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Historia del diamante
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Historia del diamante

 

 

Historia del diamante

 

 

Texto: Cristina Sapalski

Fuente: www.es.wikipedia.org/wiki/Portada

 

 

Desde hace miles de años, el diamante ha figurado entre las piedras preciosas preferidas por el ser humano. Fueron las civilizaciones orientales las primeras en conocer esta gema. India (su primer y más vasto productor) dio al mundo los más hermosos diamantes, como el Ko-i-nor (que traducido significa algo así como "montaña de luz") que pesaba, en bruto, 78,5 quilates de joyería.

El nombre del diamante proviene del griego además o adamantem, que significa "el invencible". En efecto, ha sido utilizado con frecuencia para simbolizar lo eterno e infinito. Además, antiguamente se le conferían toda clase de poderes extraños.

El diamante llegó a Europa muy posiblemente en el tercer siglo antes de nuestra era, quizás como consecuencia de los viajes de Alejandro Magno, que provocaron un enorme intercambio entre los puertos del Mar Rojo y los de la Costa de Malabar, en la India.

 

El Diamante en la Historia. El diamante recibió este nombre por su dureza. No hay nada de dureza comparable; por ello es verdaderamente imperecedero. La dureza del diamante es distinta en las diferentes caras del cristal. En esto reside la posibilidad de tallar diamante con diamante. Brillo muy intenso; sirve como característica diferencial respecto a las imitaciones. Los efectos ópticos son extraordinariamente favorables en el diamante; por ello se le considera rey de las gemas.

 

Existen yacimientos diamantíferos en muchos lugares de la Tierra. Muy favorecidos son África y Siberia. Hasta el siglo XVIII llegaban ocasionalmente diamantes de Borneo, pero sobre todo de la India, entre ellos numerosas piedras grandes de valor histórico. África del Suroeste es también un importante país diamantífero. Incluso barcos especiales extraen desde 1961 diamantes del fondo del mar. La proporción de diamantes para joyería es alta.


Posteriormente la antigua URSS se incluyó entre los grandes productores de diamantes. 

 

Vamos a hacer un poco de historia sobre el uso de una gema, una gema de extraordinarias propiedades entre ellas su excepcional dureza. Una gema que siendo su color más habitual el incoloro, es justamente este grado de incoloridad el que le hace la más deseada de todas las gemas.

Nos estamos refiriendo al diamante, estos han atraído la atención del hombre durante miles de años. Podemos imaginar la emoción que suponía encontrar esta piedra tan dura, transparente y extraña. El hombre se ha interesado por lo bello y duradero de la naturaleza desde el comienzo mismo de su existencia, así vemos que junto con los primeros restos humanos, siempre se han encontrado sus adornos y si los objetos, además de bellos y duraderos eran raros (entendamos por raros, escasos), entonces sólo a los privilegiados, a los poderosos les estaba permitido poseerlos. En el caso del diamante a estos primeros hallazgos se le atribuyeron propiedades mágicas por las connotaciones de tipo exotérico que emanan de su principal propiedad, la dureza.

Empezó siendo usado como talismán, infundía fuerza, coraje, dotes de mando, valor, audacia, inteligencia y virilidad. Los guerreros los llevaban en la creencia que los harían invencibles.

En realidad hasta principios del siglo XIX las gemas servían incluso como medicamentos contra enfermedades. Se utilizaban de tres formas: la presencia de una determinada piedra bastaba para la curación, (es decir, el solo hecho de llevarla puesta), la gema se ponía sobre el miembro enfermo, o se ingería la piedra pulverizada. 

 

En los libros podía leerse que tipo de piedra ayudaba para curar una determinada enfermedad, en el caso del diamante se le utilizó en tratamientos contra la locura y sobre todo como veneno, naturalmente en forma de polvo. Esta litoterapia dio buenos resultados con toda seguridad, pero estos no se debían seguramente a la piedra preciosa, sino al poder de sugestión que tenía sobre el enfermo. Cuando los resultados eran negativos se decía que la gema no era "verdadera". 

La historia menciona los casos del Rey Federico II (1194-1250) muerto por sobredosis de diamante o al Papa Clemente VII el cual al parecer falleció al seguir un tratamiento curativo con polvos de diamantes. Incluso en épocas mucho más cercanas, en el siglo XVII en pleno renacimiento, cuando surgieron con fuerza todas estas creencias y se relacionaron con la Astrología (gemas del zodiaco, piedras del mes) el conocido artista Benvenuto Cellini afirmaba que su gran enemigo Farnesio había intentado matarle utilizando polvo de diamante, habiendo salvado la vida gracias al cambio por vidrio que realizó el encargado de machacarlos.

Como el diamante en aquellos momentos es escasísimo su uso queda limitado a personajes importantes que suelen estar al mando de ejércitos o gobiernos, los cuales usan el diamante más como amuleto que como objeto de adorno.

El nombre hebreo para designar al diamante es el de "Yiahaom" que significa "que no se puede aplastar", indudablemente reflejando su extraordinaria dureza. Fue muy poco conocido en época de los griegos y sin embargo muy estimado por los romanos, aquellos le otorgaron el nombre de "además" que significa indomable, indestructible. Este nombre se emplea varios siglos antes de nuestra era aproximadamente desde el siglo VII a.C. y como es fácil de comprender también se refiere a su propiedad más conocida.

 

El primer escrito que menciona al diamante es el libro del Éxodo al referirse al pectoral del gran sacerdote Aaron (1200 a.C.). Dios manda a Moisés que represente cada tribu con una piedra preciosa, especificando en que orden debe colocar las piedras y además que estas debían de estar grabadas cada una con el nombre de una tribu y el sumo sacerdote debía de portarlas sobre el pecho.

Pues bien cada una de estas piedras estaba grabada con una letra alfabética, o un signo que representaba a cada una de las doce tribus de Israel. La tercera piedra de la segunda fila del pectoral era el diamante, "Yiahalóm" el cual rompe todas las piedras. No obstante es seguro que la designada como diamante no lo fuera realmente porque aunque su tamaño ya hace desconfiar (6 x 4 cm) estaba grabada y para ello hubo que esperar hasta el siglo II.

Es casi seguro que muchas referencias que se hacen de diamantes en antiguos escritos no eran auténticos diamantes si no otras gemas incoloras, especialmente corindones o topacios. Hay que esperar al siglo I d.C. para encontrar una referencia totalmente fiable en la Historia Natural de Plinio el Viejo. Este sabio romano, nacido en el año 23 de nuestra era y muerto mientras estudiaba la erupción del Vesubio en el año 79, dedicó un volumen de su "Historia Natural" a las piedras preciosas.

En los primeros siglos de nuestra era los romanos llevaban diamantes montados en anillos de oro. En la época de Plinio ( 23-79 d.C.) el anillo se fabricaba de hierro. El oro fue introducido un tiempo después, en el siglo II d.C.

Una de las primeras piezas montadas con diamantes, la Santa Corona de Hungría o Corona de San Esteban, tiene figuras del Emperador de los romanos (Miguel Dunkas) y el Rey de Hungría (Geza I), y esto indica que se trata de un presente de Bizancio a la Corte Real Húngara hecho entre el año 1074, cuando Geza ascendió al trono, ó 1078, cuando Dunkas perdió el suyo. Después de la segunda Guerra Mundial fue llevada a los E.E.U.U. y devuelta a Hungría en 1978 por el Presidente Carter.

Era insólito que un Rey llevara su propia imagen en una corona, y ésta tiene las características de haber estado destinada a una reina, por lo cual se piensa que la Corona puede haber sido destinada a la Reina Synadene, que venía de una noble familia de Bizancio y era la esposa del Rey Bela I, padre de Geza. Los diamantes se encuentran junto con perlas en los arcos superiores.

En los siglos XI y XII se empieza a usar algún anillo con diamantes muy toscamente pulidos y con sólo una faceta aparente (la obtenida por exfoliación). En la colección del famoso "Príncipe Negro" (Eduardo Príncipe de Gales 1330/76), había numerosas sortijas con diamantes en punta.

El uso de los diamantes en estos inicios queda limitado exclusivamente a los hombres y hay que esperar al siglo XV para que la mujer empiece a utilizarlos como joya de adorno personal, los libros dicen que fue en la corte del Rey francés Carlos VII (1403 -1461) donde su favorita Agnes Sorel lució por primera vez un diamante. 

 

Agnes Sorel se volvió famosa por sus joyas y se la conoce como la primera mujer que introdujo el uso de la joyería con diamantes en la corte francesa. Este hecho se convirtió en moda y se popularizó en el resto de las cortes Europeas, aunque su escasez y alto precio lo dejaran en manos de minorías aristócratas.

Se cita también el siglo XV como fecha en la que se entregó un anillo de compromiso con diamantes, Maximiliano de Austria a María, hija del duque de Borgoña. Una carta escrita en 1477 al Archiduque Maximi-liano justo antes de sus esponsales con María de Borgoña dice "En los esponsales su Gracia debe llevar una sortija de diamantes y también un anillo de oro". 

Esta es una reproducción de una sortija que se encuentra en el museo Kunsthistorishes de Viena y que se cree fue el regalo original. Los diamantes hogback precursores de la actual "baguette" están dispuestos en forma de la letra "M" gótica que alude a la Virgen María y a la unión permanente de María y Maximiliano en virtud de su matrimonio. Este es uno de los pocos ejemplos en que una sortija de diamantes se entrega expresamente para sellar un compromiso.

En el siglo XVII los diamantes llegaron a Europa gracias al comerciante francés Juan Bautista Tavernier quien relata con todo detalle los trabajos de explotación y lapidación que se realizan en la India y describe minuciosamente algunas de las más importantes gemas de los príncipes Hindúes. Nacido de una familia de cartógrafos a Tavernier le encantaba viajar pero le gustaban mucho más los diamantes. Con ellos encontró una forma de satisfacer su ansia por las cosas raras y bellas y como no, para amasar una fortuna personal. Tavernier escribió, "el diamante es la piedra más preciosa de todas".

 

Para adquirir más conocimientos de ellos decidió visitar todas las minas donde se encontraban. En 1638 en el segundo de sus 6 peligrosos viajes a Oriente, Tavernier visitó la ciudad fortificada de Golconda, fuente de los más famosos diamantes que el mundo ha conocido jamás.

En sus viajes Tavernier anotó que había visto cientos de diamantes incluido uno conocido como el Gran Mogol. Un gran diamante con una gran elevación, con la forma de un huevo partido por la mitad, su transparencia era infinita y pesaba 280 ct.

Pero Tarvenier no estaba tan interesado en este diamante con tan breve y poco interesante pasado, pero sí lo estaba por el Koh-i-Noor, cuyo significado es Montaña de luz, y tiene la historia más larga de todos los diamantes famosos. Perteneció al raja Malwa en 1304. Cuando los mogoles del sultán Babur invadieron la India dos siglos mas tarde, se apoderaron de esta piedra que permaneció en poder de los sucesivos emperadores mogoles. 

 

En 1730 el Shah Nadir de Persia invadió la parte noroccidental de la India (conquistó Deli), estaba decidido a poseer este diamante, y advertido por una mujer del harén que el diamante estaba escondido en el turbante del emperador mogol Nadir le preparó una fiesta y como signo de conciliación le propuso una costumbre, el intercambio de turbantes. Cuando desenroscó el turbante apareció como un destello de luz un diamante de extraordinaria belleza, "Koh-i-Noor" exclamó el Shah Nadir aunque desgraciadamente no vivió para disfrutarlo. 

 

Este diamante fue testigo de las disputas más cruentas de Persia hasta encontrar el camino de regreso a la India en 1813. Estaba en Lahore capital de Punhab, cuando este estado fue anexionado por el Imperio Británico y en 1849 el diamante llega a manos de la East India Co. de Inglaterra, como indemnización parcial por las guerras Sikh, siendo ofrecida en 1850 a la Reina Victoria al conmemorar el doscientos cincuenta aniversario de la compañía.

La piedra pesaba 186 ct y estaba rudimentariamente lapidada, por lo que carecía de brillo. La Reina Victoria decide retallarlo convirtiéndose en una talla oval de 108,93 ct. Estuvo engarzado en la corona de la Reina Madre y en 1937 se trasladó a la Corona que se hizo para Isabel II.

El Koh-i-Noor tiene fama de hacer infeliz a los hombres y como la Reina Victoria era supersticiosa puso una cláusula en su testamento para que nunca pasara a Rey reinante, sólo a su esposa.

El Dayra-i Nur es la piedra más grande y más hermosa entre las joyas de la Corona del Irán, arrebatada a los mogoles cuando Deli fue saqueada por los persas. Es pura y transparente, con un peso calculado entre 175 ct y 196 ct, es una talla en tabla con algunas galerías alrededor de la faceta principal y un aspecto inhabitual en un diamante, con una tremenda transparencia de color rosa pálido en la parte superior, su nombre significa " Río de Luz" 

Volviendo a Tavernier cuando regresó a París en 1969 deslumbró a la corte francesa con cuentos provenientes de Oriente y una colección de diamantes nunca vista en el mundo. La corte de Luis XIV era el no va más de la extravagancia y excitado por la colección de Tavernier le compró 22 piedras grandes entre ellas un diamante azul zafiro de 112 ct.

Supuestamente había sido robado de un ojo de un ídolo hindú y poseía la maldición de perseguir a sus propietarios durante los siguientes 200 años. Después de tallada la piedra pesaba 67 ct. y pasó a llamarse el Azul de Francia, el Rey sólo llevó una vez el diamante antes de contraer una fatal viruela.

Su sucesor Luis XV prudentemente se abstuvo de tocarlo, pero no así Luis XVI y la Reina María Antonieta.

El diamante es robado junto a otras joyas del tesoro Real durante la Revolución.

En 1830 aparece repentinamente un diamante azul de similares características pero de 44,50 ct, comprado en el mercado de Londres por Henry Thomas Hope, banquero y coleccionista de gemas. Durante el tiempo que estuvo en posesión del banquero recibió el nombre de Hope y adquirió su desagradable reputación de traer mala suerte. El hijo de Henry Hope perdió su fortuna después de heredar la piedra en 1908. 

 

Posteriormente fue vendido a una viuda americana, la señora Mc Lean de Washinton. Cuando la Señora Mc Lean vio por primera vez el Hope en el verano de 1910 no quiso comprarlo exclamando que no le gustaba como estaba montado, pero en noviembre del mismo año Pierre Cartier le volvió a enseñar el diamante con una nueva montura, después de tenerlo en su casa durante el fin de semana ella decidió comprarlo. 

Según la leyenda a ella también le trajo la desgracia, ya que su único hijo murió en un accidente, la familia se disgregó, la señora Mc Lean perdió su fortuna y se suicidó.


Cuando sus piedras fueron vendidas en 1949, El Hope fue comprado por Harry Winston, el comerciante de diamantes de New York.

 

Aunque él no creía en la leyenda negra del Hope, muchos de sus clientes sí la creían, porque ni siquiera querían tocarlo cuando se les mostraba. Harry Winston cruzó el Atlántico tranquilamente varias veces, llevando la piedra.

En 1958 Harry Winston donó el diamante Hope a la Smithsonian Institution de Washintong donde está expuesto al público junto a otras gemas.

El diamante más famoso de la corona española es El Estanque comprado por Felipe II a un flamenco llamado Carlo Affetato, para ofrecérselo con ocasión de su matrimonio, a Isabel de Valois. La reina que hizo su entrada triunfal en Toledo llevaba el diamante en tabla cuadrado. Montado en el joyel rico de los Austrias junto con la perla "la peregrina" en forma de pera llevada a Sevilla desde Panamá.

Entre los diamantes famosos no por su historia pero si por su tamaño tenemos que destacar el diamante mayor en bruto que jamás se ha encontrado aunque de historia muy reciente. Se encontró en Sud África en la mina Premier con un peso de 3106 ct, de buena pureza y color y con forma irregular (cleavage).

Se dice que fue hallado en una inspección rutinaria por el superintendente Mr. Frederick Wells, quien al principio no se impresionó, probablemente pensado que podría tratarse de un enorme cristal. La piedra recibió el nombre de Cullinan en honor de quien inició los trabajos en la mina Premier.

Ningún particular podría permitirse el lujo de comprarlo, así es que la mina Premier accedió a venderlo al gobierno del Transvaal en 1907 por 150.000 libras, quien a su vez lo regaló a Eduardo VII en su sexagésimo cumpleaños. La renombrada firma Asher de Holanda fue la encargada de tallarlo.

La meta era eliminar inclusiones y conseguir las piedras más grandes posibles. El diamante fue estudiado durante varios meses, finalmente en febrero de 1908 fue exfoliado por Joseph Aasher el más prestigioso de la firma. Marcó primero por donde debía exfoliarse el diamante, colocó su cuchilla de acero en la muesca previamente hecha y dio un golpe con firmeza.

Al primer intento la hoja se rompió por la mitad y el diamante quedó intacto, al segundo intento y tras la tensión, el diamante se partió en dos. Finalmente se obtuvieron 9 piedras grandes y noventa y seis pequeñas. 

 

El Cullinam I, pesa 520, 20 ct, perilla conocido como la Gran Estrella de África (fue hasta hace poco el diamante tallado más grande del mundo, ahora lo es el Golden Jubile de 545,67 ct, marrón fantasía, talla fantasía y pertenece al Rey de Thailandia desde 1966), se exhibe en la torre de Londres en el centro real. El Cullinam II pesa 317, 40 ct y es una talla cojín, está montado en la Corona Imperial junto al " rubi" del Príncipe Negro y también se puede ver en el mismo lugar.

Los diamantes famosos están unidos también a personajes famosos aquí podemos ver a Elisabeth Taylor luciendo el diamante "Taylor Burton" una perilla de 69,42 ct, se dice que Jaqueline Onassis se encontraba entre la gente interesada en este diamante. El diamante fue vendido por Cartier a Richard Burton en 1.100.000 dólares. Cuando la unión entre Elizabeth Taylor y Richard Burton se rompió la actriz vendió el diamante triplicando su valor inicial.

 

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