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Los diamantes y la guerra - 1/2
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Sierra Leona y Angola países en conflicto por los diamantes

 

 

Los diamantes y la guerra

 

 

Fuente: www.uc.org.uy/gf1100.htm

 

 

ÁFRICA: GUERRAS, TRÁFICOS ILÍCITOS, DIAMANTES Y NEGOCIOS POR MILLONES DE DÓLARES 

"Símbolo del amor, antes de llegar en su forma pulida a coronar un anillo o sumarse a las otras piedras de un collar, el diamante habrá causado numerosos sufrimientos. El vínculo entre los diamantes y la guerra es directo y preocupa tanto a los gobiernos de los países productores como a los vendedores de la piedra elaborada, ya que financian, y motivan, varios de los conflictos armados en África.


Con el objetivo de encontrar una solución al problema y transformar los "diamantes del conflicto" en diamantes de prosperidad, ministros y agentes de la industria de varios países afectados se reunieron en Pretoria, Sudáfrica, del 19 al 21 de septiembre. El concepto de los diamantes relacionados con conflictos en África fue introducido en la agenda internacional a mediados de 1998 mediante una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) estableciendo un embargo a la venta de diamantes de Angola, con la excepción de aquellos que estuvieran acompañados por un certificado de origen expedido por el gobierno angoleño. 

 

La resolución, que también incluye la prohibición de vender armas, petróleo y productos derivados, se dirige claramente a los diamantes provenientes de UNITA y que ésta usa con regularidad para financiar su armamento y mantener la guerra contra el gobierno del MPLA (Movimiento Para la Liberación de Angola) desde hace ya más de 20 años; una guerra que ha causado más de un millón de muertos, muchos más heridos, y ha resultado en el desplazamiento de más del 20 por ciento de la población. Se ha estimado que entre 1992 y 1997 UNITA obtuvo por la venta de diamantes 3.700 millones de dólares.

 

Ante la evidencia de que el embargo no estaba siendo respetado, la ONU creó una comisión investigadora bajo la dirección del embajador de Canadá, Robert Fowler, que en marzo de este año presentó su informe final con revelaciones respecto del camino recorrido por los diamantes y las armas y los implicados en el tráfico ilícito. 

La mayor parte de las armas de UNITA provienen de los países del este de Europa, fundamentalmente de Bulgaria, que además ha entrenado en su territorio a miembros de UNITA. El fin de la Guerra Fría y la disolución del Pacto de Varsovia determinaron que el mercado de armas se viera saturado con armamento proveniente de esos países a bajos precios y a cargo de intermediarios a quienes las sanciones de las Naciones Unidas no intimidan. Antes de la caída del presidente Mobutu Sese Seko, Zaire era el principal país de tránsito, luego lo fue Rwanda, y también Togo y Burkina Faso. UNITA paga en diamantes tanto a los vendedores de armas como a los gobiernos de los países que permiten el tránsito. En esos mismos países, representantes de firmas importadoras y procesadoras de diamantes de Amberes, la ciudad de Bélgica que concentra el 80 por ciento de la importación y venta de diamantes del mundo, compran sus paquetes de la piedra en bruto, y con gran facilidad los introducen en Bélgica, Gran Bretaña, Israel o India, los otros centros importantes de comercio de diamantes. 

 

Los vendedores de armas del este europeo también los venden sin dificultad en esos mercados. UNITA tiene incluso un representante en Bélgica, por tratarse de un centro internacional de ambos negocios: los diamantes y las armas. El informe de la comisión investigadora destaca la falta de voluntad de la industria en Bélgica, ya que son conocidos los importadores y procesadores que trabajan con UNITA, pero no se aplica contra ellos ningún tipo de sanciones. Las ganancias de la industria son astronómicas y los involucrados temen que si se imponen medidas más restrictivas, ésta se trasladará a otra parte. Los países productores (la mayoría de ellos en África) obtienen anualmente 7 mil millones de dólares por sus diamantes. Una vez procesados esos diamantes se convierten en 67 millones de piezas de joyería, por un valor de 50 mil millones de dólares. La diferencia es la ganancia que queda en Bélgica y en los otros centros del comercio en diamantes. Estados Unidos es el mayor consumidor del mundo.

 

A mediados de este año, el Consejo de Seguridad de la ONU impuso también un embargo a los diamantes de Sierra Leona, otro país donde se han detectado "diamantes vendidos por movimientos rebeldes para financiar sus intentos de derrocar gobiernos legítimos". También en este caso la UNITA previó la posibilidad de que el gobierno de Sierra Leona continuara vendiéndolos una vez puesto en práctica un mecanismo de certificación del origen. La guerra en Sierra Leona está siendo financiada por la venta de los diamantes y está motivada precisamente por el control de las zonas mineras. La reciente escalada en el conflicto se debió al intento de toma de control de una de esas zonas por parte de fuerzas de paz de la ONU. 

 

Los miembros del Frente Unido Revolucionario de Foday Sankoh logran vender su producción a través de Liberia, que en los últimos años ha exportado diamantes por millones de dólares sin que a los mercados consumidores les llamara la atención. La realidad es que Liberia no tiene capacidad para producir esos diamantes que provienen de las zonas controladas por los insurgentes. Se calcula que la mitad de la producción de Sierra Leona se comercia de manera ilegal. Desde 1991 este movimiento, que ha cometido actos atroces contra la población civil, ha logrado obtener millones de dólares mensualmente por la venta de diamantes con los que continúa financiando sus acciones.

El gobierno, por su parte, ha debido suspender la exportación y está en proceso de emitir un certificado de origen que le permita retomar el comercio, fundamental para su economía. Mientras tanto los diamantes siguen llegando sin demoras a los centros procesadores. Según un representante del Consejo Internacional de Diamantes, presente en la conferencia de Pretoria, en la industria todos se conocen, todos saben quién es el señor X de Sudáfrica que compra diamantes a UNITA y quién el señor Z de Amberes que le vende armas al Frente Unido Revolucionario de Sierra Leona y las cobra en diamantes.

La posición de los países productores es que la estrecha vinculación entre diamantes y guerra no es un problema exclusivo de África, sino de todos los involucrados en el comercio. Si bien se estima que sólo entre el 4 por ciento (según la industria) y el 15 por ciento (según las ONG activas en el tema) de los diamantes provienen de zonas de conflicto, su incidencia en la continuación de éstos es altísima. Por otra parte, el papel de los diamantes como factor dinamizador de ciertas economías está en peligro. En el caso de Botswana, el principal productor del mundo, la industria emplea 6.000 personas en la extracción de los diamantes y el 10 por ciento del total de la población del país, que alcanza a 1,5 millones de habitantes, está ocupado en el corte de los diamantes, mientras que los ingresos representan dos tercios de los ingresos gubernamentales. Pero el comercio legítimo de diamantes está amenazado ya que es prácticamente imposible desde el punto de vista técnico establecer su origen, y los ilegales y los legítimos llegan a los centros de comercio mezclados en los mismos paquetes. 

 

Si desde la sociedad civil se organizaran campañas de boicot a nivel mundial, la producción de diamantes se vería afectada al igual que la industria manufacturera. De ahí la necesidad de poner en práctica mecanismos que permitan diferenciar unos de otros. Si el sufrimiento humano que la venta de diamantes ilegales ocasiona no fuera suficiente motivación para iniciar acciones inmediatas, las razones económicas tal vez terminen de convencer a algunos de los actores involucrados.

En julio de este año la Asociación Internacional de Fabricantes de Diamantes y la Federación Mundial de Bolsas de Diamantes se reunieron en Amberes y formaron el Consejo Mundial de Diamantes con el fin de promover la cooperación entre la industria, los gobiernos y la sociedad civil. Los productores, por su parte, a iniciativa del gobierno sudafricano, iniciaron el llamado Proceso de Kimberley, la ciudad donde se descubrieron los primeros diamantes en Sudáfrica y donde en mayo se reunieron varios de los países productores. Siguieron varios encuentros que culminaron en la reunión de ministros de septiembre, donde el grupo de trabajo de Kimberley presentó sus propuestas. La principal es la introducción de un sistema de certificación de origen de los diamantes y de sanciones para quienes compren sin el mismo.

 

Las conferencias internacionales terminan generalmente con declaraciones de apoyo al proceso iniciado y expresiones de compromiso para continuarlo. Esta no fue la excepción. La única resolución concreta a la que arribaron ministros y representantes gubernamentales de Angola, Australia, Bélgica, Botswana, Burkina Faso, Canadá, Estados Unidos, Gran Bretaña, Israel, Lesotho, Namibia, República Democrática del Congo, Rusia, Sierra Leona, Sudáfrica y Tanzania (la mayoría de los productores, procesadores y consumidores mundiales) es que cada país deberá tratar de promover la adopción de dicho certificado de origen y que con el tiempo se realizarán esfuerzos para la formación de un órgano intergubernamental que monitoree el cumplimiento de esa medida.

El tema, sin embargo, no se agota en la conferencia de Pretoria ni entre los países involucrados en el comercio de diamantes. A iniciativa de Gran Bretaña la próxima Asamblea General de las Naciones Unidas incluirá los ‘diamantes de conflicto’ en su agenda. En tanto, esa piedra eterna seguirá financiando el horror que los informativos nos presentan con africanos armados hasta los dientes, con sus trajes verdes camuflados asesinando sin piedad a la población civil. Pero seguirán financiando, además, los lujos y derroches de respetables hombres de traje y corbata, que no aparecen en la televisión, que viajan en primera clase, que vuelven a sus hogares con las manos limpias".

 

 

Los diamantes de la guerra

La riqueza del subsuelo de algunos países de África se ha convertido en la causa directa de la miseria de sus habitantes. Así como la industria de diamantes ha beneficiado a países como Botswana -cuya industria emplea al 10% de su población y sus ganancias representan dos tercios de los ingresos gubernamentales-, para otros ha significado una tragedia.

Los cientos de millones de dólares que surgen del comercio ilícito de diamantes en algunos países africanos van a parar a manos de la guerrilla y los ejércitos que practican el fructuoso trueque de diamantes por armas.

En Angola, Sierra Leona y la República Democrática del Congo, estas piedras preciosas se han convertido en la principal fuente de financiación de los movimientos insurgentes que controlan su tráfico generando muerte y destrucción, ya que los beneficios de su comercialización se traducen en la prolongación de los conflictos.

Tres países, tres ejemplos

Los continuos enfrentamientos entre tribus hutus y tutsis en la República Democrática del Congo, junto con motivaciones raciales y políticas, están alimentados por la riqueza generada por los diamantes. Es por eso que países como Angola, Namibia y Zimbabwe apoyan al gobierno congoleño a cambio de derechos de explotación minera en zonas limítrofes, y otros como Burundi, Rwanda y Uganda respaldan a los rebeldes participando del tráfico ilegal de diamantes que los financia. 

Después de la prolongada dictadura de Mobuto Sese Seko, en 1997 triunfó la guerrilla encabezada por Laurent Desiré Kabila, quien instauró la República Democrática del Congo. Desde entonces, la guerra por el poder ha sido sustituida por el control de riquezas del subsuelo como petróleo, cobalto y diamantes. Este conflicto le costó la vida a Kabila, asesinado el 16 de enero de 2001, poco después de haber concedido la exclusividad de la comercialización de diamantes a la sociedad israelí Idi Diamond, medida revocada por su hijo Joseph, ni bien lo sucedió en la presidencia. 

Cerca de medio millón de hombres y mujeres de la República Democrática del Congo, un país de 48 millones de habitantes, sobrevive participando directa e indirectamente del contrabando de metales preciosos.

En Angola, desde hace casi 30 años, el movimiento opositor Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) lucha contra el gobierno por el control de los recursos naturales y la pervivencia de este conflicto lleva ya cobradas un millón de víctimas fatales. Los 35 mil hombres armados de UNITA, inicialmente financiados por Estados Unidos para combatir al gobierno izquierdista de Luanda durante la Guerra Fría, actualmente se mantienen gracias al tráfico de diamantes.

Pese a disponer de ricos y abundantes recursos naturales como son los diamantes y el petróleo, Angola ocupa el puesto 160 del Índice de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (de un total de 174 países).

En este país, la prioridad es la guerra -el 86 % del presupuesto nacional se destina a Defensa-, y las consecuencias sobre la población son devastadoras: el 90% vive por debajo de la línea de la pobreza, la tasa de mortalidad infantil es del 29%, sólo el 31% de la población tiene acceso al agua potable y los casi tres millones de desplazados internos no tiene cubiertas necesidades básicas como alimentación, salud o vivienda.

La de Sierra Leona es también una guerra por el control de los campos de diamantes en el norte y el este del país, territorio del rebelde Frente Revolucionario Unido (FRU), conocido por su campaña sistemática de terror contra la población civil y el uso habitual de niños soldados.

Desde el inicio de este conflicto en 1991, las fuerzas rebeldes han matado, violado, mutilado y secuestrado a decenas de miles de civiles desarmados, pero también las fuerzas aliadas del gobierno y las de mantenimiento de paz de África Occidental han cometido abusos contra los derechos humanos.

El tráfico ilegal de diamantes desde zonas de Sierra Leona controladas por los rebeldes sirve para financiar ayuda militar destinada al FRU, lo que le permite continuar con los combates. Aunque las piedras de Sierra Leona sólo suponen el 1% del volumen mundial, son especialmente apreciadas por su calidad.

Los diamantes y la guerra

 

 

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