo, las columnas de Hércules. Para 1732 en la entonces ciudad de los Palacios, se inauguraría, en la que fuera la calle del Arzobispado, una nueva Casa de Moneda. Esa magnifica obra de arquitectura es hoy el Museo Nacional de las Culturas. 

Respaldadas por su pujanza, las monedas acuñadas en México en los siglos XVIII y XIX tuvieron gran éxito en los países de oriente como la India, China y Japón. Consumada la victoria del ejercito trigarante, en el umbral de una década, en 1823 aparece en las monedas –abriendo las alas en señal de victoria-, el águila republicana, símbolo de un México colocado en un parteaguas, en el fin de un tiempo histórico y el principio de una era más joven y, por ende, cargada de esperanza. 

El acero: Símbolo de pujanza 

Buscando erigir ciudades, construir puentes y barcos, tender vías de ferrocarril, hacer escaleras y ascensores, el hombre creó el acero, un excelente metal cuya obtención se realiza a partir del hierro, el cual se encuentra en abundancia y su beneficio es realmente sencillo. Los expertos consideran acero al hierro con un contenido entre 0.03 y 2.5 por ciento de carbono. El acero es símbolo de una economía pujante. Con acero se fabrican multiplicidad de objetos: una complicada plataforma petrolera, armas de fuego, instrumental quirúrgico, e incluso broches para vestidos. Para hacer el acero se usan altos hornos, los cuales alcanzan hasta 35 metros de altura, equivalentes a un edificio de más de 10 pisos, con temperaturas de 1400 grados centígrados. Para los fabricantes de acero “chatarra” no es un término peyorativo, dado que con este material es posible lograr aceros especiales y de muy estimable calidad. De larga historia, en Europa, desde el siglo XIV se usaban los altos hornos, aunque mucho más pequeños que los actuales, apenas tenían 8 metros de altura. 

 

 

Ingeniería Metalúrgica

La Ingeniería Metalúrgica es la actividad enfocada a la selección y operación de los procesos de manufactura, que comprenden las áreas de conocimiento de metalurgia extractiva, - no ferrosa y siderúrgica - , metalurgia química, metalurgia física, los procesos de refinación por electrólisis , la fundición , la soldadura y la metalurgia de polvos; el establecimiento y operación de métodos de control de calidad de materia prima , procesos y productos terminados; la protección de estructuras y partes contra la corrosión y oxidación por medio de la aplicación de técnicas de protección electrolítica y por medio de recubrimientos metálicos ; la selección de materiales y el análisis de fallas. 

Metalografía 

Diversos materiales son usados en la vida diaria: en el vestido, la vivienda, el transporte, las comunicaciones, etc. La elección apropiada de los materiales es importante para garantizar que los objetos sean seguros, razonables, de buen aspecto y que funcionen correctamente. La tecnología y los nuevos productos necesitan de nuevos materiales y mejores maneras de procesarlos. El ingeniero tiene la responsabilidad de seleccionar los materiales apropiados, diseñar nuevos materiales y desarrollar procesos nuevos. 

Los metales importantes en ingeniería incluyen el acero, fundición de hierro, aluminio, cobre y otros. Los cerámicos son materiales tales como el vidrio, concreto, ladrillo, etc. Los polímeros incluyen materiales tales como los plásticos. Otros materiales tales como las telas naturales. 

El estudio de las características microestructurales o de constitución de los materiales ingenieriles es muy importante debido a que estas se relacionan con sus propiedades físicas y mecánicas. Para ello se utiliza la metalografía. 

La Metalografía es la técnica de observar las microestructuras de los metales. El procedimiento depende de la aleación, la manera en que fue procesada y lo que uno desea ver. Sin embargo, la idea general consiste en seleccionar una área particular de la pieza del metal a observar, y limpiar dicha superficie metálica por medio de lijado y pulido. Se usan ácidos sobre la superficie del metal para mostrar más claramente los aspectos microestructurales tales como los cristales y las fases. Finalmente se usa un microscopio metalográfico para observar los detalles de la microestructura.

 


 

 

 

Joyería Autóctona de México


Texto: José Herrera
Fuente: www.uv.mx


PLATERÍA Y ORFEBRERÍA 

Algunos especialistas aseguran que en la cultura de los Andes, en Perú, hay vestigios que demuestran el uso del oro hacia el siglo VIII a.c. Por lo que respecta a Mesoamérica, el uso del oro, el cobre y la plata fueron conocidos antes de la llegada de los españoles. Fray Bernardino de Sahagún hace una detallada descripción del arte de los orfebres que amartillaban el metal con piedras, hasta dejarlo en laminillas, que después eran esculpidas en relieve con pequeñas piedras puntiagudas. 

Para la Corona española, la Conquista fue un milagro, ya que le permitió enviar oro y plata a la península como los principales materiales de exportación. Por otro lado, la búsqueda y explotación de las minas fue la principal preocupación de los encomenderos españoles, autoridades civiles y religiosas e incluso de cualquier inmigrante europeo. Todavía más, el oro y la plata que los indígenas tenían en su poder fueron fundidos durante el reparto del botín lo que impidió que se conservaran testimonios de la joyería mesoamericana, excepción hecha de de las piezas rescatadas en la Tumba 7 de Monte Albán, Oaxaca. 

El orfebre mesoamericano conocía las dos formas de trabajar los metales: la fundición y el labrado, y había desarrollado para entonces la técnica conocida como “cera perdida”, también detallada por Sahagún, y de la cual haremos una descripción detallada más adelante. 

Con la presencia del colonizador español apareció un nuevo estilo de hacer joyería, pero durante los primeros años del virreinato los joyeros y orfebres españoles trataban de impedir el trabajo de los indígenas, ya que éstos lo aprendieron con rapidez, bajando los costos sobre todo para la comunidad religiosa que quería sus obras cada vez más rápidas y baratas. Inclusive en 1527 una cédula real prohibía dar trabajo de joyería a los “indios plateros de esta Nueva España…so pena de perdimiento de todos sus bienes…o destierro perpetuo…” 

No obstante la platería tuvo un desarrollo extraordinario durante el virreinato, lo que se confirma con la presencia de notables obras que todavía se conservan, como la custodia de la Catedral de Puebla de los Ángeles, conocida como “La Torrecilla” de la que Rubín de la Borbolla afirma está “…toda cincelada, de tres metros de altura, con treinta columnas, cuarenta y dos bajorrelieves con escenas bíblicas; treinta y tres estatuas de patriarcas, ángeles y santos.” 

Así el trabajo de la joyería, al igual que otras manifestaciones del arte popular de México, es una manifestación más de la fusión de las culturas mesoamericana y española. En este contexto, a continuación se destacan los ejemplos más importantes de la joyería en el México actual, arte diversificado tanto por su origen como por sus variantes técnicas, por lo que hemos de describir inicialmente algunas de éstas para mencionar, posteriormente, los principales centros y sus variantes en la producción. 

Cera Perdida. Es la técnica que se conoció desde Mesoamérica hasta Los Andes antes de la llegada del conquistador europeo. Consiste en modelar la figura sobre un alma de barro y carbón ya seco para que la mezcla no se enjute al secarse, se cubre con una capa delgada de cera en la que se detalla la pieza; Una gran aportación a las técnicas de joyería es el agregado de copal finamente molido, con que se mezclaba la cera. Se deja un orificio arriba por donde entra el metal licuado y unos pequeños orificios abajo por donde saldrá la cera, el copal se volatilizaba al contacto con el metal caliente haciendo más fina la pieza. 

Filigrana. Técnica que consiste en armar las piezas de oro o plata utilizando los alambres del metal, dispuestos en diferentes espacios marcados por una armazón. Se hacen aretes, collares, pulseras, cruces, relicarios y piezas de ornato como carruajes antiguos, barcos y construcciones religiosas. 

Falsa Filigrana. Se conocen tres formas: a) Con finos hilos de algodón se enredaba la pieza al fundirse a la cera perdida, dando la apariencia en el objeto terminado de estar cubiertos por finos alambres enroscados. b) Filigrana sobre chapa, se dibujaban con alambre intrincados diseños sobre la pieza a moldearse y se calientan, previamente fijados, para soldarse. C) Filigrana de remates, método en el que se colocan alambre retorcidos haciendo las figuras exteriores de algunas piezas, se fijaban con liga a la pieza ya trabajada y se procedía a calentar para pegarlos. 

Escarche. Técnica que consiste en armar las alhajas con pequeñas unidades denominadas “escarches”, que son piecesitas formadas por tres partes: una argolla pequeña llamada “asa”, una rosquita de alambre torcido en forma de tornillo que se coloca sobre el asa y unas esferitas que coronan la parte central de la rosquita. Se usa en aretes y prendedores. 

Granito. Variante del “escarche” que se forma también con las mismas piezas y unidades, pero con la diferencia que las piezas del granito llevan rueditas de alambre torcido sobre sí mismo, en lugar de las rosquitas de alambre torcido en el “escarche”. 

Cartoneado. Técnica que consiste en dar la forma a la pieza con un alambre de oro aplanado. Las piezas se arman o acomodan sobre un cartón de asbesto y allí se sueldan. Se utiliza en la elaboración de aretes y adornos que se aplican a las monedas o a las antiguas insignias militares o religiosas 

Vaciado. Técnica que se utiliza para elaborar copias de medallas o monedas llamadas “escudos”. Se obtienen vaciando oro en moldes de ceniza que reciben el nombre de “cajas”. Se hace en moldes abiertos o cerrados. 

Pavonado. Tratamiento que se da a las piezas de hierro o acero, pero también a las de oro y plata, para preservarlas de la oxidación o darles un aspecto viejo o antiguo. 

Esmalte. Técnica para pintar con vidrio molido la plata y el oro que han de utilizarse en la joyería de filigrana. 

Laminado. El metal compactado por fundición se aplana con un martillo consistente en piedras planas. Actualmente se lamina pasando el metal por una prensa de rodillos. 

Cincelado, Grabado y Troquelado. Técnicas auxiliares que complementan el “escarche” o el “esmalte”. Sin embargo estas técnicas pueden ser el principal recurso para la creación de una pieza. 

Soldadura con soplete de boca. Soldadura que se aplica soplando a través de un tubo. Antiguamente se utilizaba en todo proceso de platería, pero actualmente sólo se usa para soldar cadenas o soguillas. 

Una vez habiendo conocido algunos de los elementos generales de las técnicas de producción joyera, mencionaremos los centros productores más importantes del país, iniciando con la ciudad de Tasco, en el estado de Guerrero, que ya desde la época prehispánica figuraba en la matrícula de tributos de Moctezuma como contribuyente con “ladrillos de oro”. Posteriormente, en el siglo XVI, se convirtió en la ciudad de la plata por excelencia y conserva, hasta la fecha, la tradición de tener notables orfebres que además han evolucionado en las técnicas, las formas y los diseños. 

El actual auge de la joyería y la orfebrería en Tasco se debe, en parte, al impulso que le dio desde 1920, el norteamericano William Spratling, quien creó toda una escuela con sus diseños, que más tarde maduraron con el trabajo de numerosas familias de plateros, entre las que destacan los Castillo, Pineda y Ledesma, por sólo mencionar a los más importantes. 

En nuestros días, además de las técnicas tradicionales como la filigrana para la elaboración de joyería, así como las formas tradicionales y las copias de diseños prehispánicos o piezas inspiradas en ellos tanto para la joyería como para la orfebrería, se recrea y revitaliza una nueva escuela con piezas de metales “casados” (cobre, latón y plata), en acabado mate o brillante, utilizando también hermosas combinaciones con piedras semipreciosas como amatista, turquesa, obsidiana, lapislázuli, ópalo y malaquita. Asimismo se usa la concha de abulón (concha nácar) y las maderas finas como caoba, ébano y palo de rosa que, combinados con la plata, crean auténticos mosaicos en piezas ornamentales o de uso suntuario. 

Algunos especialistas, sin embargo, consideran a otro norteamericano, Frederic Davis, como el auténtico precursor de la joyería moderna mexicana. Alfonso Soto Soria, destacado diseñador y museógrafo, afirma: “Davis pudo reunir, entre los años veintes y treintas, la colección de arte popular más importante del país...organizó en el Palacio de Iturbide de la calle de Madero una tienda para la venta de productos artesanales…”, contratando joyeros capitalinos para diseñar una línea con temas vernáculos pero con los estilos de la época. En 1933, Davis se asoció con Frank Sanborns, dando fuerte impulso a la platería con nuevos diseños tanto en la joyería como en la orfebrería a través de sus establecimientos comerciales. 

No menos destacada ha sido la actividad platera en el estado de Yucatán, en el que existen por lo menos 15 poblaciones dedicadas a la joyería, sobresaliendo el número de talleres filigranistas en la ciudad de Mérida. Es importante destacar que muchas de las tendencias y técnicas de trabajo tienen raíces coloniales que se preservan gracias al trabajo de los plateros campesinos. Allí se elaboran piezas reconocidas como los aretes de abanico, los de flor de granada, los ramilletes, las calabacitas, los rosarios y cruces, así como las carrozas –regalo de bodas como símbolo de prosperidad- en filigrana; las veneras, las insignias religiosas y los engarzados en la técnica de grabado; las medallas y los escudos en vaciado; las flores de lis, las estrellas, los pavos reales, las pulseras con pájaros y flores, en esmalte. 

La joyería tradicional tiene excelentes ejemplos en el estado de Oaxaca. En Etla, Tehuantepec y en la capital del estado, se producen arracadas, aretes, collares, pulseras y cadenas de filigrana de oro, a veces adornada con perlas, cuyos elementos decorativos son flores y pájaros. 

En la ciudad de Oaxaca se elabora una joyería de oro y de plata dorada con la técnica de la cera perdida, con réplicas de las joyas mixtecas encontradas en las zonas arqueológicas, destacando la tumba 7 de Monte Albán. Divinidades prehispánicas, especialmente Xipe Totec y reproducciones del chimalli, o escudo de plumas; además se reproducen danzantes de la región y figuras zoomorfas como tortugas, gallitos, ranas y búhos. 

En ese mismo estado, se produce la original cruz de Yalalag que se transmite como regalo de madres a hijas durante el matrimonio. Es una cruz de plata fundida y repujada a mano, de cuyos brazos penden otras cruces más pequeñas y una más en el extremo vertical. En ocasiones se sustituyen las cruces por vírgenes y en otras la cruz principal tiene un corazón en el centro. Son también notables las cadenas que sirven de juego a esas cruces. También de plata se hacen unos anillos conocidos como de “tres manitas” cruzadas que, al abrirse, muestran un corazón. 

En las ciudades de Oaxaca y Tehuantepec, en el estado de Oaxaca, al igual que en Puebla, Pue., se producen los “milagros” en oro o plata fundida y detallados a mano, pero los hay también de alpaca y lámina. Se trata de pequeñas piezas, cruces, cristos, santos e, inclusive, piernas o brazos humanos, que representan el agradecimiento de los feligreses por la curación de una parte de su cuerpo, por la obtención de bienes materiales o por otros beneficios espirituales, que se cuelgan cerca de los santos de quienes se ha recibido el milagro. El ingenio de estas pequeñas obras populares demuestra la capacidad del diseño y técnica de sus creadores. 

En Michoacán, destaca la joyería de filigrana y laminada en oro de Morelia y Huetamo. En Pátzcuaro, existe una bella tradición de joyería de plata, aretes, collares y pulseras, con los motivos del lago: pescadores, peces, lanchas, etc., son piezas de molde, acabadas a mano, bellamente cinceladas lo que les da diferentes texturas. La cadena va engarzada con cuentas de coral. 

En las ciudades de Iguala, Altamirano y Ameyaltepec, en el estado de Guerrero, se produce joyería tradicional de filigrana en oro. 

La joyería tradicional, ya sea de oro o plata, se produce en diversos lugares de la República como Papantla, Ver.; Tehuantepec, Oax.; Mérida y Valladolid, Yuc.; Campeche, Camp.; Atlixco y Puebla, Pue.; Iguala, Gro.; Morelia y Huetamo, Mich.; San Luis Potosí, SLP; Guadalajara, Jal.; y Guanajuato, Gto., en donde se elaboran arracadas, prendedores, collares, pulseras, etc., en filigrana con decoración de flores y pájaros. 

En Amozoc, Puebla, se conserva un arte de excelente calidad y gran tradición: el acero forjado, cincelado y pavonado, con incrustaciones de plata. Técnica con la que se hacen arneses, estribos, tejas para fustes y chapetones para las cabalgaduras, espuelas y botonaduras para los trajes charros, hebillas, cuchillos, cachas para pistolas, aretes, broches, etc. 

La recesión económica ha impactado la producción de la joyería en México, sin embargo actualmente se hacen enormes esfuerzos en varios estados de la República por rescatar, preservar o innovar, en su caso, las artes de la joyería y la orfebrería. Se destacan por este esfuerzo los siguientes talleres: en Tlaxco, Tlaxcala, en donde se rescataron los diseños de joyas de los siglos XVIII y XIX, volviéndose a trabajar la técnica de cera perdida en piezas que originalmente fueron de oro y que actualmente se trabajan en plata: cruces, aretes, pendientes, prendedores, con temas de la naturaleza: pájaros y garzas; granadas, uvas y hojas de parra; rosas y margaritas. 

Por su parte, el centro platero de Zacatecas inició sus actividades en 1988; la intención fue la de desarrollar un proyecto de nueva joyería y orfebrería, toda vez que esta ciudad, no obstante haber sido una de las principales productoras de plata de primer orden durante la Colonia, sólo producía objetos religiosos. En la actualidad ya se cuenta con una línea de producción y estilo propios. Finalmente cabe mencionar los esfuerzos que el Gobierno de Veracruz a través del Consejo Veracruzano de Arte Popular, está haciendo para reactivar la joyería en plata de Xalapa, en donde se trabajan diversas técnicas y nuevos diseños basados en los sellos prehispánicos del antiguo México. 


BIBLIOGRAFÍA. 

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Metalurgia en México Antiguo

 

 

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