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Metalurgia Prehispánica - 1/4
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Metalurgia Prehispánica

 

 

Autor: Álvaro Higueras Ph.D.

Fuente: www.tiwanakuarcheo.net/13_handicrafts/metalurgia.html 

 

 

Ensayos sobre las técnicas artesanales PreHispánicas

en los Andes: Cerámica, Metalurgia y Textiles.

 

Nota: Estos ensayos son versiones que considero hoy como "en borrador" y desactualizadas pues no consideran la literatura de los últimos seis a ocho años. Me refiero tanto a la literatura sobre análisis específicos de materiales, como a novedades en la reconstrucción de la organización política de las sociedades prehispánicas -reconstrucciones que en muchos casos están relacionadas con nuevas aproximaciones al análisis espacial y cronológico de los artefactos y sus estilos. Sin duda, los recientes avances en la interpretación de la sociedad Moche y el análisis de metales de la sociedad Sicán son el mejor ejemplo de este patrón (e implican deficiencias de lo que se pueda mencionar aquí sobre la sociedad Moche y su formación política.)

 


Introducción

Los metales como el oro, la plata, y el cobre son minerales con conjuntos químicos homogéneos y cristalinos sólidos que resultan de procesos geológicos. Cada metal tiene diferentes propiedades: maleabilidad, conductividad, ductibilidad, densidad, opacidad, y dureza variable. Los metales se hallan en estado sólido (excepto el mercurio) y tienen una apariencia opaca, que cambia a lustrosa cuando se quiebra al extraerse. Los metales se convierten en un material maniobrable cuando son sometidos a altas temperaturas. Ello puede se logrado, por un lado, por la fricción del simple martillado, y por otro, al someterlo a la fundición con el uso de carbón y fuego. Este proceso de fundición permite asimismo separar las partículas de metal puro de otros elementos (roca) que componen el mineral extraído de la roca.

El uso y conocimiento de las propiedades de los metales se inicia durante el Periodo Formativo (ca. 1200 A.C.) con la fabricación de artefactos de oro. Se usó la técnica del martillado, la más simple en el repertorio de las tecnologías metalúrgicas que permite trabajar oro, un metal altamente maleable. Con esta técnica se inicia un rápido desarrollo de la tecnología metalúrgica en los Andes Centrales que culminará, en la era prehispánica, con los logros técnicos de los metalurgos Chimu e Inka. En el perdió Colonial la metalurgia de la plata alcanzará alta complejidad y técnica, pero ello no es tratado en este trabajo. 

En el desarrollo de las técnicas metalúrgicas y el uso del metal en los Andes Centrales se ha podido establecer dos regiones que sobresalieron por sus innovaciones técnicas: la costa norte de los Andes Centrales en la región de Vicús y de Lambayeque), y la región del altiplano que comprende la cuenca del Titicaca, Noroeste argentino, y norte de Chile. Entre estas regiones existieron otros focos culturales que, sin embargo, demuestran menos continuidad local y rasgos foráneos, como la región de Ica.

Recursos minerales

En Figura 1 se presenta el mapa de los Andes Centrales con la ubicación de recursos de los principales metales trabajados durante el periodo prehispánico (oro, cobre, plata, estaño, arsénico). Así mismo hemos ubicado en el las principales minas que posiblemente fueron explotadas en ese periodo. En la ubicación de minas antiguas se presentan dos problemas: las minas eran muchas veces muy estrechas y pequeñas haciendo difícil su ubicación, y la explotación hispánica de minas antiguas borró todo vestigio anterior. En el caso de las minas de Cerro Blanco (Lambayeque), su uso temprano ha sido corroborado par su asociación con una zona de fundición de metales (ver 3.7). En Atacama se halló un minero prehispánico petrificado en un socavón de mina cuprífera; son algunas evidencias de la explotación intensa de las minas del periodo prehispánico.

Transformación del metal

El proceso de fundición y transformación de mineral ha sido reconstruido en el Cerro Huaringas en Batán Grande, Lambayeque (3.7). Este proceso se ..., después de la reconstrucción hipotética deducida de los datos arqueológicos. Las otras referencias se restringen a información etnohistórica con la mención de las "guairas", hornos cónicos con muchas aberturas, para fundir el mineral, cuyo uso se popularizó (y probablemente se inició) durante la colonia. 

Aleaciones

Los aleaciones metálicas resultaron de la continua experimentación de las propiedades minerales. Es un técnica metalúrgica más compleja hecha con propósitos muy específicos. En el caso del cobre, este se mezcló con estaño en la zona sur para obtener el bronce, y con arsénico en la zona norte. Si bien el mineral de cobra contiene trazas de arsénico, logrando una "aleación" no intencional, en el caso de la fundición en Batan Grande, el arsénico fue añadido expresamente. Ambas aleaciones resultaron en bronce, un metal mas sólido, aunque hoy solo se usa la primera de ellas.

Las aleaciones también se hicieron pera variar el aspecto externo de los metales: el tumbaga, aleación de oro (±10%) y cobre podía adquirir una superficie dorada mediante el proceso de (1) dorado por eliminación (llamado también enriquecimiento superficial o también "mise en couleur") y el enchapado por sustitución electrolítica. Similares combinaciones de cobre y plata permitió las superficies plateadas. Otra propiedad que tenia el tumbaga era bajar el punto de fusión (de liquidificación) de ambos metales. Otros dos metodos son: el dorado al fuego (no se ha comprabado con certeza su uso en los Andes), donde una pieza, de cobre u otro metal, se bañaba en oro disuelto con mercurio y se calentaba luego al fuego eliminando el mercurio y dejando una fina capa uniforme de oro; y el enchapado que consistía en colocar finas láminas de oro sobre el objeto sin martillarlas o calentarla; es un método difícil de identificar.

El método de dorado por eliminación consistía en someter la lámina de tumbaga a un proceso de baños en ácidos amoniacales para lograra la oxidación del cobre. Se sumerge la lámina en un la solución y luego se martillea la lámina en el yunque generando la acumulación del oro y la plata en la superficie y el cobre oxidado se concentra en el núcleo de la pieza. Igual procedimiento se empleó para el plateado.

Este método por eliminación se usa a gran escala a partir de la culture Sicán/Lambayeque y luego en Chimú.

En el sitio de Loma Negra, en la zona de Vicús, las piezas de estilo Moche usaron el dorado enchapado por sustitución electroquímica logrando que ambos metales, cobre en el núcleo y oro o plata en la superficie se adhieran perfectamente (ver 3.4).

Se han identificado, a parte de los dos tipos de bronce y el tumbaga y el cobra y plata, aleaciones de oro y plata, oro y platino, plata y estaño, cobre y plomo y otros. Estas aleaciones son identificables en un espectroscopio aunque en algunas piezas con superficie dorada con oxidación se puede deducir el uso de la aleación con cobre y de alguna técnica de dorado.

Las técnicas de trabajo del metal

Describiremos las técnicas que ejecutan para dar forma al metal, decorarlo y unir sus partes para conseguir el objeto final.

Técnicas para la forma

El laminado es la técnica básica y más temprana en la orfebrería andina. La obtención de láminas de metal muy finas es el resultado del trabajo de martillado con un percutor, piedra o hueso según la etapa de la labor, sobre una piedra plana como yunque. No existen en las láminas, de hasta menos de un centésimo de milímetro de ancho, huellas del martillado, por lo que se piensa que algún instrumento se "mecía" sobre la lámina para concluir el martillado, dejando láminas muy regulares. La lámina fabricada era constantemente templada al fuego (o recalentada) para evitar que, se rajara con la presión del martillado. Recordemos que también se martilla la lámina de tumbaga que se dora por enriquecimiento; en este caso las huellas tampoco existen.

Con esta técnica, obteniendo una lámina con el grosor deseado, empezaba el trabajo de formación. La lámina se formaba con el recortado. El instrumento usado para cortar la pieza era importante para el borde: cuanto mas duro fuera el instrumento (cincel) mas regular resultaba el borde. El borde era, en piezas con lámina gruesa (1 mm.), martillado para lograr un borde recto y sin asperezas.

Dos técnicas explican la confección de las copas y los vasos. En un primer caso, el recopado es la técnica donde una sola lámina se amolda a un alma o a una pareja de moldes de madera con la decoración en relieve tallada, martillando las paredes para que la lamina se forme (p.e. P#3350;). Es una técnica usada exclusivamente con oro y plata, que por sus cualidades permiten un fácil amoldamiento. Para obtener una copa por otro método se usa el traslapado, que es la unión de los bordes de la misma lamina: se hacen pequeños cortes perpendiculares en los bordes y se introducen uno sobre otro, para soldar o unir al martillo, resultando una unión poco perceptible. Mediante el encajado se introduce el fondo circular a presión, cuyos bordes tienen un doblez para encajar en el orificio inferior del vaso.

Finalmente, la técnica de vaciado, con uso de moldes de cerámica (hechos a partir de un positivo de cerámica), permitía hacer en una sola pieza un objeto de metal. Formas mas simples como cinceles (puntas de cobre) y porras pueden haber sido hechas en un molde abierto.

Los cronistas (de Mesoamérica) se refieren a la técnica de la cera perdida, que explica la técnica de piezas mas complejas; en realidad, esta forma no deja restos tangibles pues los moldes deben ser quebrados para recuperar la pieza. Las piezas pueden ser huecas o no. Esta técnica compleja consistía (1) en preparar una mezcla de arcilla y carbón molido, creando la forma deseada, que se seca al sol. Luego, (2) se aplicaba una capa de cera sobre la pieza sobre la cual se graban los detalles decorativos; enseguida (3) se aplicaba otra capa de arcilla y carbón; (4) para sostener la pieza dentro del molde introducían unas espinas, dejando huecos en las pieza vaciada. Luego (5) se calentaba el molde para derretir la cera y dejar el espacio para introducir el metal fundido. Al enfriarse (6) se rompía el molde superior y luego se quebraba la pieza para sacar el interior; cada pieza era un objeto original. Otras piezas, que no son huecas, pueden ser hechas con mayor facilidad, siguiendo los principios de esta técnica. No se esta seguros de utilización de esta técnica en los Andes; sin embargo, algunos investigadores dicen que es la única forma de lograr los complejos detalles de ciertas piezas.

Técnicas para la decoración

Las técnicas de decorar la superficie de la pieza son: el calado, el repujado, el embutido, el cincelado, el grabado, y la incrustación.

Una variante del recortado es el calado: consiste en cortar con cincel en el espacio interno de la lámina dejando "ventanas" que se adecuen a la decoración deseada.

El repujado consiste en trazar incisiones cóncavas con un buril de punta roma por ambos lados de la lamina, anverso y reverso.

El embutido es la técnica con la cual se da concavidad o convexidad a zonas de la lamina, golpeando con el percutor sobre un molde que puede reproducir en piedra o cerámica rasgos como la mascara: es el caso de las mascaras Vicús y Moche.

El cincelado consiste en lograr crear dos planos decorativos a una lamina cincelando a ambos lados de la lamina, en placas.

Con el grabado se decora con incisiones finas la superficie con un buril (P#3410), instrumento de punta muy aguda y dura. Se llama satinado a una variante del grabado, que consiste en la decoración de líneas cuadriculadas fines en el fondo del diseño de la pieza.

Sólo durante el periodo Inca se uso la incrustación o el engastado de un metal en otro; se dejaban zonas en el molde que luego eran incrustadas con otro metal.

Técnicas para uniones

Las técnicas para unir partes de las piezas se dividen en uniones mecánicas y químicas (soldaduras).

A. Las técnicas de unión mecánicas se resumen en el engarzado ("cosido"), doblado, el remachado, la unión superpuesta y el engrapado; además del traslapado y encajado ya mencionados en la confección de vasos y copas.

El engarzado consiste en pasar una lámina muy estrecha y plana entre los agujeros calados en las dos piezas a ser unidas (nariz de P#3356). El doblado consiste en introducir una lengüeta, formada en la pieza a aplicar, en una ranura calada en la lámina; la lengüeta se dobla en el reverso. El remachado consiste en unir dos láminas con tachuelas que lucen son martilladas en el reverso (P# 3334).

El engrapado se logra con cables delgados, de corte usualmente rectangular, resultado del trefilado. El trefilado consiste en lograr un cable delgado de metal para hacer las grapas que sujetan adornos en una placa (P#3301), unir láminas de una pieza (P# 3354) o hacer decoración con alambres. No hay evidencias claras de que se haya dominado la filigrana para hacer diseños aplicados a piezas mayores (se llama falsa filigrana en la metalurgia de Colombia pues la decoración de los hilos está incluida en el molde de vaciado). Para usar estas grapas se necesita parejas de agujeros en las lámina a unir (ver las piezas P#3359—3361: están cubiertas de parejas de agujeros para los adornos-pendientes).

Las uniones químicas

La primera técnica de soldado es llamada soldado por sudado (welding) o "autógena", consiste en la fusión de dos o más pedazos de metal aplicando calor a los puntos de unión, sin uso de otro elemento para unir las láminas.

La segunda técnica, la soldadura (soldering), implica el uso de una tercera sustancia para unir las partes de una pieza. Esta sustancia puede ser de un metal similar al de la pieza, otro metal o aleación metálica con punto de fusión bajo (que se funde a baja temperatura). Pueden ser usados también productos orgánicos como el método descrito por Root. Hay evidencias de sopletes que ayudaban a realizar la soldadura.

En la unión superpuesta o fraguada es el martilleo sobre las zonas a unir que genera la fusión al calentarse las partes. Un ejemplo de esta técnica es la unión de la lámina de plata y la lámina de oro de la nariguera Nasca (#3305).

Un método algo diferente a los descritos es el exudado: la unión de partes se hace dentro del molde, para no deformar el objeto por el calor.

El método descrito por Root fue identificado en la unión de las bolas de oro de orejeras y tocados de tumi de Sicán/Lambayeque; y en la unión de las semiesferas de collares Chimu. La unión se hacia con una mezcla de resina vegetal y sales de cobre en polvo aplicada a las superficies por soldar y sostenidas para secar. Luego era calentada lentamente hasta que la resina se derritiera y el polvo de cobre se convertía en cobre metálico. El cobre se combinaba con el oro para formar una aleación que une a los bordes que en estado frío era resistente y fuerte. Como era sólo una pequeña cantidad de cobre frente a una mayor proporción de oro el color y la composición de la soldadura eran dorados. Analizo cuentas esféricas de Moche; algunas estaban bien unidas, otras tenían la soldadura ennegrecida como si no hubieran sido calentados lo suficiente como para reducir el oxido de cobre.

Contextos arqueológicos del metal y su significado cultural

La confección de objetos de metal no se limita sólo a artículos suntuarios. Su uso en herramientas de uso cotidiano (por ejemplo, la taclla para la agricultura, hachas, y cuchillos) era también un rubro importante de la producción. Sabemos esto porque en los diferentes tipos de tumbas se ha documentado una variación en el conjunto de objetos que corresponde, sin duda, al rango social (ocurre igual con las demás ofrendas).

Los metales son elementos constantes en los entierros de algunas culturas, y lo son también en los lugares del cuerpo donde se colocan. De los entierros de la cultura Moche, se ha concluido que distintas piezas se colocan en ciertas partes del cuerpo: discos de cobre sobre la cara, discos o tubos de cobre en la boca; tubos, láminas rectangulares o agujas de cobre en los codos, rodillas y manos; placas rectangulares en los pies.

En entierros más importantes, como los de Batan Grande, donde se saqueo muchas piezas de oro, un detalle de las máscaras, sobretodo, llamo la atención de los investigadores (ver 3.8); el cobre dorado o el oro puro de la máscara era tapado por una profusa decoración pintada, adornos de metal y plumas.

Se piensa también que a partir del periodo Sicán/Lambayeque el cobre en forma de "naipes" pudo haber adquirido un valor de cambio en transacciones con la zona norte del Guayas (ver 3.7).

La importancia del metal se vio también incrementada durante el periodo Inca donde la leyenda contaba que los tres estratos de población existentes: Collana, Payan y Cayao, de arriba a abajo, estaban asociados al oro, la plata y el cobre, respectivamente.

Los orígenes de la metalurgia

Antes del descubrimiento de un entierro con fragmentos de metal en el sitio de Muyu Moqo, Andahuaylas, fechado en 1500 AC, y con cerámica, se pensaba que el primer uso del metal lo hicieron pobladores del Periodo Formativo de la costa norte. En este entierro se encontró nueve escamas de oro, finamente martilladas, con cuentas de lápiz lazuli entre las manos del difunto. En la boca tenía una cuenta de mayor tamaño con una lámina de oro doblada en la perforación de la cuenta. Los fragmentos son realmente pequeños (5 mm.) y la lámina tenía 41 mm. de largo; los instrumentos encontrados, tres martillos cilíndricos de piedra y un yunque, en unos tazones de piedra probaron que existió el trabajo de martillado del oro y quizás el templado para evitar rajar la lámina. Lo más interesante es notar que los tres martillos no eran de dureza similar: de basalto, de arenisca y de una especie de tiza: cada uno serviría para diferentes etapas del martillado.

La metalurgia del Periodo Formativo

El oro fue el metal que se uso en gran escala en periodos tempranos debido a su maleabilidad. Su estructura química pudo ser modificada por el tratamiento del martillado. Petersen menciona que el oro nativo es maleable y se presta para que se unan granos y pepitas de oro para formar láminas de gran tamaño. Debió ser necesario templar la lámina constantemente para evitar que se quiebre.

Existen en la C X piezas de este periodo de la costa sur (región de Ica) (P#3290 a 3296). En estas piezas se martillea el oro para lograr una lámina fina, esta se recorta para darle la forma deseada, con calado en algunos casos, y luego hay un repujado para crear los ojos y rasgos de peces y serpientes.

Las piezas del Formativo más conocidas provienen de la zona de Lambayeque del sitio de Chongoyape. Los objetos del sitio incluían coronas, láminas circulares, anillos, collares, narigueras, agujas y pinzas. Todas son de oro laminado, excepto dos de ellas que combinan el oro y la plata. La decoración se

hizo con embutido, repujado, incisiones y calado. En el caso de los collares S. Lothrop menciona también que aparecen cuentas o figurillas huecas, con partes soldadas por sudado.

De la misma región, se conoce también un grupo de 7 jaguares de oro que provienen del saqueo de entierros. Sin embargo, se duda de su filiación Formativa o del periodo Mochica pues estilísticamente son relacionados a piezas de ambos periodos; pero los datos de su tecnología los relaciones con piezas Moche. Se trata de doce piezas modeladas de oro laminado (martillado), de dos partes soldadas y, formando una figura hueca. La fusión de las partes se ejecutó colocando cerca a los bordes de las láminas a soldar una franja de oro, que calentada a baja temperatura (una variante del sudado según H. Lechtmann), pudiera unir, irregularmente, las dos láminas. Existen paralelos técnicos de esta unión metalúrgica en el valle de Moche y en Vicús (Moche I).

La metalurgia de la región de Vicús y la metalurgia Moche

La riqueza del desarrollo de la técnica y estilo de metales fue de excepcional ímpetu en la región de Vicús. Las piezas de metal no están exemptas del problema cronológico que muestra la cerámica: la relación entre el estilo Vicús local y piezas de estilo Moche I y II. Además el metal carece de una división estilística definida. Sin duda la falta de contextos intactos con metales han impedido un esclarecimiento del problema.

Podemos asumir hipotéticamente la interpretación de la cerámica, es decir que el estilo Vicús local y el estilo Moche son coetáneos. Es importante anotar que en el cementerio de Loma Negra predominan las piezas de estilo Moche; la procedencia de estilos podría estar agrupada en ciertos cementerios, indicando una diferenciación de poblaciones Vicús y Moche. A partir del descubrimiento de la tumba de Sipán, donde el metal tiene rasgos muy similares a los de Vicús, es posible que la secuencia cerámica no sea tal en el metal; existiría en la metalurgia Moche una continuidad estilística.

Las únicas piezas que pueden ser realmente Vicús local, por su estilo, son las piezas P#3374 y P#3377. Además existen también entre las piezas Moche y Vicús algunas diferencias de técnicas como por ejemplo en el dorado del cobre.

En la región de Piura se encuentran tres sitios que muestran piezas de metal de alta calidad: la zona de Cerro Vicús; la zona de Loma Negra, a unos 10 Km. de Vicús, y la zona de Frías.

Un caso excepcional en la metalurgia de la región lo constituye las piezas de Frías, en las que destaca la Venus de Frías, una pequeña estatuilla de placas de oro soldadas con ojos de platino. Son piezas del estilo Tumaco-La Tolita, de la zona norteña en la región del Alto Piura. Es una prueba aislada para interpretar contactos entre ambas regiones.

Las únicas piezas cuyo origen se conoce provienen de Loma Negra y han sido afiliadas al estilo Moche: sus piezas han sido publicadas y muchas de ellas sometidas a un análisis metalúrgico minucioso.

En este grupo Vicús-Moche existen varias innovaciones que se realizan en la técnica de las aleaciones metálicas. No se sabe de que manera esta tradición pudo estar ligada a las técnicas o estilo de la cultura Gallinazo, del Valle de Virú, que continua perfeccionando las técnicas del Formativo: se trabaja el cobre y quizás aparece la primera aleación de tumbaga, con técnicas de dorado y plateado. Después del Formativo se desarrolla la cultura Salinar, del Valle de Moche, que tiene poco uso del metal, con las técnicas ya conocidas en la región.

Visión general del arte y tecnología metalúrgica Moche

Haremos un comentario general de los varios grupos de piezas Moche, a partir de las observaciones de Julie Jones (1979), aplicadas a las piezas de la CR.

La gran mayoría de piezas de Loma Negra (alrededor de 550 identificadas) se hicieron con láminas de metal martillado y gran parte de ellas fueron sometidas al dorado o plateado, combinan el dorado y plateado y otras tienen superficie de oro plateado.

Las piezas están construidas de varias partes; con laminas recortadas unidas mecánicamente, en los tres metales utilizados, con la técnica de doblado (ranura/lengüeta). El análisis, realizado por Heather Lechtman, no determinó piezas soldadas o "sudadas" [mencionamos el problema cronológico de los jaguares de Lambayeque, dudando entre el Formativo y Moche. Como tienen soldado por sudor y esta técnica no existe en Vicús (piezas Moche I y II), quizás se trate de piezas Moche III, IV o V de la zona de Pampa Grande.]

La técnica de doblado se encuentra sobretodo en los casos de adornos de una máscara pequeña (en la P#3372 se ven las dos ranuras verticales para el adorno) o para insertar estas máscaras en el centro de los tocados (como en el caso de P#3431).

Un ejemplo más complejo de las uniones mecánicas de láminas de cobre se logró en la cabeza de zorro (P#3376: foto ..) donde las orejas son dobladas (insertadas) y la lengua es movible. En la barbilla y las orejas del animal se aplicaban adornos pendientes de pequeñas láminas circulares y trapezoidales.

La confección de las piezas comienza dando forma a las láminas recortándolas y luego formándolas con el embutido para crear piezas cóncavas o convexas. En el caso de las pequeñas máscaras quizás la lámina se martillaba sobre un molde de piedra o madera. Los rasgos de ojos, boca y cejas eran repujados. Los ojos y la boca se dejaban cóncavos para incrustar en ellos piedras o moluscos.

En el caso de dos máscaras más grandes (de oro, P#3289: foto ..; P#3369, de cobre dorado) los ojos no tenían decoración de piedras pues eran convexos, y variaba la composición de la lámina, con tocado y orejeras integradas o sólo orejeras.

Los tocados son placas colocadas sobre una vincha metálica para la cabeza; pueden ser una placa en V (P#3431), trapezoidal (P#3370), semicircular, en forma de brazos humanos o ser simplemente llanos. A estas placas se añaden detalles como una máscara que se coloca en el centro, y pendientes. La pequeña máscara tiene a su vez tocado, orejeras y narigueras decorativas, además de ojos incrustados. El ornamento puede también ser una lámina donde destaca una máscara embutida en el centro pero con decoración grabada y calad alrededor.

Cuando el ornamento central es más complejo se trata de representaciones animales: zorros o aves, armados de varias partes. La representación canina es importante en la metalurgia Moche. El ejemplo de P#3376 proviene seguramente de Vicús, par su similitud a otra pieza del lugar; se ha documentado una pieza similar proveniente de la Huaca de la Luna y otra, parte integrante de un tocado del ajuar del entierro del sacerdote de la Huaca de la Cruz en Virú.

En el tocado de cobre (P#3431: foto ..) la placa principal tiene forma de V con los diseños calados a cada lado; los brazos también forman parte del cuerpo. A el se le inserta la máscara y el tocado en el centro del tocado mayor.

Los pectorales y cinturón (P#3359, P#3360, P#3361) muestran la técnica para aplicar adornos—pendientes en la pieza con grapas largas. En la lámina recortada y en las láminas aplicadas se hacen parejas de huecos donde se inserta el cable y este se amarra al adorno. Igual técnica de decoración se aplicó en el tocado de cobre dorado (P#3358: foto ) con adornos circulares. Debe destacarse que esta pieza se fabricó de una sola lámina: una vincha ancha y "plumas" (laminas estrechas) recortadas en la parte frontal.

Los discos de cobre con líneas grabadas (P#3362; P#3363) tiene zonas que han sido pulidas en sentido opuesto resultando dorados distintos. Los discos son láminas perfectamente cortadas con un semi-círculo embutido en el centro.

Las piezas sonajeras (P#3379 y P#3380) de cobre son especialmente recurrentes en los entierros. Se trata de una lámina de cobre, primero embutida en los extremos con las semi-esferas y luego recortada simétricamente. Luego se dobla la lámina coincidiendo las esferas en las cuales se introduce pedazos de metal para que ella suene. En la parte superior, sobre la media luna de esferas tiene ganchos para ser colgados. Y tal como ocurrió en cerámica con el vaso acampanulado con base sonajera, en metal también se encuentran vasos de cobre, unidos por traslapado, con doble fondo para ser sonajera.

Destacan en el grupo de la C X los cuchillos pequeños de cobre (P#3399 a P#3406) de hoja semicircular. Son láminas recortadas con diseños calados y detalles grabados en el mango. La hoja del cuchillo y la decoración es ligeramente embutida, es decir un lado cóncavo.

Las narigueras de este grupo (P#3306 y P#3307) son especiales por su forma. Son confeccionadas con una estrecha lámina en forma circular con sus extremos adelgazados. La lámina ha sido martillada de tal forma de dejar un lomo agudo en la parte medial. Usualmente, las narigueras son una lámina recortada en forma circular o semicircular, llanas con pequeñas pinzas en la parte superior. La nariguera más compleja es aquella del Sacerdote Guerrero de Virú que representa un ave; es una lámina con mucho calado y con bordes dentados.

Esta colección carece de piezas como orejeras. Las orejeras son piezas esenciales en las representaciones de los personajes (en cerámica y metal). La orejera está formada por una lámina circular con reborde que servirá de base para un diseño en metal grabado o un mosaico de piedras y spondylus (Fig. ..) y una contratapa que encaja en ella. El tubo que se conecta a esta se hace de una lámina rectangular (unida por traslapado): un lado se tapa con una lámina circular que encaja y el otro con lengüetas se inserta en ranuras hechas en la contratapa. Los diseños en mosaico multicolor pueden ser variados: cérvidos, iguanas, patos y humanos con vestidos ceremoniales. En algunos casos se trata de una decoración tridimensional de un personaje mítico como en el caso de un par de orejeras de Sipán.

En el grupo de las piezas huecas (o tridimensionales), hechas de dos o más partes, están los jaguares de oro y cuatro piezas encontradas por Uhle en la Huaca del Sol. Las primeras fueron soldadas con un aditamento sudado y las segundas con una pasta de óxido de cobre, carbón y sal como fundente, también calentadas para unir ambas partes. Aditamentos a las figurillas pueden haber sido pegadas.

Los collares tienen cuentas huecas hechas de dos semi-esferas. Estas son formadas por dos placas embutidas, con diseños grabados o repujados en ambas caras y eran unidas encajando una con otra y luego repujando la unión, algunas de ellas son de sonaja.

Los cinceles (P#3390, P#3396, P#3397, P#3419) y bastones ceremoniales pueden tener representaciones muy complejas de escenas míticas, ceremoniales o animales en la cúpula (P#3417). Las porras de la C X (P#3382, P#3383, P#3384), puntas de estólica (P#3411) y cuchillos (P#3412, P#3420, P#3423, P#3424) son del mismo grupo de piezas vaciadas en un molde de arcilla o por cera perdida. Los cinceles y bastones son vaciados, escultura y hoja, en una sola pieza o serán unidas con una suerte de anillo bajo la cúpula de pieza. A la compleja pieza lograda se le añadían argollas para que hiciera también de sonaja.

El modelado de las figuras es hecho con precisión creando representaciones asombrosas. Las esculturas de las piezas de la C X tienen varios temas: cuatro guerreros con taparrabos, tocado y armas, llevan a un prisionero desnudo, con tocado turbante y soga al cuello (P#3382); cuatro monos escultóricos (P#3383); dos caras de felino (P#3384); un mono parado (P#3396); un guerrero sentado (P#3397); sobre una cabeza de felino, una plataforma de guerreros armados, separados por una pared escalonada (P#3411; foto ..); una estructura con un personaje sentado sosteniendo con una mano una planta de maíz y con la otra una copa, con una botella de asa estribo y un plato delante de él. Sobre la plataforma dos personajes similares sentados frente a frente (P#3417); guerrero con cara felínica armada y sentado (P#3419); dos guerreros sentado con cabezas trofeo en las manos (P#34323); guerrero parado con tocado semicircular con incrustaciones de concha, con

porra, escudo, orejeras, collar con incrustación de concha rosada, con una botella de asa estribo en la base!.

Finalmente, recordemos las piezas que tienen importancia fundamental en un entierro: las placas o rollos de oro, cobre dorado o cobre dispuestas en diversas partes del cuerpo: sobre la cara, sobre o en la boca, en los pies y las manos. Es una constante en todos los entierros de todo grado social tener algún objeto de cobre en la boca o en los miembros. En la cara predominan las piezas llanas, máscaras o tocados (circulares con o sin embutido, o trapezoidales como la P#3370).

Lógicamente, el ajuar variaba mucho según el rango. Podía tener en la mano agujas de cobre o cuentas de oro. El ajuar funerario en estas culturas es, sin duda, una evidencia palpable del rango social.

 

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