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Salud y metalurgia precolombina - 1/2
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Salud y metalurgia precolombina

Salud y metalurgia precolombina

 

 

 

 

Salud y metalurgia precolombina

 

 

Alvaro Javier Idrovo

Biomédica 2005;25:295-303
SALUD Y METALURGIA PRECOLOMBINA

Instituto Nacional de Salud Pública, Cuernavaca, México

 

 

Idrovo, Alvaro Javier. Posibles efectos en la salud asociados

con la metalurgia precolombina. Biomédica.

[online]. set. 2005, vol.25, no.3 [citado 30 Julho 2006], p.295-303. 

http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=

S0120-41572005000300004&lng=pt&nrm=iso>. ISSN 0120-4157

 

 

Posibles efectos en la salud asociados con la metalurgia precolombina. En el Viejo Mundo algunos investigadores piensan que los efectos adversos en la salud relacionados con la exposición a arsénico influyeron para que se cambiara de usar aleaciones de cobre con arsénico a otras menos tóxicas. En este artículo se evalúa esta hipótesis para las tres grandes tradiciones metalúrgicas precolombinas: Andes centrales, área intermedia y occidente mexicano. Los artefactos metálicos revelan que las concentraciones de arsénico en los Andes centrales fueron similares a las del Viejo Mundo (0,5% a 1%), en el área intermedia los valores eran muy inferiores, mientras en el occidente mexicano fueron muy superiores (7% a 25%). En los Andes centrales se observó inicialmente el uso de bronce arsenical, pero rápidamente se conocieron las aleaciones de cobre-estaño; estas últimas fueron cada vez más preferidas y difundidas por todo el imperio inca. Las evidencias, osteológicas y en objetos artísticos, de amputaciones de los pies entre individuos moches de los Andes centrales apoyan la idea de la presencia de la "enfermedad del pie negro" entre las poblaciones precolombinas. En conclusión, es posible que los efectos nocivos del arsénico se hayan observado en el Nuevo Mundo, y favorecido el cambio hacia aleaciones menos tóxicas. Se requieren nuevos estudios específicos para verificar esta hipótesis.

 

Los efectos adversos asociados con los humos arsenicales originados en las actividades metalúrgicas son reconocidos desde tiempos inmemoriales. Quizá, las primeras descripciones escritas explícitas se encuentran en De Re Metallica, donde Georgius Agricola menciona dos tipos de intoxicación por arsénico: una es la que ocasiona la llamada "enfermedad del pie negro" ( black foot disease) debida a la gangrena secundaria a los daños crónicos en los vasos sanguíneos periféricos, y la otra es la inflamación indolora de las extremidades asociada con la intoxicación aguda (1). Además, existen representaciones artísticas mucho más antiguas; no debe olvidarse que el dios griego del fuego y maestro de los armeros, Hefestus o Vulcano, es representado con un pie hacia abajo, adentro y rotado (similar a un pie equino varo) que se ha sugerido, recientemente, sea efecto del arsénico presente en las aleaciones por él manipuladas (2).

 

En 1987, Harper -recordando estos y otros efectospostuló una posible relación con la exposición a arsénico entre trabajadores metalúrgicos del Viejo Mundo, durante la denominada Edad del Bronce; también sugirió que estos efectos adversos pudieron ocasionar la búsqueda y el reemplazo por aleaciones menos tóxicas (3). De esta manera, cambió la percepción original de pensar que este tipo de enfermedades hicieron su aparición desde la Edad Media, y especialmente desde la Revolución Industrial, ampliando su posible ocurrencia hasta varios miles de años antes.

 

Sin embargo, debe recordarse que la aparición de las enfermedades es sólo una de las tres razones que la arqueología tiene para explicar el abandono de las aleaciones de bronce arsenical (Cu-As), y su reemplazo por las de cobre-estaño (Cu-Sn). Las otras dos razones son que el bronce estañoso es más fuerte y duro que el arsenical, y que la mezcla de cobre y arsénico ocurre naturalmente, mientras que la introducción del estaño debe ser deliberada (4-6).

 

Estos análisis, si bien son muy sugestivos, sin embargo, no son aplicables a las poblaciones del Nuevo Mundo debido a las diferencias que presentan los yacimientos naturales de metales, la organización de las sociedades prehispánicas que lograron tener una tradición metalúrgica, y los propios conocimientos sobre el manejo del metal. Ante esto, el objetivo propuesto para este trabajo fue analizar si la ocurrencia de efectos adversos en la salud asociados con la metalurgia era posible entre los pobladores de la América precolombina.

 

Para cumplir con tal fin, en un primer momento se revisan las características de las tres grandes tradiciones metalúrgicas prehispánicas, haciendo especial énfasis en las concentraciones de metales presentes en los artefactos encontrados, como una forma de aproximarse a la exposición a la que se sometieron los trabajadores metalúrgicos; posteriormente, se discute la posible ocurrencia de efectos nocivos a la luz de la evidencia actual disponible y, finalmente, se postulan los posibles impactos que pudo tener la presencia de enfermedades asociadas con la metalurgia en el perfil epidemiológico de las poblaciones precolombinas.

 

Grandes tradiciones metalúrgicas americanas

 

La aparición de la metalurgia trajo consigo grandes cambios en las sociedades de todo el mundo. El uso de los metales significó la posibilidad de realizar nuevas actividades, o facilitar las que ya realizaban (7); entre los ejemplos más notorios se encuentran los de Turquía y China, donde se han encontrado las evidencias de trabajo metalúrgico más antiguas conocidas que datan de alrededor de 7.000 a.C. y 5.000 a.C., respectivamente.

 

De manera similar a lo observado en el Viejo Mundo, el desarrollo de la metalurgia en América estuvo, de alguna manera, ligado a la disponibilidad de metales. En el Nuevo Mundo, por ejemplo, los pobladores de la región del Lago Superior, en América del Norte conocieron los metales (4.000 a.C. - 1.000 d.C.), principalmente el cobre nativo, aunque los reales centros metalúrgicos estuvieron en Suramérica y Mesoamérica (8). Estas grandes tradiciones metalúrgicas fueron: la de los Andes centrales, la de la llamada "área intermedia" y la del occidente mexicano.

 

 

Metalurgia Prehispanica y Salud

 

 

A continuación se resumen las principales características de cada una de ellas:

 

 

 

Metalurgia Prehispanica y Salud

 

 

Andes centrales. Las descripciones más antiguas de artefactos metálicos en esta zona datan del año 1.410 a 1.090 a.C., aproximadamente, y corresponden a objetos de cobre y oro martilladas encontradas en el valle Lurín, 25 km al sur de la capital peruana (9). Parece ser que la metalurgia se expandió desde esta región hacia el norte, hasta el sur de Colombia, y hacia el sur hasta Chile y Argentina. Si bien existieron varios grupos humanos que realizaban procesos metalúrgicos, entre todos sobresale la cultura moche (200 a.C.-800 d.C.) del norte peruano que se sabe innovaban frecuentemente en las técnicas de manufactura (10). En estas regiones se encuentran importantes yacimientos de metales, muchos de ellos con minerales arsenicales que favorecieron el amplio desarrollo metalúrgico (11). La aleación más frecuentemente usada fue la de cobre-arsénico y, para ello, usaron dos tipos de minerales: la enargita, encontrada únicamente en las altas cordilleras, y la arsenopirita que tenía una mayor distribución geográfica llegando, incluso, a algunos valles costeros (12).

 

Sin embargo, se utilizaron en la región muchas otras aleaciones. Por ejemplo, la aleación de cobreplata fue usada en Ecuador y por las culturas chimú y moche del norte peruano (10); también se usaron las aleaciones de cobre-oro-plata, oro-cobre y oroplata, entre otras. No obstante, debe resaltarse que en los estudios recientes se ha evidenciado que la cultura moche era una de las que mayores concentraciones de arsénico usaba si se le compara con otras culturas de los Andes centrales (13).

 

Además de haber usado ampliamente el martillado del metal en la manufactura, también se practicaron las uniones metalúrgicas y la fundición; la primera hace referencia al uso de calor para la unión de las piezas. La fundición se llevaba a cabo en hornos, de los cuales las descripciones más detalladas se han obtenido de los cronistas españoles; estos hornos o huairas estaban ubicados en lugares donde los vientos fueran fuertes, y eran de forma cilíndrica de 1 m de alto, aproximadamente, y un diámetro variable entre 0,5 y 1,0 m. Los objetos así hechos eran, principalmente, adornos y herramientas como láminas agrícolas, puntas de lanza y cinceles (11).

 

El manejo del color de los objetos fabricados fue de especial importancia en los Andes centrales; las técnicas más utilizadas fueron el plateado por reemplazo electroquímico, el dorado por oxidación y la pintura con cinabrio. No es de extrañar que los trabajadores metalúrgicos de la cultura moche, al norte del Perú, fueran quienes más destreza mostraran en las dos primeras.

 

En el plateado por reemplazo electroquímico, la plata se disuelve en una mezcla de sales corrosivas, previamente neutralizada con carbonato de sodio; en estas condiciones se presenta una reacción de óxido-reducción en la cual los iones del metal se depositan sobre el substrato, mientras parte del cobre se oxida y pasa a ser parte de la solución. Luego, el metal debía someterse a calentamiento para mejorar la adhesión del depósito al substrato y, posteriormente, ser pulido hasta lograr el brillo y el color buscado (14,15).

 

Por su parte, el dorado por oxidación ( mise-encouleur) consiste en el calentamiento de un objeto con oro hasta que se oxida; de esta manera, se produce una película superficial de óxido cuproso que, luego, es retirada por medio de ácidos de jugos vegetales. Al limpiar el óxido de cobre la superficie queda recubierta de una capa de oro tanto más gruesa cuanto más se repite el procedimiento, logrando un color más dorado (16).

 

El uso del cinabrio para pintar los metales es uno de los rasgos más característicos de la cultura sicán (700-900 d.C. a 1.470-1.533 d.C.) que se ubicó en la costa septentrional peruana (17). El cinabrio es sulfuro de mercurio, y brinda colores que varían entre el canela y el rojo escarlata. Los efectos adversos en la salud humana asociados con el mercurio son ampliamente conocidos, y han llamado especial atención en varios países latinoamericanos donde se extrae oro de aluvión en la actualidad (18,19), pero debido a que en los periodos prehispánicos no fue ampliamente usado no se revisa en este artículo.

 

El tiempo transcurrido entre empezar a usar aleaciones de cobre-arsénico y conocer las aleaciones de cobre-estaño fue relativamente corto si se compara con lo ocurrido en el Viejo Mundo; sólo unos 150 años pasaron, entre los años 850 y 1.000 d.C., aproximadamente, para observar objetos de cobre-estaño. Su uso se diseminó ampliamente después con la expansión inca desde el centro de Chile hasta el norte de Ecuador, pese a que se siguieron usando las aleaciones con bajas concentraciones de arsénico (entre 0,5% y 1%) para mejorar las propiedades de dureza entre 10% y 30% (6).

 

Los experimentos con los que se han replicado las prácticas metalúrgicas prehispánicas han demostrado que se puede usar arsénico, con lo cual disminuye notablemente el problema de emisiones potencialmente nocivas para la salud, si se funden en hornos minerales con óxido de cobre junto con minerales con sulfato arsenical ferroso (20).

 

Área intermedia. La imponencia de los vestigios arqueológicos de los aztecas y los mayas en Mesoamérica y los incas en los Andes suramericanos, durante mucho tiempo hicieron que los arqueólogos vieran con relativo desprecio a las sociedades que habitaron en las regiones que están entres estas dos, denominándola por eso simplemente como "área intermedia".

 

Sin embargo, los hallazgos hechos en las últimas décadas cada vez ratifican más que el menor desarrollo de sus ciudades y templos respondía a otras concepciones del poder, menos jerárquicas (21), y no por ser culturas inferiores. Dentro de esta zona se encuentra la denominada "baja Centroamérica" que, para algunos arqueólogos, debería estudiarse de manera independiente (22). No obstante, para los objetivos del presente trabajo se consideran como una sola región dada las similares características de la metalurgia.

 

De acuerdo con el análisis de carbono 14 realizado en núcleos de carbón, arcilla y otros materiales asociados a piezas de oro de la cultura sinú y quimbaya que poblaron algunas regiones del norte de la actual Colombia, la metalurgia del área intermedia se inició alrededor del siglo X a.C. y, de allí, se difundió a Centroamérica, las Antillas y Ecuador (23). Esto ocurrió mucho antes que apareciera la metalurgia en Puerto Rico, datada hacia el 100 a.C., previamente considerada como la más antigua con aleaciones de oro y cobre de América (24). Esta tradición metalúrgica tuvo como principales características el uso de la "tumbaga" como su principal aleación, el tener como técnica básica la fundición a la cera perdida, y el utilizar el método de dorado por oxidación para darle color a los objetos.

 

Si bien la aleación más usada fue la tumbaga, mezcla de oro y cobre, esta tradición también usó -aunque en menor cantidad- la plata y el platino, lo cual está relacionado con los importantes yacimientos de oro, cobre, plata y platino que existen en esta región (25). De acuerdo con los análisis realizados, parece existir una tendencia con el paso del tiempo a disminuir el contenido de oro de la tumbaga (23).

 

En relación con las concentraciones de arsénico, que resulta ser el metaloide que puede haber ocasionado problemas de salud en los Andes centrales, los análisis de muestras del área intermedia muestran concentraciones bajas (26).

 

El proceso para obtener un objeto de oro mediante el método de la "cera perdida" empezaba con la fabricación de un modelo en cera, obtenida de panales de abejas, que luego era recubierto con arcilla. Luego, el oro de aluvión líquido, después de ser fundido en pequeños crisoles colocados dentro de hornillas de cerámica refractaria, era vertido dentro del molde desplazando poco a poco la cera y asumiendo la forma dada previamente a ésta (27).

 

No hay evidencias arqueológicas contundentes de cómo eran los hornos utilizados por los trabajadores metalúrgicos del área intermedia; sin embargo, se ha descrito un recipiente de cerámica abierto en las partes superior e inferior que cuenta con una partición interna abierta por dos ventanas, proveniente de la cultura quimbaya del suroeste colombiano, que tiene las características necesarias para soportar el calor requerido en las labores metalúrgicas (28). El manejo del color mediante el dorado por oxidación presentó algunas diferencias entre los trabajadores metalúrgicos de la zona; en Panamá parece que la película superficial de óxido cuproso era disuelta por el ácido de carbonato de amonio presente en la orina (16), mientras que en Colombia se usaron ácidos provenientes de vegetales (23).

 

Occidente mexicano. En los lugares donde se ubicaron los grandes centros urbanos mesoamericanos como Teotihuacán, Monte Albán y los de la cultura maya, no hubo desarrollo de la metalurgia hasta antes del periodo postclásico (900 d.C.-1.521 d.C.). Sin embargo, en el occidente mexicano, que comprende los actuales estados de Jalisco, Michoacán, Nayarit, Colima, sur de Sinaloa, norte de Guerrero y partes del Estado de México, hubo un foco metalúrgico que heredó los desarrollos de los Andes centrales y el área intermedia por vía marítima, dado que no hay continuidad de vestigios por vía terrestre (29); del Ecuador aprendió el martillado y posterior recocido de los metales, y del área intermedia, el método de la cera perdida. En esta región abunda el cobre en forma de calcopirita, aunque también se presenta como malaquita, azurita y bornita, y el arsénico como arsenopirita; también hay yacimientos importantes de plata junto con latón, zinc y oro (30). De especial interés para el tema de este trabajo es la ausencia casi total de estaño, lo que impidió que se manufacturaran grandes cantidades de objetos de bronce estañoso.

Los objetos más frecuentes en el occidente mexicano son los cascabeles, usados como parte del atuendo en ritos y danzas; también se encuentran agujas de coser, argollas para sostener el cabello, pinzas para depilación, hachas y cinceles (31). Las concentraciones de arsénico encontradas en los cascabeles, en general, varían entre 7% y 25%. Estas cantidades del metaloide están relacionadas con el color y el sonido que se querían obtener. Con muy altas concentraciones de arsénico se obtenía plateado, y con menos, dorado; así mismo, el uso de aleaciones facilitaba el manejo del metal lo cual permitía que el tamaño aumentara y las formas variaran, de manera que los sonidos eran más diversos al lograr diferencias en el volumen de las cámaras de resonancia y el tamaño de la abertura de la base (31).

 

Posibles efectos en la salud asociados con la metalurgia precolombina

 

 

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