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Fundición tradicional campesina en la costa del Ecuador
Titulo: Fundición tradicional campesina en la costa del
Ecuador
Boletín del Museo del Oro, Nº 43 de 1997
Edición original: 2005-05-27
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-27
Creador: Karen E. Stothert
Publicación digital en la página web
de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República.
Fuente:
http://www.lablaa.org/blaavirtual/publicacionesbanrep/
bolmuseo/1997/jldi43/jldi05a.htm
Los
últimos fundidores de bronce en la península de Santa Elena, en el suroeste
del Ecuador, fabrican estribos, espuelas, y otros artefactos campesinos
empleando técnicas distintas y sorprendentes (Figuras 1-2). Estos artesanos
tradicionales producen objetos similares a les fabricados por otros fundidores
andinos, pero se destacan por el uso de la técnica de cera perdida. No es
seguro que esta tecnología contemporánea tenga raíces en la época
precolombina, pero el estudio detallado del trabajo de los artesanos actuales
contribuye al entendimiento de las técnicas prehistóricas. Los fundidores
trabajan en el campo con suma destreza pero sin equipos sofisticados. Es
llamativo que en el último periodo prehistórico los artesanos manteños de la
misma región se destacaran por su metalurgia.

La
técnica de la cera perdida fue bien desarrollada en el periodo precolombino en
Méjico, centroamérica y sudamérica, y los procesos fueron observados por
algunos cronistas del siglo dieciséis y han sido documentados por arqueólogos
e historiadores (Bray 1978; Bruhns 1972; Eastby 1966; Howe 1986; Plazas y
Falchetti de Sáenz 1979). Temprano en el periodo colonial técnicas europeas
para trabajar el metal fueron adoptadas en la región andina: los artesanos
adoptaron el uso de cajas de arena y moldes de dos partes para sacar las formas
de los artefactos campesinos. Estos procedimientos todavía son comunes entre
orfebres y otros fundidores campesinos en Perú, Ecuador y Colombia (Duarte
1978; Punin 1992; Valencia 1978; Espinosa 1987). Sin embargo el uso de la
antigua técnica de la cera perdida solo se observa en el campo de la costa
suroeste del Ecuador.
La
historia de la fundición en Santa Elena
Es
posible que la tecnología que se observa en algunos recintos en la península
de Santa Elena tenga origen en el periodo prehispánico. Había grandes
fundidores en la ultima época aborigen (la Manteña: véase Estrada 1957; Holm
1978, 1983; Meggers 1966; Lizarraga l946 Pizarro 1965; Gomara 1946 [1552] Cieza
de Le6n 1973 [1553]: 325; Benzoni 1985). Además, sabemos que la fundición
campesina sí persistió a través del periodo colonial: algunos documentos
mencionan que en Santa Elena en el año 1785 había un curandero y brujo que «labraba
la cera» e hizo estribos y «otras menudencias» (Laviana 1989: 123). Ya que la
tecnología de los artesanos campesinos del siglo veinte tiene muchos rasgos de
origen europeo, es curioso que estos fundidores utilicen moldes de cera y no las
cajas de arena refractaria como hacen en todas partes.

Se
desconoce la historia del uso de modelos de cera para la fabricación de objetos
de bronce en el Ecuador. Es posible que esta técnica fuera una invención
independiente local, o que fuera adoptada en el siglo XIX cuando algún
campesino aprendió las técnicas de algún joyero o platero, y que esta persona
las modificara para poder producir artefactos utilizados por la gente rural. Por
otro lado, es posible que la tecnología actual sea una herencia cultural que
radica desde la época aborigen. Es importante destacar que la península de
Santa Elena está en el limite sur de la distribución de la abeja nativa sin
aguijón (familia Meliponidae). Esta abeja almacena la miel en la tierra en unas
bolitas de cera de color oscuro: esta cera es apta para hacer modelos. Desde la
época colonial los campesinos de la costa central del Ecuador y la península
de Santa Elena han proveído la cera al mercado regional (Descripción de la
Gobernación de Guayaquil 1973 [1605]:89, Laviana Cuetos 1984: 74-75, nota 56).
Junius Bird (1979) observó que en la época prehistórica se utilizaba la técnica
de la cera perdida solo en la zona donde se presentaba la abeja mencionada.
En
resumen, los fundidores de Santa Elena viven en una región geográfica que
tiene una tradición destacada de producción metalúrgica; los fundidores
campesinos no emplean las técnicas europeas utilizadas por otros artesanos
andinos que fabrican de los mismos artefactos, más bien en Santa Elena emplean
una técnica que era importante en la época precolombina (la de cera perdida);
y por último, los fundidores de Santa Elena explotan una materia prima
importante y tradicional (la cera de abejas de la tierra). Estos hechos apoyan
la hipótesis de continuidad en la tradición metalúrgica desde la época
aborigen hasta la presente.
Sea
el que fuere el origen de esta tecnología, el ejemplo etnográfico todavía es
importante porque es un caso de tecnología única. Los fundidores de Santa
Elena satisfacen las necesidades locales empleando destreza y conocimientos
profundos de materias primas y técnicas premodernas que nos hace admirar la
creatividad de artesanos campesinos a través del tiempo. El ejemplo nos enseña
cómo funciona la pequeña industria doméstica, la cual está por desaparecer
en nuestros días.

El
taller de Don Luca
En
1985 Rosa Camatón Pizarro de Borbor y su esposo Angel Borbor Villón vivían en
el recinto Don Luca, Parroquia de Chanduy, que tenía diez casas y una escuela
diminuta, ubicado en una trocha veranera a unos 11 km. de la carretera que se
conduce a la ciudad de Guayaquil y a La Libertad, el centro comercial regional.
Aunque todos sus hijos viven en centros urbanos y tienen otras profesiones, los
padres ejercen el oficio tradicional de la familia, la fundición y la herrería,
y crían unos animales. Figuran entre los últimos fundidores de la región:
solo Luis Borbor, hermano de Angel, una sobrina, Adela Borbor de Manantial de
Chanduy, y algunos otros artesanos fuera de esta parroquia siguen trabajando el
oficio. Su trabajo tradicional es reproducir en metal amarillo (bronce) objetos
diversos, como válvulas y floreros para las capillas, pero normalmente fabrican
piezas para vehículos y objetos de uso en talabartería: estribos, otras piezas
para monturas, frenos (Figura 2), espuelas (Figura 1 ), «ochos,» o tornillos
dobles para amarrar animales (Figura 1), y marcas para marcar ganado y chivos
(cabras) . Hay poca demanda para cucharas y hebillas, aunque los pescadores
pobres, que no quieren comprar en las ferreterías, mandan a hacer argollas de
bronce para las redes y chumaceras de metal fundido.

Como
otros artesanos en los recintos rurales de Santa Elena, los fundidores no
mantienen inventarios de cosas para la venta. Más bien reciben pedidos de sus
clientes, quienes son miembros de su comunidad, amigos, compadres y conocidos.
El cliente frecuentemente proporciona suficiente materia prima para realizar el
trabajo.
La
fundición de bronce ha sido una industria casera en Don Luca desde principios
de nuestro siglo. En aquel entonces, los pobladores del recinto eranagricultores.
Durante la estación seca ocupaban casas en Don Luca y cultivaban en campos
cerca del río, mientras que el ganado andaba en el bosque. En la época de
lluvias, se trasladaban a la cabecera de la parroquia (Chanduy), 45 km. al sur,
donde tenían casas (Alvarez 1987:47-48) y donde el ganado se mantenía en las
sabanas. El patrón económico tradicional de la costa es mixto: la gente se
gana la vida cultivando maíz, yuca, camotes, zapallo, frijoles, y varias
frutas, crían animales (ganado, caballos, burros, chivos y algunos chanchos y
pollos), pero también desarrollan varios negocios y oficios artesanales en los
cuales trabajaban todos los familiares. A principios del siglo veinte familias
campesinas se dedicaban a la agricultura y también a la saca de madera, la
producción de carbón vegetal, la carpintería, la pesca, la recolección de
fibra de ceibo (lana de ceibo), el hilado y teñido de hilo de algodón, el
tejido, el comercio, la producción de sombreros de paja toquilla ( conocidos
como «Panamá» o sombreros amontecristi»), la hojalatería, el curtido, la
herrería y fundición, el curanderismo y la hornillería, entre otros. Antes de
1945 los miembros de la comunidad campesina intercambiaron servicios y productos
y compraron poco: la comunidad era relativamente autosuficiente.

Después
del año 1945 se presentó mucha demanda en Guayaquil por estribos, espuelas y
otros artefactos de bronce. Varias familias en Don Luca producían docenas de
artefactos para poder llevarlos en sacos a Guayaquil cada dos semanas. Familias
enteras trabajaban intensamente, y ganaron bien. Con el dinero de la venta de
artefactos, los Borbor educaron a sus hijos, quienes ahora viven en zonas
urbanas y tienen oficios como dentista y enfermera. Los nietos no aprendieron
los oficios tradicionales. Hoy en día ni Don Luca ni Chanduy son pueblos de
agricultores. Ahora vive en Don Luca solo gente anciana y familias mantenidas
por trabajadores que ganan dinero fuera de la comunidad.

La
señora Rosa y Don Angel vivían (hasta 1990) en una casa sobre postes y hecha
hace tiempo de tablas de madera cortadas a mano ( Figura 3). Rosa cocina sobre
brasas de leña en un fogór ambiente principal de la casa. Hay pocos muebles y
guardado de una forma organizada. Compran ropa, comida y algunas herramientas y
recipientes, pero consumen poco. En Don Luca todavía se nota un patrón
de reciprocidad entre los vecinos: entre los vecinos cuando llega pescado a las
manos de una señora, ella manda una porción a cada familia en la comunidad.
Igual, cuando un cazador regresa con venado, un pedazo de carne llega a cada
puerta
Rosa
y Angel prefieren vivir en Don Luca, aunque no hay electricidad y otras
comodidades modernas. Están orgullosos de su habilidad artesanal y de su
habilidad de producir y ganar la vida con esta profesión, que heredaron de sus
mayores, desdaparecerá cuando ellos mueran.
Un
aspecto fascinante del oficio es la participación central de mujeres. En la
tradición campesina, las mujeres toman papeles principales como parteras,
alfareras, tejedoras e hilanderas y hornilleras que fabrican las hornillas de
barro que siempre aparecen en los fogones tradicionales. En el caso de fundición,
mujeres y hombres trabajan juntos. Normalmente la mujer hace los modelos de cera
y de barro, y los hombres funden el metal. Ambos liman los artefactos. Si no hay
pareja, cualquier persona puede ejecutar todo. La Señora Rosa dice que su
esposo, Don Angel, aprendió el oficio de ella, pero que el hermano de Angel,
Don Luis, aprendió de su propia madre. La señora Francisca Rodríguez, madre
de Adela Borbor, dice que esta profesión es propia de mujeres y que los hombres
hacen la fundición porque las mujeres insisten. De todas maneras, es una
industria casera: en la casa las mujeres ejecutan las actividades artesanales
junto con las otras tareas domésticas. De niños aprendieron el oficio en la
casa junto a sus parientes.
Debajo
de la casa de los Borbor se ve el fuelle sujetado entre las vigas (arriba) y el
piso de tierra está manchado con cenizas. Este taller, donde se realiza la
fundición y la herrería, sirve también para guardar monturas y leña, entre
otras cosas. A veces los animales descansan allí, protegidos del sol. Una parte
del taller está encerrada: las paredes forman una bodega y además protegen la
fragua del viento. En Chanduy, el taller de la Señora Adela es una casita
construida cerca de su casa; también tiene un piso de tierra, un techo y
paredes de caña picada para proteger la zona de trabajo.

En
Don Luca, durante el mes de noviembre de 1985, yo tuve la oportunidad de
participar en la producción de unos artefactos de bronce. Lo siguiente es una
descripción de los 4 pasos básicos: la hechura de los modelos en cera; el
enlodado de los modelos; la fundición y el acabado de algunos artefactos.
Los
moldes
El
trabajo empieza arriba en la casa, en el cuarto principal que sirve de cocina,
comedor, sala y taller. Por las ventanas grandes Rosa observa la gente que llega
por el camino, los movimientos de los animales cerca del pozo en el cauce seco
del río, los dos corrales (estacadas), la huerta con sus ciruelos viejos y los
senderos que conducen a la montaña.
El
primer paso en la manufactura de artefactos de bronce es la hechura de los
modelos en cera (aunque se llaman «moldes» son modelos de las formas de los
objetos por fundirse). Rosa se preocupa de conseguir cera cuando hace sus
peregrinaciones sociales a recintos cercanos en la zona boscosa. La cera
producida por las abejas de la tierra es de un color oscuro y se vende en bolas
por libra. Antes era comercial, pero ahora pocos campesinos la sacan de la montaña.

Primero,
Rosa corta en pedazos la cera cruda y la calienta con agua sobre el fuego en una
olla pequeña de hierro (aluminio no sirve). Se cocina hasta que deja de
levantarse en la olla (casi una hora), y luego se cierne, eliminando el sarro.
Rosa echa un Poco de la cera caliente en agua, para probar la textura y
asegurarse de que está bien cocinada.

Hay
dos maneras de sacar la forma de artefactos con cera: ( 1 ) en moldes de madera,
y (2) a mano con cera estirada. Rosa colocó en la mesa de la cocina unas tablas
(se llaman «tablas de ha imprenta») . Son de madera dura y están grabadas con
los contornos de los artefactos que ella quiso reproducir en metal (Figura 4).
Después de mojar cada tabla con agua, la señora Rosa probó la temperatura de
la cera en la olla y poco a poco llenó las formas cóncavas con cera derretida,
soplando sobre la superficie de la cera en la olla para que la espuma no salga
al molde (Figura 5). Burbujas en la superficie del molde (de cera) causarían
huecos en el bronce. Rosa dice que una de las preocupaciones principales es
controlar los materiales para que la superficie del artefacto sea lisa y bonita.
Después
de unos minutos Rosa regó agua sobre los moldes, y mojando un cuchillo pequeño
empezó a recortar la cera que había fluido sobre la superficie de la tabla.
Con la punta del cuchillo, sacó cada molde de su hueco. La cera todavía estaba
tibia, pero firme. Si se vierte la cera muy caliente a la tabla, corre el
peligro de que se pegue. Dejarla enfriar mucho tiempo en la tabla tampoco sirve,
porque la cera no saldría bonita de la tabla.
Rosa
se sentó con todos los moldes de cera, el cuchillo pequeño puntiagudo y un
platito de agua. Empezó a rebabar las piezas, sacando la baba de los filos, y
abriendo los «ojos>> (aperturas) que son rasgos importantes de los frenos
(figura 6). Como buena escultora, Rosa prestó mucha atención al acabado de los
filos, achaflanándolos con esmero. Mojando sus manos frecuentemente, dobló con
cuidado cada pieza, dándole su forma final. La ventaja de la cera de la abeja
de la tierra es que no se pone tiesa. Después de rebabar el piano (o suela) del
estribo, igualó las dos ramas del cuerpo y juntó las dos partes a presión. Dió
un poquito de la cera a una niña para majada. Luego esta cera ablandada sirvió
de soldadura para reforzar las coyunturas y las puntas de las dos piezas
principales de los frenos. Rosa inspeccionó cada par de artefactos, arreglándolos
para que salieran emparejados.
Los
estribos y espuelas se elaboran a partir de modelos de cera sacados de las
tablas. Otros artefactos se hacen trabajando a mano la cera estirada. Por
ejemplo, un freno está compuesto no solo de las piezas grandes, sino también
de unas argollas (Figura 2). Para fabricar un par de éstas, Rosa amasó una
bola de cera entre su palma y la superficie de la mesa y sacó una tira larga en
forma de gusano con un diámetro de 0.5 cm. Con el cuchillo, cortó el gusano
para sacar dos secciones idénticas de unos 10cm de largo. Luego Rosa hizo unas
incisiones, picando así la punta plana de una sección, y enseguida cerró el
aro, forzando una punta contra la otra. Frotaba la huella de la coyuntura con un
dedo mojado hasta que se borró. Repitió para formar la segunda argolla.

Fotografía
10: El molde del estribo recibe un segundo enlodado y la señora Rosa modela una
boca (alrededor del jito) a través de la cual pasará el metal fundido.
Para
terminar los moldes de cera, Rosa fabrica los jitos ( "sprues" en inglés)
que son estructuras añadidas que sirven para formar la boca del molde y el
canal a través de lo cual el metal derretido pasará. Un jito tiene la forma de
un corcho que paulatinamente adelgaza hasta su unión con el cuerpo del modelo.
Una
vez que los jitos están puestos y los moldes (modelos de cera) tienen la forma
deseada (la forma del futuro artefacto de metal), Rosa revive las brasas en el
fogón y calienta en ellas la hoja de un cuchillo de fierro que se llama la
pasacera (Figuras 7-8). Con esmero la artesana pasa la hoja sobre la superficie
del molde, para sacar brillo a la cera, alisando todo para que el artefacto de
bronce tenga una linda superficie.
Don
Angel me explicó que las mujeres realizan todo el trabajo del modelado en cera
y que los hombres no saben nada de este proceso. Se le olvidó que él mismo
arma los moldes de cera para las marcas. Rosa me dijo que ella nunca había
hecho una marca, pero cuando Don Angel se enfermó de la vista, Rosa me hizo
una. Después del esfuerzo, Rosa se reía con placer y orgullo porque su primera
marca resultó bella y fuerte. A pesar de una división de trabajo tradicional
en el campo de Santa Elena, las fronteras entre las labores identificadas como
femeninas y las masculinas se cruzan tranquilamente cuando hay necesidad.

Todo
el mundo admira a Adela Borbor, una mujer que trabaja solita y hace todo con su
propia mano.
Fundición tradicional campesina en la costa del Ecuador
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